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"A 'Un mundo para Julius' le guardo un cariño especial"

Conversamos con la escritora española María Dueñas sobre su tercera novela, “La templanza” (Planeta)

A 'Un mundo para Julius' le guardo un cariño especial

A 'Un mundo para Julius' le guardo un cariño especial

No fue un viaje cualquiera el que hizo María Dueñas a Lima para la FIL 2016. La famosa escritora española –con más de 1.5 millones de libros vendidos—recordaba la capital peruana gracias a diversas lecturas, por ejemplo aquella de “Un mundo para Julius”, la más célebre novela de Alfredo Bryce Echenique.

“Lo leí cuando tenía 17 o 18 años. Es un libro entrañable, ácido y enternecedor. Es uno de los libros cuyo recuerdo he conservado a lo largo de los años con un cariño especial”, dice en esta entrevista con “El Comercio” a propósito de la presentación de su tercera novela, “La templanza”.

Tras dos décadas como profesora universitaria, Dueñas irrumpió en la literatura de habla hispana con “El tiempo entre costuras” (2009), novela adaptada a 27 idiomas, con más 38 ediciones y  posteriormente adaptada con igual éxito a la televisión. Luego vendría “Misión Olvido” (2012) y algo más recientemente “La templanza”, el libro más vendido en España durante el año 2015 y del que  ya se trabaja una adaptación a la televisión.

En su tercera novela, la autora nacida en Puertollano en 1964 cuenta la historia de un hombre (Mauro Larrea) ligado al poder y el dinero que intempestivamente lo pierde todo. Sin embargo, en el medio aparece una mujer (Soledad Montalvo) perturbadora y cautivante que le cambiará la vida para siempre. "La templanza" es, además, un interesante recorrido histórico por espacios diametralmente distintos: La Habana colonial, Jerez y México.

-Has vendido varias decenas de miles de libros en España y en varios otros países. ¿Sigues escribiendo lo que le apetece o lo que el público pide?

Yo sigo escribiendo lo que me gusta y apetece. Primero debe seducirme el proyecto. No me sentiría capaz de embarcarme en una aventura de dos años, que es lo que me toma un libro, sino me sintiera con gusto y libertad de movimiento. Busco hacer cómplices a los lectores, llevarlos a mi terreno, cautivarlos con lo que me gusta. Pero las decisiones sobre lo que escribo las sigo tomando yo.

Has dicho que a “El tiempo entre costuras” la unió su vinculación con Marruecos, que a “Misión olvido” la une su propia experiencia, ¿cuál es el vínculo con “La templanza”?

Con esta novela quise volver a Jerez, una ciudad al sur de España vinculada al mundo del vino prácticamente desde la edad media. Siempre me interesó el proceso de producir vino, comercializarlo y exportarlo. Ahí (en Jerez) se dio la llegada de muchos extranjeros. Y gracias a esa fusión de distintas nacionalidades es que la zona tuvo un carácter particularmente propio. Y sentí que esto no estaba muy tratado en la narrativa española contemporánea.

En la novela está el vino de Jerez pero también la minería de México. ¿Cuán distinta era la minería en ese país durante la época en que se desarrolla “La templanza”?

Era mucho más artesanal, sacrificada y peligrosa. Quise mostrar esa doble vertiente de lo que se produce encima de la tierra (la uva) y también lo que hay abajo (la minería). Además tengo una conexión con el mundo de la minería, no de plata sino de carbón, por mi familia. Si bien ese es un tipo de minería mucho más humilde, podría decirse que tuve cierto conocimiento de lo que es la actividad minera en España.

-Jerez, México y La Habana de hace casi siglo y medio son los escenarios principales de su novela. ¿Qué fue lo más difícil de retratar ciudades tan distintas a la actualidad?

Fue un reto reconstruir estas ciudades en cuanto a la vida que había entonces y a la actual, que es muy distinta. Pero por fortuna, tanto Jerez como México en su centro histórico, y La Habana vieja, por fortuna conservan gran parte de su fisionomía antigua. Si bien como ciudades han crecido mucho, sus núcleos mantienen un mismo trazado. Ha sido una labor de documentación y de rescate que me ha resultado enormemente enriquecedora y apasionante.

-¿Qué licencias te has tomado al momento de describir lugares tan distintos a la vez?

Por ejemplo, si hablamos de Jerez. Entre esta ciudad y Cádiz hay apenas 15 kilómetros de distancia, y si hoy vas y vuelves lo haces en 10 o 15 minutos. Antes no era así. Te tomaba mucho más tiempo. Era mucho más difícil que en un solo día la gente fuera y viniera tan fácilmente. Esa es una de las pequeñas licencias que tomé, que mis personajes puedan ir y venir quizás de forma fácil en un mismo día. También está el (momento del) hundimiento de la mina de Mauro Larrea. La ficción es eso. A veces exageras pero siempre dentro de un margen de verosimilitud y de credibilidad.

-Al inicio de la novela Mauro Larrea se muestra como un hombre completamente distinto al romántico que termina siendo. ¿Todos tenemos ese lado romántico oculto y a la espera de salir a la luz?

Sí y aunque no lo sepamos. Muchas veces creemos ser más duros de lo que en realidad somos. Mauro es un tipo hecho a sí mismo, duro, que ha empezado desde muy abajo, que se ha forjado, que ha levantado una fortuna, que ha cambiado de país, que vio morir a su mujer y de pronto se ve enamorado, a los 50 años, de la mujer más inconveniente, y en el momento menos oportuno...

