Cattone: “Envejecer no es tener arrugas sino perder la energía”
Cattone: “Envejecer no es tener arrugas sino perder la energía”
Eduardo Lavado G.

Mientras algunos alzan la voz quejándose por la falta de apoyo por parte del público peruano hacia el teatro, se apresta a cumplir 40 años al frente del Marsano, donde ha montado cerca de 100 obras. No siempre han sido celebrados por la crítica, pero mantienen un público fiel a una propuesta marcada esencialmente por la comedia. Y ese es el principal estímulo para Osvaldo, quien, en medio de las celebraciones por su cumpleaños, estaba tomando sol en zunga en su piscina cuando lo llamamos para coordinar esta entrevista.

¿Cómo has logrado hacer teatro tantos años en el Perú?
Yo hice teatro siempre con la plata que el público me dio. No le pedí auspicio a un banco o prestado a un amigo. Fui el responsable de mi ascenso y descenso. Y eso me permitió ser independiente en cuanto a lo que decidía poner en escena. He tenido éxitos muy grandes, como Annie o El hombre de La Mancha, con los que me compré dos departamentos; y fracasos ruidosos como Algo en común o Bernarda, por los que tuve que venderlos.

Siempre jugaste esa ruleta...
A mis 84 años [cumplidos el 17 de enero], hoy [miércoles popular] tengo la taquilla agotada [800 butacas]. El público aún quiere verme cuando le ofrezco una mercadería que le interesa comprar. Si en vez de El té de las 5, que es una comedia de humor negro, hiciese Medea o El rey Lear, no tendría acogida.

¿No puedes o no quieres hacer otro tipo de teatro?
El Marsano es un teatro que se ha caracterizado por el entretenimiento y eso no es subestimarlo. La gente viene a pasarla bien. Al peruano no le gusta ir al teatro a deprimirse. Más bien yo, que soy un hombre feliz, busco, como espectador, algo que me conmueva.

¿Hay crisis de auditorios o no hay oferta adecuada?
Yo siento que hay que hacer espectáculos que interesen al público. ¿Por qué de pronto Toc toc tuvo teatros llenos? ¿O  Bajo terapia, Avenida Larco, Agosto? Porque fueron ofertas que cautivaron al público. El teatro está en crisis hace dos mil años. Y no es que no se pueda hacer Coriolano, de Shakespeare, en el Perú, sino que para eso tendrías que estar financiado para poder mantener una temporada larga. Y eso tampoco es garantía de nada. Lo  que hay son cosas bien o mal hechas. Puedes montar una obra de Alfonso Paso o de Molière, y puedes llegar al espectador. Lo que le ha pasado a Carrillo es lamentable. Lo mismo me puede pasar a mí.

¿Alguna vez piensas cómo te habría ido si te hubieras quedado en Argentina?
Yo vine a hacer una telenovela y me gustó ir por la calle y que la gente me reconociera; no hacer cola en el banco; que no me cobraran el taxi. ¿Por qué me iba a ir de un lugar así? Acá empecé a ser Cattone. El Perú me demostró un calor y una cultura que no encontré en Argentina. Incluso rechacé una telenovela en Puerto Rico que iba a hacer con Lupita Ferrer. No quería encasillarme en el papel de galán, porque eso en poco tiempo se iba a acabar.

La popularidad pasa para todos...
Es un periodo que no se puede mantener. Por eso opté por la producción, por convertirme yo en fuente de trabajo, para elegir lo que quería hacer y no esperar que me llamaran. Y lo sigo haciendo hasta ahora, a mis 84 años.

¿Y el secreto es...?
Yo quiero estar así, bien. Porque me gusto, soy feliz, no me he reencauchado. Me cuido en las comidas, no tomo alcohol ni drogas. Ya no hago gimnasia como antes ni tiro como antes, pero de vez en cuando me doy un gustito en todo sentido. Envejecer no es tener una arruga más, sino dejar de proyectar energía.

Lea la entrevista completa este sábado en Somos.

Mañana: El biólogo Thomas Lovejoy lleva años trabajando en con el fin de preservar la vida y luchar contra la minería ilegal. — Revista Somos (@SomosElComercio)