“Microhistorias de cuarentena”. (Foto: Zoë Massey)
“Microhistorias de cuarentena”. (Foto: Zoë Massey)
Redacción EC

Respirar. Meditar. Sudar. Llorar. Fumar. Hacer nada. Hacer todo. Hacer una lista. Más días. Soledad. Ejercicios. Lecturas. Aplausos. Comer. Respirar. Fantasear. Caminar. Dormir. Limpiar. Lavar. Gritar. Bailar. Escribir. Chatear. Sextear. Tener miedo. Impaciencia. Descontrol. Cantar. Llorar sin razón. Extrañar. Zoom. Escuchar. Callar. Soltar. Más días. Hablar con la laptop. Despertar mientras la cifra de muertos sigue subiendo. Escribir ‘tengo miedo de morir’. Hablar con gente que aún respira. Respirar por quienes no pueden respirar. Respirar por quienes acaban de expirar.

En un cruce de caminos compuesto por el desconcierto, la desolación y la incertidumbre, un cortocircuito de ideas fue apoderándose de la mente de los habitantes más sensibles del planeta Tierra. Esas ideas, cruzadas y superpuestas, terminó configurando el rostro de los primeros días de un confinamiento que nos encontró a todos con la guardia baja. En cualquier caso, el oxígeno era la constante: “Por la mañana me distraigo con mi hijo jugando fulbito en la sala, recortando los animales de la costa, de la sierra y de la selva. Hoy recortamos los que viven dentro del mar. Esos me hicieron pensar: ¿cómo será no respirar por tanto tiempo dentro del agua sin la muerte a cuestas?”.

Eso lo escribió la artista plástica Cecilia Jurado en Pueblo Libre. Carlo Brescia, mirando el mar de Lima, arma un ramillete de tres hojas de coca e invoca a las huacas, apus y demás seres tutelares. Luego sopla el kintu tres veces para que no sigamos agrediendo a la naturaleza. “Me muero de ganas de salir a correr al campo y, como todo el día llevo mascarilla, soy un pez en un estanque, ahogándome”, escribe Abel Antón desde algún lugar de España. Cecilia Paredes vive al lado de la puerta de emergencia del hospital de la Universidad de Pennsylvania y se pasa el día mirando la llegada de ambulancias y el aterrizaje de helicópteros transportando la cruel verdad del covid-19.

Silenciosa cartonera

“Fue una madrugada de mayo del 2020 cuando se me ocurrió que era la primera vez que todo el mundo pasaba por lo mismo. Que compartíamos no solo memes sino miedos, incertidumbres, lutos y ansiedades. Todos estábamos en cuarentena, aislados de quienes amamos y sin poder abrazarnos. Pensé entonces hacer una recolección de cuentos, me encanta el formato de la micro narración. Y pensando en el asunto de la publicación, opté por un tipo de libro que me encanta, el cartonero, el hecho a mano. Durante un año entero he venido puliendo la idea, aprendiendo cosas del mundo cartonero hasta que finalmente es una realidad”.

Lo dice Zoë Massey, fotógrafa dedicada a tiempo completo a las artes plásticas y medioambientales. Y en su calidad de directora de la Asociación Civil Colectivo Zamba Canuta con sede en playa El Silencio, Punta Hermosa, ejerce el activismo artístico. Ese que la llevó a extender sendas cartas de invitación a connotados escritores, periodistas, pintores y otros seres cuya sensibilidad alimente el soñado libro. Así, poco a poco fueron aterrizando en su bandeja los 70 microcuentos de 100 palabras cada uno que terminarían alternando con 12 ilustraciones sobre el mismo asunto: la reclusión impuesta, el aire que nos falta y la negra incertidumbre como telón de fondo.

Zoë Massey, fotógrafa dedicada a tiempo completo a las artes plásticas y medioambientales. (Foto: Zoë Massey)
Zoë Massey, fotógrafa dedicada a tiempo completo a las artes plásticas y medioambientales. (Foto: Zoë Massey)

“Las ventas de este libro van a financiar los talleres y actividades de la asociación civil de arte y educación por el medioambiente. En esto hay mucho corazón porque no se trata de un libro común, es un libro cartonero hecho 100% a mano. Es decir, impreso, armado, cosido, pegado y pintado con mis manos. Hasta que finalmente el primer ejemplar sale a la venta para que estas microhistorias lleguen a muchas otras manos y vea la luz ‘El Silencio Cartonera’, editorial artesanal que trabaja con las familias de recursos limitados de la zona y que, como imaginarán, se ha visto golpeado y en pausa desde que inició la pandemia”. Alas y buen viento, entonces.

Más información

Presentación: Zoom, jueves 20 de mayo.

Hora y código de ingreso: El Silencio Cartonera (Instagram), Colectivo Zamba Canuta (Facebook).

(Foto: Zoë Massey)
(Foto: Zoë Massey)

Maneras de contar esta cuarentena :

-En días .

-En almuerzos juntos .

-En juegos .

-En zooms .

-En desinfectadas de manos .

-En mensajes presidenc iales .

-En número de platos lavados .

-En pelos que bota mi perro .

-En películas vistas en Netflix.

-En panes horneados .

-En noticias horrendas .

-En lágrimas .

-En muertos .

Claudia Castillo

(Foto: Zoë Massey)
(Foto: Zoë Massey)

La cuarentena nos cayó un viernes 13 .

Aprendí a cocinar por necesidad y repostería para

amenizar el día . Me conve rtí en profesora para mi hijo .

Sembramos girasoles, armamos campamentos, jugamos con

legos y somos felices con los pequeños momentos . Pero

confieso que a veces la realidad me golpea de pronto y

lloro . Un día, al no poder coser una máscara para mi hijo,

se me salieron las lágrimas, al verme, m i hijo me dijo : “No

te preocupes mamá si no puedes coser una máscara para mí,

yo no necesito salir, tengo todo lo que necesito aquí.”

CZ - EEUU

(Foto: Zoë Massey)
(Foto: Zoë Massey)

Distancias

Un hombre abraza a una mujer en el departamento del

enfrente. Él, despega los labios del cuello de ella y

levanta la m irada; sus ojos incrédulos me atraviesan, los

veo a través de los binoculares que sostengo . La suelta

con un brusco ademán y se pierde en el fondo del

departamento; ella, se tapa y lo sigue. Tres minutos más

tarde, la muje r, ya vestida, cruza la pista, a trompicones .

Dejo los prismáticos, al lado de la billetera que había

olvidado y me hizo regresar a casa . Las manos me sudan .

Me pongo los guantes y la mascarilla; camino hacia la

puerta para recibirla : la mujer que cruza la calle es m i

esposa .

Gabriel Gargurevich

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