(Este texto fue escrito hace solo unos días, cuando había cumplido 69 años y mantenía tanto su vigencia musical como su lucha contra el cáncer)

suele caminar todos los días en Manhattan, aunque solo pocos se den cuenta de su presencia (su colega Moby ha sido su vecino y asegura que Bowie compra leche para la casa como cualquier mortal). El músico británico reside desde hace más de 10 años en este distrito neoyorkino junto con su esposa Iman y su hija Lexi. Ya rara vez sale de ahí. Su estado de salud reforzó esa opción: en el 2004 tuvo un ataque al corazón, por lo que le practicaron una angioplastia para desbloquear una arteria obstruida.

Manhattan le hace bien al artista: le gusta que casi nadie lo reconozca. Y hace unos meses, un agente suyo aseveró que él se ha retirado de los escenarios para siempre. Pero quedan sus obras y sus ganas insaciables de romper moldes.

En el video de “Blackstar”, tema de su nuevo disco del mismo nombre, se aprecia el esqueleto de un astronauta, a un Bowie con los ojos vendados que canta sobre ángeles caídos y a unos sujetos que convulsionan en una especie de rito pagano. Hay algo que Bowie parece no comprender. El mundo es un acertijo que lo sacude. También hay un desgarramiento interior: él proviene de una familia que cuenta con un historial clínico de esquizofrenia (su medio hermano Terry sufría del mal y se suicidó en 1985).

"Blackstar" es un álbum de un dramatismo oscuro, en el que el jazz se funde con el rock, la electrónica y la banda sonora de un filme imaginario del cine negro. Este es el marco de la nueva encarnación de Bowie, artista en mutación constante en un mundo no menos movedizo y desconcertante.

EL DATO
"Blackstar", el nuevo álbum de David Bowie ya .

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