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Reeditan la biografía de Javier Heraud escrita por su hermana

La hermana del poeta, Cecilia Heraud Pérez, lanza una nueva edición de su libro “Entre los ríos: Javier Heraud (1942-1963)”

Reeditan la biografía de Javier Heraud escrita por su hermana

Reeditan la biografía de Javier Heraud escrita por su hermana

FRANCISCO MELGAR WONG

Poco más de medio siglo después de su muerte, Cecilia Heraud, hermana del poeta, publica en el Fondo Editorial de la PUCP una edición aumentada de la biografía “Entre los ríos: Javier Heraud (1942-1963)”, originalmente editada en 1989 con Editorial Mosca Azul. La autora confiesa que la aparición de un mayor número de documentos la animaron a poner el libro nuevamente en estantes.

“Cuando murió mi madre encontramos cosas que ella tenía guardadas, cartas que Javier le enviaba por el Día de la Madre, por ejemplo”, explica. Le menciono una carta ya publicada en la primera edición, donde Javier le escribe a su madre en la hipotética situación de resultar muerto en combate. “Yo hubiera querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria”, escribe el poeta desde Cuba. “Eso tú bien lo sabes, tú me criaste honrado, justo, amante de la verdad y la justicia”.

Le pregunto si ya era notoria en casa la trayectoria que iba a tomar la vida de Javier.“Mi padre era un hombre impresionantemente ético”, responde Cecilia. “Una vez mi hermana le dijo que una amiga tenía un hermano en la policía que podía conseguirle el brevete sin dar examen. Hasta ahora recuerdo el discurso de mi padre sobre cómo no escapar a nuestras responsabilidades, algo que empezaba con un simple examen de manejo. Eso te dice algo sobre cómo nos criamos”, cuenta.

ENTRE LA POESÍA Y LA GUERRILLA

Javier Heraud empezó a escribir poesía cuando todavía estaba en el colegio. “Él siempre se juró el poeta”, relata Cecilia. “En las fotos, siempre está posando como un poeta. Y eso despertaba la inquietud de mi papá. Ubícate en el año 58. Javier entra con el primer puesto a la Católica para estudiar Letras. Y mi papá pensaba que iba a estudiar Derecho”.

Pero con el transcurso de los meses la pasión por la poesía de Javier empezó a ser acompañada por un activismo político cada vez mayor, que lo llevaría a viajar a la Unión Soviética, a China y a Cuba, y finalmente a volver al Perú para embarcarse en la guerrilla.

“Yo pienso que fue una cuestión paulatina”, reflexiona Cecilia. “Cuando él viaja a Cuba y luego a la Unión Soviética, Javier se fascina. Recuerda que en esa época aún no se conocían las barbaridades de Stalin. Y allá le mostraron un panorama en el que todo era bonito. Así, poco a poco, fue radicalizando su forma de pensar. Todo ocurrió en una época en la que Cuba estaba muy de moda. Los jóvenes no lo saben, pero en los años sesenta, en las fiestas de carnaval, la gente se disfrazaba de Fidel Castro”, recuerda.

UNA PRESENCIA FAMILIAR

Después de la muerte de Javier las cosas en la casa de los Heraud cambiaron para siempre. “Con su muerte empezó una vida nueva en la familia: algo se quebró para siempre. Mi mamá llenó la casa de fotos de Javier, su diploma del poeta joven, sus afiches. Había fotos de Javier hasta en la cocina. Los jóvenes venían y mi papá los atendía, les mostraba su cuarto”, recuerda.

Luego agrega: “Hace unos días, su profesor de Literatura del Markham, un señor de cerca de 80 años, me escribió.

Había leído una entrevista que me hicieron a propósito del libro y me envió un poema de Hölderlin, un poeta que Javier amaba. El poema decía: “Este mundo se niega a reconocer a los puros”. Según él, quien ve las cosas como son puede partir sin lamentar lo que deja”.

Antes de despedirnos, le pregunto si piensa que en esta época Javier habría tomado las armas.

“No lo creo”, me responde. “Seguramente en esta época no tomaría las armas. Estoy segura de que habría encontrado otros caminos para manifestar su indignación con la injusticia. Que era algo que llevaba de forma innata dentro de él”.

No es fácil imaginar lo que el poeta estaría haciendo hoy.  Cuesta creerlo, pero cuando murió acababa de cumplir 21 años.  Pero Cecilia cree que hay dos cosas que Javier no habría dejado: “Yo ya no me lo imagino a Javier como un guerrillero en esta época. Pero poeta sí. Poeta  y político”, concluye.

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