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Laura Restrepo: "La palabra 'monstruo' disculpa al asesino"

El caso de una niña de 7 años secuestrada, torturada, violada y asesinada en Bogotá conmovió a Colombia en el 2016. En "Los divinos", novela que presenta en la FIL Lima, la autora revela cómo se forma el culpable de un feminicidio

Laura Restrepo

"A veces, uno escribe con ganas de proteger, como si pudiéramos impedir que cosas como estas sucedan", dijo Laura Restrepo (Foto: El Comercio)

Domingo 4 de diciembre del 2016 por la mañana: Yuliana Andrea Samboní, de 7 años, jugaba en la puerta de su casa en el barrio Bosque Calderón, una invasión en la localidad de Chapinero, al norte de Bogotá. Doce horas más tarde fue encontrada muerta, con signos de tortura y violencia sexual. El principal sospechoso, Rafael Uribe Noguera, era un arquitecto de 38 años, miembro de una poderosa familia bogotana vinculada a la construcción. Desde el inicio alegó inocencia, pero descripciones de vecinos y cámaras de seguridad permitieron reunir las pistas y encontrar su camioneta. En marzo del año siguiente, tras enfrentar cargos por feminicidio agravado, secuestro simple, acceso carnal violento y tortura, Uribe Noguera fue condenado a 51 años y 10 meses de cárcel. Es la sentencia más alta que se haya dictado en Colombia por un caso de feminicidio.

Para una escritora como Laura Restrepo, cada proyecto de novela es como meterse a un pozo, sea el narcotráfico (“Leopardo al sol”, 1993), la prostitución (“La novia oscura”, 1999) o la locura (“Delirio”, 2004). Quizás “Los divinos”, novela presentada ayer en la Feria Internacional del Libro de Lima, inspirada en el asesinato de la pequeña Yuliana, sea el foso más oscuro elegido por la autora colombiana.

“Fue tal la indignación, la tristeza, la angustia que suscitó este crimen, que por meses en Colombia no se hablaba de otra cosa. No porque esto no suceda con una frecuencia atroz en nuestros países, sino porque era tal la desproporción entre la inocencia de la víctima y la prepotencia del victimario que hizo preguntarnos en qué clase de sociedad vivimos”, señala Restrepo.

Esta indignación la impulsó a escribir una novela donde profundizó en las causas del feminicidio, imaginando el caldo de cultivo para esta violencia: una fraternidad de jóvenes narcisistas, hedonistas chicos bien capaces de cubrirse hasta en el crimen más abyecto.

¿Escribiste “Los divinos” para entender cómo un hombre puede realizar un crimen tan terrible?
Nace de la indignación que una siente de niña. Tal vez un crimen como este puede parecer algo único, pero una mujer sabe que la raíz de esto es el permanente desprecio por las mujeres. Pasa por cosas chiquitas toleradas socialmente, como el mangoneo a la mamá, el menosprecio a la novia, la cosificación de la mujer. Lo sientes desde siempre. Y el crimen de esta niña es como llevar al extremo absoluto una corriente que llega desde muy atrás. Yo soy madre: pensar lo que esa chiquita había sufrido no me dejaba dormir. Y a veces uno escribe con ganas de proteger, como si pudiéramos impedir que cosas como estas sucedan. De golpe, descubrí que no necesitaba hacer una investigación de los hechos, sino más bien del lenguaje.

¿Es esa jerga masculina y bogotana la forma en que se expresa la violencia?
Lo único que yo podía entregarle al lector era el lenguaje de un personaje miembro de ese grupo, que está en el mismo clima social y psicológico del asesino. En su lenguaje tenía que estar la esencia del crimen. Esas palabras eran pivotes para desentrañar la mentalidad de esa gente.

