La música es su motor y motivo, su fuente de inspiración y alegría. Es el medio con el que aplaca sus penas. Es su cable a tierra. Lucho Paz (Chiclayo, 1963), una las voces más privilegiadas de la cumbia peruana, no imagina sus días lejos de los escenarios, mucho menos del público; aunque -según el propio músico- su vigencia represente un riesgo para su salud. “El médico me dijo que si quería vivir más tiempo, cambie mi estilo de vida”, cuenta.

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