Nació de pie, como si la vida le advirtiera que saldría bien parada de cualquier tormenta. En una chacra de Chorrillos, su tía Clorinda, entonces practicante de obstetricia, la trajo al mundo. Hija de un pescador y una lavandera, creció sin lujos pero con una riqueza infinita: su voz. Desde niña aprendió que la música sería su refugio, su destino, su verdad. Con 60 años sobre los escenarios, Lucía Magdalena de la Cruz Cuya (Lima, 1953) ha amado, se ha caído, se ha levantado y ha cantado con la misma pasión con la que ha vivido. “Soy tal cual soy, con mis aciertos y errores, y no cambiaré de ninguna manera”, dice con firmeza.

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