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Salomón Lerner Febres: “Vivimos en una era con cada vez menos humanidad”

El filósofo recibirá este sábado un reconocimiento en la Feria del Libro Ricardo Palma por su contribución en el campo de los derechos humanos, las artes y la educación

Salomón Lerner Febres

Lerner Febres tiene a su cargo la dirección del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la PUCP. Afirma que se mantiene activo gracias a la genética y al apoyo de las personas que lo rodean. (Foto: El Comercio / Nancy Chappell)

El Comercio

Nací en el Perú hace 73 años. Estudié Derecho en Lima y Filosofía en Bélgica. Soy profesor y rector emérito de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). También presidí la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR). Tengo cinco nietos que adoro. 

Sentado en su oficina de la PUCP, Salomón Lerner Febres cuenta que se ha paseado por los pasillos de esa universidad desde que tenía 15 años y asegura que seguirá en ellos hasta que su esposa –que es profesora de filosofía como él– se retire.

Mientras tanto, continuará con su agitada agenda, que incluye para este sábado una parada en la Feria del Libro Ricardo Palma, en donde se le hará un reconocimiento por su contribución en el campo de la filosofía, los derechos humanos, las artes y, claro está, la educación.

— Muchos lo llaman simplemente un intelectual, ¿cómo se ve usted?
Yo estoy lejos de definirme como un intelectual, es una noción que se usa mucho, pero cuyos límites no son precisos. Yo soy una persona que, siguiendo su vocación, se ha dedicado a la enseñanza. Estudié Derecho, pero renuncié a ejercerlo.

— ¿Qué pasó?
Practiqué un par de meses y me asustó. Me tocó asistir al desalojo de una pobre familia por un juicio ejecutivo. Sacaron sus cosas de su hogar porque no podían pagar una deuda. Yo no imaginaba que el ejercicio del Derecho, por lo menos en determinados campos, podría connotar esta especie de aspectos tristes, por no llamarlos crueles.

— ¿Pensó que iba a dedicar gran parte de su vida a la universidad?
Me alegro de que haya sido así, pero no es que lo haya planeado. Yo empecé a enseñar siendo alumno de Derecho. Mis padres murieron jóvenes y yo tenía que sostenerme de alguna manera. Gracias a que los profesores tenían un buen concepto de mí, me llamaron a enseñar. Yo llegué a ser profesor a medio tiempo siendo alumno. Desde los 15 años, en que terminé la secundaria e ingresé a la universidad, ya no me he podido despegar de ella.

— En el 2018 cumplirá 10 años al frente de la Sociedad Filarmónica de Lima, ¿por qué es importante acercar una institución centenaria a la gente?
Porque eso es dar a los demás peruanos aquello que merecen. No es un lujo gozar de la música. Es más bien una especie de responsabilidad de quienes ya somos mayores recordarles a los jóvenes que existen esas cosas. Escuche, por ejemplo, el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler, nadie puede decir que eso es feo.

— Además, usted sigue hablando activamente del trabajo de la CVR.
Se ha convertido en un ingrediente dentro de mi vida. Me cambió la vida como se la cambió a muchos que dejamos de ver las cosas tan sencillas, tan fáciles en el país. Reconocimos la indiferencia frente a una realidad que muchos aún no han querido conocer.

— ¿Qué es lo más preocupante de lo que pasa ahora en el Perú?
Veo una sociedad que necesita muchísimo conocerse y tomar nota de los males que la aquejan. Somos un país enfermo por la corrupción. También en la estructura de la vida social, en lo que es establecer el bien común. Hay cosas en las que estamos muy atrasados y esa es una verdad triste que debería empujarnos a actuar de una manera más consciente.

— Algo que se sigue debatiendo es la necesidad de pasar la página y perdonar, ¿todo puede ser perdonado?
El perdón es una decisión personal. Es comprender y ser compasivo, pero no puede atentar contra la verdad de lo ocurrido. Una cosa es perdón y otra es justicia. El perdón es un don. Benditos aquellos que puedan perdonar.

— ¿Es posible reponerse del contacto con el dolor de tantas personas?
La posibilidad está abierta en el sentido de rehacer el camino y aprender de aquello que ha ocurrido, y de restaurar una especie de justicia y reconocimiento de aquellos que han sufrido. Creo que ese es el único camino que puede liberarnos positivamente de eso. Vivimos en esta era maravillosa de la técnica, pero con cada vez menos humanidad. Eso se nota en los chiquillos de hoy.

— ¿Ve la diferencia con sus alumnos del pasado?
Los jóvenes a los que enseñé hace 20 o 30 años son bien distintos de los de ahora. Es normal que sea así, pero los alumnos antes estaban más enterados, eran más comprometidos con su país. Esta es una época en la que el negocio y la relación entre proveedor y cliente están invadiendo todo, incluso la educación. Es terrible.

— ¿Volvería a presidir la CVR?
Le daría a otro la oportunidad de que encuentre y viva las experiencias que yo he vivido. Fue una tarea dura, pero de algún modo luminosa para nosotros y esperanzadora en tanto que entregamos a la sociedad lo que hemos visto para que ella pueda aprender de sus errores.

— ¿Qué aprendió de usted mismo en esa etapa?
Que hay algo más que los libros y las clases, y que existe gente buenísima y también que no es muy buena en un país que es mucho más que Lima.

— ¿A qué otra cosa le hubiera gustado dedicarse?
Ser músico, tocar el chelo, pero tengo pésimo oído. Yo sé cuando alguien falla, pero si me pongo a tararear algo, recomendaría que se pongan algodones en los oídos.

— ¿Ocuparía un cargo político?
Yo he estado dentro de la política universitaria. Hoy en nuestro país la política se ha convertido en una mala palabra. Como rector y presidente de la CVR he ejercido cargos públicos, pero otros cargos políticos no. Para eso se necesita estar rodeado de mucha gente y no todos están dispuestos a trabajar fuerte y en línea recta. Eso debe ser una tortura.

— ¿Qué disfruta más allá de la vida académica?
No hay corte entre la vida académica y el resto, más aun en mi caso. Mi mujer es profesora de filosofía, entonces nuestras discusiones son básicamente ella defendiendo a Husserl y yo a Heidegger [risas]. Lo que sí está más allá de lo académico y me encanta es estar con mis nietos.

— Hoy se le hará un reconocimiento, ¿qué es lo que no puede dejar de decirse sobre usted?
Que he hecho mis mejores esfuerzos para ser no solo un profesor, sino un maestro, una persona que no solo brinde información, sino que ayude a los chicos a ser mejores. Mi puerta siempre ha estado a abierta a todos y así seguirá. Si de algo estoy orgulloso, es de esa apertura, de mi disposición para escuchar.


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