Por Sonia del Águila

Pese a perder la voz —su herramienta más íntima—, pese al silencio forzado, a la pausa larga y al freno que la vida le puso cuando no sabía detenerse, Miguel Bosé volvió. Volvió restablecido, con los ánimos al tope y seguro de que el retiro no era una opción. Ni siquiera cuando el cuerpo le obligó a callar y el mundo siguió girando sin él sobre los escenarios.

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