Por Sonia del Águila

A Alex Lora todavía le sorprende que niños de ocho o diez años canten sus canciones como si hubieran sido escritas para ellos. Le emociona ver a adolescentes, padres y abuelos levantar los brazos frente al escenario, unidos por una misma descarga eléctrica. Para él, que una nueva generación lo acompañe en ese ritual no es un dato estadístico ni una prueba de vigencia: es una razón para seguir.

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