Por Ángel Navarro Quevedo

Tuvo que pasar una larga ausencia para que se entendiera la importancia de un festival de rock en Lima. Seis años sin un Vivo x el Rock fueron suficientes para que esta edición se sintiera como un reencuentro con esas canciones que desatan el frenesí del pogo o que simplemente justifican desempolvar la camiseta de la última gira de alguna banda y brindar con los amigos.

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