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"Cuando tu vecino es un asesino y no haces nada, eres cómplice"

Santiago Roncagliolo  habló sobre “La pena máxima”, novela que tiene a Argentina 78 y el Plan Cóndor como telón de fondo

Cuando tu vecino es un asesino y no haces nada, eres cómplice

Cuando tu vecino es un asesino y no haces nada, eres cómplice

ENRIQUE PLANAS

Pasa con el fiscal Félix Chacaltana, como sucede también con el vargasllosiano capitán Pantaleón Pantoja, que logran la simpatía con el lector a partir de la contradicción: son peruanos que creen en las normas, que se toman a pecho las leyes. Esta constatación  divierte a Santiago Roncagliolo, quien regresa con “La pena máxima”, una nueva aventura de su ingenuo investigador. En ella, un joven Chacaltana investiga una serie de crímenes ocurridos en Lima, mientras la población sigue con fervor los éxitos de la selección peruana en el Mundial de Argentina 78. “Yo nunca pensé que se parecía a Pantaleón, pero es verdad”, advierte. “Creo que, como todos los peruanos, ambos han perdido la inocencia, por eso los peruanos nos identificamos con ellos”, dice.  

¿Cómo surge la idea de recobrar a Chacaltana en una aventura previa a “Abril rojo”?
No estaba previsto. De hecho, me negué siempre a recuperarlo. Lo que me interesa siempre es explorar y cambiar. Esta vez tenía la historia de Joaquín Calvo, el protagonista, a quien persigue la dictadura de Videla. ¡Pero no sabía cómo contarla! Dos intentos anteriores terminaron en  abortos, hasta que, prácticamente, el fiscal Chacaltana se me apareció. Y cuando entró en la novela, todo se volvió natural. ¡Tanto, que se convirtió en el protagonista y Joaquín Calvo muere en la página 10!

Tú casi no viviste los años 70. Sin embargo, su crisis, el pasmo de esa década perdida, está muy bien retratada. ¿Cómo fue esa investigación?
Para mi familia, los años 70 siempre han estado muy vivos. Son historias que me han ido contando, que han estado siempre allí. Cuando escribo de un tema político, lo hago porque resulta un tema personal.  Si voy a escribir sobre política, tengo que escribir contra el poder. Decir algo que impacte y cause reacción. Luego de mis dos novelas anteriores, parte de mi necesidad de divertirme, ahora siento que puedo volver a escribir de política con una gran libertad creativa. ¡Lo que me tomó mas trabajo fue el tema del Mundial de Argentina!

Partidos que aún se venden en Polvos Azules...
¡Ahí están! [ríe]. Pero es doloroso verlos. El fútbol es una escenificación perfecta de nuestras pasiones nacionales más irracionales. ¡Por eso a los fascistas les encantan los mundiales! Los italianos organizaron el suyo en 1934, los argentinos en 1978, Hitler tuvo sus Olimpiadas...

En tu libro, en los años 70 conviven en Lima una generación conservadora y pacata, estudiantes politizados y chicas en minifalda. ¿Fue el inicio de nuestra modernidad?
Fue en los sesenta cuando en todos lados empiezan a verse cambios sociales. Pero aquí, los hippies, la píldora anticonceptiva, las drogas se dieron solo de Miraflores para arriba. Fue en los setenta cuando los cambios afectaron a las clases más bajas. Y luego vino un retroceso en los aplastantes años ochenta. Cuando uno tiene miedo, se vuelve más conservador.

¿Hoy somos más conservadores que en los años ochenta?
¡El Perú es hoy el país más conservador del continente! Esta es una sociedad muy escéptica, que toma cualquier cambio con mucha prudencia, recordando tantos fracasos del pasado. Eso fue lo que hicieron las guerrillas en el Perú y Colombia: no consiguieron países más justos, sino más conservadores.

En el Perú de entonces no se podía imaginar una violencia como la de Argentina o Chile. Sin embargo, como denuncias en tu novela, hubo también desapariciones y crímenes...
Hay que decir que en los 70, nuestros militares eran los civilizados de la región. Pero cuando tu vecino es un asesino y tú no haces nada, terminas siendo un cómplice. Para el Mundial de Argentina, Videla quiso controlar a todos sus perseguidos en Sudamérica. Y la dictadura de Morales Bermúdez le dijo: “¿Quieren venir a llevarse a los suyos? ¡Aprovechen para llevarse a algunos de los nuestros!”. Entonces en Lima hubo argentinos persiguiendo a tiros a sus paisanos, torturadores argentinos en nuestros cuarteles, secuestros de políticos. Casos no masivos pero terribles que demuestran el pantano moral en que chapoteaba la dictadura de Morales Bermúdez. 

¿Crees que es justo el juicio que se le sigue en Argentina a Morales Bermúdez por su participación en el Plan Cóndor?
Si tú has cometido atentados contra los derechos humanos, se te tiene que juzgar. Pero antes el Gobierno Peruano debe dar las garantías de que será un juicio justo.

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