Por Ángel Navarro Quevedo

Todo comenzó con un anuncio en una tienda de discos: “Ozzy Zig busca concierto. Tiene su propio equipo de sonido”. No tenía formación musical formal, ni sabía leer partituras, aún así se le unieron varios músicos para formar Black Sabbath, sin saber que su diagnóstico de dislexia, su déficit de atención y su breve estadía en prisión ya habían delineado el margen de lo que sería una vida tan caótica como irrepetible. El martes por la mañana, rodeado de sus seres queridos, esa vida llegó a su fin.

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