En la novela, una de las causas para que los miembros del grupo no reaccionen ante la violencia es el miedo a dejar de pertenecer a ese grupo. ¿Disolvernos en una fraternidad motiva la violencia masculina?
Tiene mucho que ver. Es un impulso muy infantil. Por eso, en la novela era importante partir de la constitución del grupo cuando estos jóvenes están en el colegio. Finalmente, esta gente crece, se vuelven profesionales, pero en sus relaciones siguen siendo profundamente infantiles. La necesidad de identificarse con el grupo es clave. Me imagino que es algo atávico: allí está René Girard con su teoría del chivo expiatorio, en la que explica que lo que nos une es el poder machacar al más débil.

¿Eso caracteriza el comportamiento masculino?
Creo que sí. La necesidad de pertenecer es también femenina, desde luego, pero en las mujeres se expresa de otra manera. En los hombres la violencia es marca de pertenencia, inclusive entre ellos. Algo que me contaron y que me llamó mucho la atención fue que, entre la gente de Pablo Escobar, era normal que los capos violaran a los sicarios de menor rango. No era una señal de homosexualidad, sino una forma de imponer dominio.

Eres muy crítica cuando otros llaman monstruo al culpable de crímenes como este. ¿Por qué?
La palabra ‘monstruo’ lo saca del género humano, disculpa al asesino. Cuando todos hablaban del asesino como un monstruo, Carlos Valdés, director de Medicina Legal en Colombia, dijo: “No se hagan ilusiones, esto no lo hace un monstruo, esto lo hace un ser humano”. Utilizamos esta palabra para desligarnos. El francés Michel Tournier, quien ha retratado genialmente el mal en sus novelas, advierte que desde su etimología, la palabra ‘monstruo’ nos sorprende: viene de ‘mostrar’. Y pensé: si el asesino es lo que se muestra, yo quiero escribir una novela sobre lo que no se muestra. Lo que hay detrás, lo que le sirve como caldo de cultivo, aquello que deshumaniza a los humanos sin salir de lo cotidiano.

En la novela, el asesino es un brutal consumidor de pornografía. ¿Tiene esta un vínculo con la violencia?
Pues mira que tenía una relación dual con el asunto. Por un lado, era la salida fácil para decir: “Allí esta el culpable”. Como todo el mundo, la pornografía no me resulta una ciencia desconocida. Pero le pedí a mi hijo que me pasara los ‘sites’ más duros. Cosas que yo no haya explorado antes.

Celebro la confianza que tienes con tu hijo...
[Ríe]. Él me pasó muchos animes japoneses, que son una forma de deshumanizar y a la vez contar cosas que no podrías con personajes de carne y hueso. Por un lado, sentí el hastío tremendo al ver tal cantidad de carne, expuesta sin ningún misterio ni devoción. Pero al mismo tiempo, no podía ser tan moralista y decir que la pornografía tiene la culpa. Pero en este caso, asociar la pornografía con las fotos de una niña hacía que el crimen apareciera en toda su dimensión.

¿Crees que “Los divinos” es una novela de tesis sobre las causas de la violencia masculina?
No tiene ninguna tesis, solo hago preguntas. Desde el principio, la novela está dedicada a los hombres, al día en que ellos salgan a la par con las mujeres a manifestarse contra el feminicidio en las calles. Una cosa es que las mujeres tengan que estar a la vanguardia al ser víctimas de todo esto, y otra que esto sea un tema solo nuestro y que a los hombres haya que verlos con desconfianza. Sin olvidar la monstruosidad de este culpable, quería presentarlo como un problema general, del que todos formamos parte. Sobre cómo hemos ido generando una cultura del narcisismo en la que la capacidad para controlar tus apetencias se anula, algo que tiene que ver con el consumo. Y en la sexualidad, pasa lo mismo.

Al detalle

Título: “Los divinos”
Autor: Laura Restrepo
Editorial: Alfaguara
Páginas: 250
Lugar: Feria Internacional del Libro de Lima.
Dirección: parque Próceres, cuadra 17, Av. Salaverry, Jesús María.
23ª Feria Internacional del libro de Limafil 2018

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