Roger Waters se acerca a Lima: Conversamos con el ex Pink Floyd
Roger Waters se acerca a Lima: Conversamos con el ex Pink Floyd
Juan Carlos Fangacio

Entra a la sala un metro noventa de leyenda. El cabello cano revuelto, la barba crecida y blanquísima también, un polo negro tan raído que parece llevar puesto desde la época en que era un Pink Floyd y aún podía tomarse un trago con David Gilmour. “Mil disculpas, pero confundí el horario y me he despertado hace media hora”, dice excusándose por una tardanza que no es: son las 12 del mediodía y el puntualísimo se alista para dar una serie de entrevistas a la prensa. El Comercio estuvo allí.

Es viernes en Sao Paulo, con lluvia de verano, y nadie sabe que el músico británico está allí. No ha llegado de gira ni para hacer turismo, sino que ha elegido la gigantesca ciudad brasileña como base de operaciones para promocionar el Us + Them, tour que en más de una oportunidad ha asegurado que podría ser el último de su larga carrera y que, afortunadamente, lo volverá a traer a Sudamérica el 2018, incluyendo su regreso al Perú después de 11 años tras el memorable espectáculo que ofreció en el estadio Monumental y con el que Lima comenzó a ser una plaza de interés para las megaestrellas como él. Antes de Waters, nada; después de él, todo.

Sobre esa esperada vuelta a nuestro país comienza respondiendo: el concierto que tiene preparado para Lima será muy similar al que ofreció el 2016 en el festival Desert Trip, en Estados Unidos, donde compartió escenario con otros señorones del rock and roll como Bob Dylan, Paul McCartney, los Rolling Stones, Neil Young y The Who. Las tres cuartas partes del show lo conformarán sus temas clásicos de ese cuarteto setentero brillante, que en seis años definió el rock progresivo: “The Dark Side of The Moon”, “Wish You Were Here”, “Animals” y “The Wall”. El 25% restante provendrá de su más reciente producción, “Is This the Life We Really Want?”, el primer álbum de estudio que graba en 25 años. Un disco cargado de letras de protesta ante el mundo actual, pero también de profunda introspección. El equilibrio que cualquier conocedor de la música de Waters identificará como familiar.

Consultado sobre por qué tardó tanto tiempo en lanzar un nuevo disco, responde carraspeando: “La verdad es que no lo sé. Quizá porque el álbum anterior, ‘Amused to Death’ (1992), fue completamente ignorado por el mundo y sentí en ese momento que debía hacer otras cosas. Pero hace unos años, mientras estaba en la gira The Wall, compuse una canción que se llamaba ‘If I Had Been God’, que luego terminaría llamándose ‘Déjà vu’. Fue entonces que me dije: ‘Si ya tengo esta canción, debo terminar toda una placa’”.

—El tiempo pasa—
Para explicar la naturaleza de su nuevo material, Waters empieza a declamar: “If I had been God/ I would not have chosen anyone/ I would have laid an even hand/ On all my children everyone/ Would have been content/ To forgo Ramadan and Lent/ Time better spent/ In the company of friends/ Breaking bread and mending nets”. Explica que son unos versos que quedaron fuera de “Déjà vu”, el tema central de su disco. “Es una canción que responde a una pregunta básica: ¿qué haría yo si fuera Dios? Pero soy ateo y la verdad es que esa idea de un dios que prefiere a los cristianos, de otro dios que prefiere a los musulmanes o de cualquier dios que prefiere a un grupo de personas por encima de otras me parece sumamente ridícula”, afirma.

Roger Waters se acerca a Lima: Conversamos con el ex Pink Floyd
Roger Waters se acerca a Lima: Conversamos con el ex Pink Floyd

De la amargura mística, Waters –indignado crónico, como un hombre de 74 años promedio– pasa a otro tema del cual renegar: la forma en que se escucha música hoy. El hombre de los discos conceptuales larguísimos odia la ligereza de Spotify. “El otro día me puse a revisar qué era lo más sonado en ese programa –cuenta–. '¿Quién diablos es este Drake?', me pregunté. ¡1.300 millones de reproducciones para una canción! Presioné play y me quedé de piedra: una cosa increíble, sin ningún contenido musical ni lírico. Una mierda completamente vacía”.

Aun así, la música de Waters y Pink Foyd circula también en Spotify, así que él reconoce que ha sido absorbido por esa suerte de conspiración de la industria sonora. “Goethe lo dijo hace siglos: ‘No hay nadie más esclavizado que aquel que falsamente cree que es libre’. Y la gente que escucha música cree ser libre, cuando en realidad no lo es”, asegura.

—Res política—
El equipo de prensa que rodea a Waters es receloso: no están permitidas las fotos ni las firmas de autógrafos; le marcan los minutos pactados para la conversación como en la canción “Time”, ese himno relojero; y les piden a todos los periodistas que eviten las preguntas sobre política. Hay que centrarse estrictamente en lo musical, dicen. Pero prohibirle a Waters hablar de política es como quitarle el agua. En los últimos meses ha estado muy activo invocando a diversos artistas (con Radiohead y Nick Cave ha cruzado dardos tremendos) para que cancelen sus presentaciones en Israel, como protesta contra las acciones que dicho gobierno viene aplicando contra Palestina. Y en sus shows más recientes, el porfiado favorito para asestarle golpes ha sido Donald Trump –“el Donald”, como prefiere llamarlo él, con desprecio–: lo ha tildado de payaso para abajo y el famoso cerdo inflable que cruza el aire en sus conciertos últimamente luce la cara del presidente estadounidense impresa en la panceta.

Para jalarle la lengua, le preguntamos si no cree que el título del tour, Us + Them (a su vez inspirado en la hermosa canción “Us and Them”), adquiere un sentido particularmente dramático con la situación política de Sudamérica: nosotros, los ‘sudacas’; ellos, el Primer Mundo. “Por supuesto. Si Occidente no entiende que el gran problema del mundo es la desigualdad entre los extremadamente ricos y todos los demás, será inevitable que este planeta sea conducido a un desastre total”, contesta.

Roger Waters se acerca a Lima: Conversamos con el ex Pink Floyd
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Y luego se olvida del cafecito que tiene al lado y comienza a rememorar a Fidel Castro y la revolución cubana o la importancia del papel que jugó la Unión Soviética frente al poderío capitalista de Estados Unidos. Es entonces que uno entiende que el problema no es que Waters no hable de política: el problema es que nunca para de hablar del tema. Por eso sus conciertos tienen esa carga también. “Habrá gente a la que eso le pueda molestar y prefieran irse del show –dice–. Pero perder a 1.000 personas de entre 50.000 no es mala matemática, ¿no?”.

MÁS INFORMACIÓN
​La presentación de Roger Waters en Lima, organizada por Kandavu Producciones, está confirmada para el sábado 17 de noviembre del 2018, en un lugar todavía por definirse. Tampoco se han confirmado los precios de las entradas, pero se anunció que saldrán a la venta en febrero próximo.

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