-Y de pronto se transforma…

Sí, no contaba con eso, pero no lucha contra ello, sino que más bien se deja arrastrar.

-¿Sueles encariñarte mucho con los personajes de sus novelas?

 Sí, me pasa. Aunque hay un momento en que finalmente los dejas salir de tu cabeza. Cada proyecto nuevo trae personajes, aventuras y escenarios nuevos, que van reemplazando a los anteriores. Si bien te queda algo de cariño (hacia tus personajes) estos terminan diluyéndose.

-Teniendo en cuenta esto, ¿qué hizo que tu primera novela, “El tiempo entre costuras”, sea llevada a la televisión? ¿Terminó de diluir a tus personajes o, al contrario, los trajo de vuelta a su cabeza?

Los trajo de vuelta y con perfiles distintos. Me pasa siempre, pero recuerdo que, por ejemplo, en “El tiempo entre costuras” les di una silueta y unos rasgos definidos pero muy vagos. Pero cuando los vi en el casting que se hizo para la serie de televisión, a algunos les vi rasgos más definidos. Y eso te queda para ti, porque llegas a creer que los inventaste con ese rostro.

-¿Puede una serie convertirse en un tributo a una gran novela?

En lo personal debo decir que fui muy afortunada, porque la serie de “El tiempo entre costuras” estuvo muy bien hecha, por lo que sí fue un tributo al libro. Si bien antes de la serie ya teníamos 3 millones de lectores, luego de esta producción hubo gente que se acercó a la novela. Hubo una retroalimentación excelente.

-Volviendo a “La templanza”, Mauro Larrea sale de España para irse a México y luego viaja nuevamente, como si no tuviera un territorio claro dónde establecerse. ¿Te sientes más cómoda creando personajes con una identidad algo difusa?

Sí, me gusta ese tipo de personajes, porque son algo más enriquecidos y versátiles a la hora de actuar y enfrentarse a situaciones nuevas.

-Y Soledad, esta mujer capaz de transformar al protagonista, ¿tiene elementos de la realidad o es pura ficción?

Es pura ficción, aunque ahora la veo como una mujer casi de carne y hueso. Soledad es casi una ‘busca vidas’ metida dentro del cuerpo y de la apariencia de una señora muy elegante y de buena familia. Tiene esa duplicidad: una jerezana casada con un británico, que ha pasado la mitad de su vida en Londres y con sus claroscuros, además de esa inteligencia y capacidad para liar a Mauro, llevarlo a su terreno cuando él no puede imaginarse que ella está moviendo los hilos de gran parte de lo que acontecerá en su vida.

-Han dicho que esta es la novela más romántica que has escrito. ¿Eso es algo que tiene en cuenta el autor conforme avanza la redacción de su obra? ¿Es capaz de decirse ‘tengo que bajarle algo el romanticismo a esta historia’?

Suelo proyectar anticipadamente muchas cosas respecto a los personajes, la trama y el tono narrativo. Sin embargo, es cierto que a veces se te van las cosas por algún sitio y debes frenarte y viceversa. Es algo que funciona intuitivamente, sopesas, reflexionas y sabes dónde debes parar. Es un juego de equilibrios y balances.

-Eres una escritora capaz de encerrarse y aislarse al momento de crear una historia. Cuando ya tienes el borrador listo, ¿se lo entregas a alguien para que lo lea y opine?

Sí, es un número muy pequeño de personas que me dan un feedback para seguir trabajando. Pero hago esto cuando ya está todo muy avanzado, nunca capítulo por capítulo.

-¿Cuánto te ayudo tu profesión, filóloga, en tu faceta de escritora?

Muchísimo. Probablemente no sería la escritora que soy sin mi carrera profesional. Soy filóloga pero también soy lingüista. Ese trabajar con la lengua, manipularla, destriparla, analizarla, reconstruirla y aplicarla ha sido fundamental al momento de escribir. Asimismo, el haberme dedicado a la vida académica durante muchos años me brindó ciertos criterios de rigor, formalidad, y de profundización que son muy valiosos. Mi capacidad para estar muchas horas sentada frente a la pantalla sin que me distraiga nada se lo debo a mis más de 20 años de vida universitaria.

-Finalmente, ¿recuerdas algún autor peruano que te haya marcado?

Perú es cuna de grandes autores latinoamericanos. En lo personal, recuerdo mucho “Un mundo para Julius” de Alfredo Bryce Echenique. Fue una lectura de juventud, la leí cuando tenía 17 o 18 años. Me encantó. Es un libro tierno, entrañable, ácido y enternecedor. Es uno de los libros cuyo recuerdo he conservado a lo largo de los años con un cariño especial. Y pude releerlo hace cuatro años. A veces pasa que los libros que lees de joven vuelves a leerlos en la adultez y dices ¡Qué me pudo haber seducido de este libro! Pero con “Un mundo para Julius” nunca sentí eso. Me volvió a encantar. Y, bueno, recientemente he leído “Cinco esquinas” de Mario Vargas Llosa, pero este libro ya te muestra otra Lima, más actual. Tenía muchas ganas de conocer esta ciudad porque estuvo siempre en mi imaginario de lectora. 

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