Por Ángel Navarro Quevedo

Solo bastó con mencionar ¡grántico, pálmani, zum! para transportar al Estadio San Marcos más de 30 años al pasado, cuando dalinas, cíndelas y golmodis animaban las mañanas de toda una generación. Eran momentos en que Pedro Suárez Vértiz sonaba en la radio, la Concha Acústica del Parque Salazar se alzaba imponente en lo alto del abismo, y las ansias de ser mayor de edad atentaban contra los labiales de mamá o el perfume de papá.

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