El saber sí ocupa lugar
El saber sí ocupa lugar
Redacción EC

ENRIQUE PLANAS

Como si el dueño de casa se encontrara ausente, el lector puede recorrer el espacio de la casa a la que ingresan solo unos privilegiados: la biblioteca. Podemos admirar su arquitectura, revisar los títulos dispuestos en personalísimo orden, detenernos en los detalles: libros, papeles, adornos personales. “Paraísos del saber”, aplicada investigación de Ingrid Yrivarren con notable despliegue gráfico a cargo de los fotógrafos Morgana Vargas Llosa y Hans Stoll, nos hace recorrer las salas de lectura más interesantes del país. Desde el barroco esplendor de las bibliotecas de los conventos coloniales, las animadas estanterías de los escritores, o colecciones de prominentes abogados que destacan por su solemnidad.

Yrivarren se define como una enamorada de los libros. Cree que el libro es un objeto precioso, y que la biblioteca es tanto un espacio sagrado como también un refugio. Por ello, no podía dejar de sentir cierta melancolía al apreciar aquellas notables colecciones bibliográficas, que aparentemente no tienen lugar en un mundo digital que parece imponernos su desdén por las estanterías. “Quienes somos románticos empezamos a sentir esa nostalgia. No sabemos cuál será el futuro de las bibliotecas. Incluso muchas instituciones rechazan donaciones de libros porque no tienen más espacio. Ese es el motivo de hacer este libro. Que sea una especie de testigo del tiempo, y a la vez la muestra de un patrimonio cultural en riesgo”, señala la autora.

Fruto de conversaciones con amigos intelectuales como Alfredo Barrenechea, Alonso Cueto, Fernando Carvallo o Ramón Mujica, la conocida promotora cultural empezó a diseñar el proyecto. Listó un centenar de bibliotecas, que empezó a visitar una por una, curiosa por conocer las historias detrás de cada una. Además de interesarse en su diseño arquitectónico y las joyas bibliográficas de las colecciones, Yrivarren buscaba que aquellos espacios para la lectura fueran capaces de reflejar la personalidad de sus dueños. Que, de alguna u otra manera, mostrara la relación personal de los atentos lectores con sus objetos de deseo. “Lamentablemente existe en el mundo mucha gente que por esnobismo compra bibliotecas, y no era eso lo que queríamos”, aclara.

Así, recorremos los pasadizos de la Biblioteca Amazónica, en Loreto, la biblioteca del municipio limeño, los diferentes conventos en Lima, Arequipa, Cusco o Huancayo. Metemos la nariz en los escritorios de escritores como , Alonso Cueto y Fernando Ampuero, o de investigadores sociales como José Agustín de la Puente y Guillermo Lumbreras. Entre las bibliotecas seleccionadas hay algunas menos espectaculares que otras en cuanto a cantidad de libros, como son los casos de las colecciones del antropólogo José Matos Mar o el escritor Alfredo Bryce Echenique, quien con sus viajes y mudanzas se ha ido desprendiendo de sus libros. Sin embargo, la personalidad de sus espacios dedicados a la lectura podía palparse en el aire.

“Crear una biblioteca no solo es acumular libros. Es todo un azaroso proceso de búsquedas, encuentros, persecuciones. Organizar una biblioteca demanda mucho amor y entrega”, explica la directora general de Viva en el Mundo, organización cultural que realiza promoción cultural entre México y el Perú.

En algunos casos, se trata de lugares de encuentro para la conversación, como es la biblioteca del pintor Fernando de Szyszlo. Otros, en cambio, prefieren abrir sus puertas a muy pocos privilegiados. Son sitios sagrados, solo para ellos.

“De todas estas bibliotecas –señala Mario Vargas Llosa en el prólogo del libro, recordando instituciones como la Biblioteca Nacional del Paseo de Recoletos en Madrid, la Biblioteca Nacional de París o la British Library– conservo en la memoria el olor a cuero, a papel, incluso el ruidito de los carritos que los bibliotecarios arrastraban, llevando los libros de los lectores. A todas ellas les debo las gracias por haberme ofrecido un estímulo para la fantasía y la imaginación, por enriquecer mi vida y haberme permitido escribir los libros que he escrito”. Y añade el Nobel: “A través de un recorrido por las bibliotecas peruanas más nutridas, este libro rinde un merecido homenaje a esos lugares públicos o privados, pero siempre íntimos que, como el Aleph de Jorge Luis Borges, representan al universo”.

“Paraísos del saber” llama la atención del valor de un patrimonio cultural poco atendido en el Perú, además de inspirar el surgimiento de otras nuevos. Y aunque nuestro país adolece de una eficaz red de bibliotecas públicas, la autora de este impresionante volumen editado por Telefónica confía en que desde el Estado se está trabajando para corregir esta situación. “Yo creo que Ramón Mujica, director de la Biblioteca Nacional, está haciendo una buena labor. Obviamente su institución no tiene la partida presupuestal que necesita, pero a pesar de ello viene realizando un gran trabajo. Hoy se está haciendo un rescate de los libros de su colección, y se está promoviendo el amor por estos ejemplares. Y eso es un esfuerzo que hay que destacar”, afirma Yrivarren.