Crítica de teatro: "Sweet Charity"
Crítica de teatro: "Sweet Charity"
Redacción EC

ALBERTO SERVAT

Incansable en su búsqueda por títulos del teatro musical, la actriz y productora Denisse Dibós eligió para esta temporada “Sweet Charity”. Una apuesta llena de riesgos por la naturaleza misma de la obra.

Y es que en la historia del teatro musical “Sweet Charity” ocupa un lugar muy especial. No porque sea una obra maestra del género ni porque se haya convertido en uno de los éxitos más perdurables de la cartelera de Broadway. Su importancia se encuentra en logros parciales pero sobre todo en los nombres involucrados en su creación. Allí estaban el compositor Cy Coleman y su incansable colaboradora Dorothy Fields, Neil Simon en la dramaturgia y, por supuesto, Bob Fosse como director y coreógrafo del original. No es un secreto, Fosse fue el verdadero autor de este capricho basado en el clásico del cine italiano “Las noches de Cabiria” (1957), de Fellini. Fueron ellos quienes llamaron la atención sobre la obra y despertaron tanta admiración en el ahora lejano 1966.

En la triste historia de Charity, una prostituta de buen corazón pero sin muchos atractivos, Fosse encontró el pretexto ideal para crear las coreografías más deslumbrantes de su carrera. Las mismas que llegaron a la pantalla grande en 1969.

También dirigida por Bob Fosse, la película protagonizada por Shirley MacLaine evidenció los aciertos y las carencias de la obra. La riqueza sin duda está en los aspectos musicales: una banda sonora deliciosa y las exigencias extremas del cuerpo de baile. Pero el libreto carece de una columna vertebral que le dé una continuidad sostenida al relato. Todo se alarga y los números musicales aparecen aislados como si formaran parte de una revista musical alterna.

EN ESCENA
“Sweet Charity” es a primera vista un montaje ambicioso y que cumple en su mayor parte con sus expectativas. Hay que celebrar el buen trabajo de la coreografía, basada en el original de Fosse, y que llega a buen puerto por un trabajo minucioso de sincronización a cargo de Gabriela García, bailarina de Broadway. El grupo de bailarines consigue bajo su dirección un trabajo muy correcto, sobre todo en “Rich Man’s Frug”, el complicado ballet del primer acto. Debo confesar mis temores por este número debido al alto grado de precisión que se necesita para enfrentarlo. Y el cuerpo de baile sale más que airoso del reto.

Pero no todo funciona de igual manera. Principalmente porque al no haber adaptado el libreto con la libertad necesaria se mantiene la misma estructura en la que la acción dramática nunca se llega a adaptar a la esencia del musical.

Es un obstáculo que el director Mateo Chiarella debió prever y que está a tiempo de corregir. Un musical permite a sus creadores ir perfeccionándolo y corregirlo hasta dar con el ritmo y duración apropiados. Es la única manera para poder disfrutar de esta obra en la dimensión que el equipo quiera darle.

La dirección de actores cumple en gran parte con su cometido. Denisse Dibós lo entrega todo en una interpretación maratónica en la que nunca sale de escena. Pero su personaje también se ve afectado por la falta de integración entre el drama y la música. Cuando canta y baila, Dibós es Charity en un cien por ciento. Cuando solo actúa el personaje no está cuajado del todo. No llega a aterrizar. Junto a ella, Paul Martin compone un adecuado Óscar. Menos logrado encuentro a Ernesto Pimentel, en el papel de Big Daddy, el predicador. Parecía una buena idea contar con un actor de tanta personalidad pero sobre el escenario carece de brillo y pasa casi desapercibido en medio del grupo. No tiene la fuerza necesaria para justificar su presencia. Más logros encontramos en Anahí de Cárdenas y Laly Guimarey, en los papeles de las mejores amigas de la protagonista. Tienen entrega y convicción, lo que se traduce en momentos chispeantes que conectan de inmediato con la audiencia.

“Sweet Charity” no es un musical fácil. El único montaje que he visto en Broadway es la reposición del 2005, dirigida por Walter Bobbie y protagonizada por Christina Applegate. Algo quedaba claro en ese momento: no era una gran producción ni tenía pensado competir con el recuerdo del original. Su atractivo se centraba en la actriz protagonista y la coreografía lucía como un pálido reflejo de la obra de Fosse. El show bajó el telón cuando Applegate terminó su contrato. El “Sweet Charity” de Preludio tiene más garra, es deslumbrante por momentos, pero necesita afinar sus elementos.

FICHA TÉCNICA
Sweet Charity
Autores: Libreto de Neil Simon y música de Cy Coleman.
Director: Mateo Chiarella.
Dónde: Teatro Municipal. Jr. Ica, 377, Lima. Del 15 de mayo al 24 de agosto. Entradas: Teleticket.