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Hay juguetes desperdigados entre los muebles de la sala de Ernesto Pimentel. El artista está sentado junto a Gael, su hijo de 6 años, cuando el equipo de El Comercio llega a su puerta. “No voy a hacer la casa distinta para que me atienda la prensa. Normal, estoy con mi hijito”, dice. “¡Hola!”, sonríe el niño, con algunos dientes aún ausentes. Gael nació en 2019 mediante reproducción asistida, fruto del vínculo de Ernesto con su mejor amiga, Miluska Jácome, con quien compartirá una tarde familiar junto a su hijo en el festival infantil de Bob Esponja.
Hay una sensación de cotidianeidad en su casa: en unas horas, Pimentel cantará cumbia en un evento que conmemora a los trabajadores, pero su mañana y su tarde pertenecen a otro mundo —un espacio de juegos y mimos con su hijo—. Llegada las ocho de la noche, ese padre de porte alto y ropa oscura, que reposa su codo en la mesa del jardín, se convertirá en Perica de los Palotes, la presidenta del pleno ficticio de “Senado”, sátira política que presenta el artista peruano en el Teatro La Plaza hasta el 16 de mayo.
Dirigida por Gabriel De la Cruz, “Senado” improvisa una cámara legislativa donde el público y sus opiniones políticas se dejan ver a través de la ironía del debate político. La obra de teatro cuenta con diferentes artistas invitados en cada presentación. Como el teatro mismo, cambia cada noche. Por la obra, pasaron Manuel Gold, Christian Isla, entre otros. La última función tendrá a Luciana Blomberg, Pablo Saldarriaga, Sergio Paris y Cielo Torres.
La obra pertenece a la temporada de La Plaza Trasnoche, donde cuatro obras tienen lugar:
- “Senado”, del 17 de abril al 16 de mayo.
- “Cariño malo”, del 26 de junio al 29 de julio.
- “Perseo (Dos reinas y un funeral)”, del 21 de agosto al 19 de septiembre.
- “Ernesto Pimentel busca chamba”, del 30 de octubre al 28 de noviembre.

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Detrás de “Congreso” y “Senado”
En su comedor —donde años atrás se sentaron María Antonieta de las Nieves y Edgar Vivar, invitados del circo de la Chola Chabuca—, Pimentel ahora habla de “Senado”. Es la prolongación de “Congreso”, montaje anterior también protagonizado por Pimentel, antes de la bicameralidad en el Perú. “Es la obra con mayor fracaso en la historia de La Plaza, porque todo sobre lo que hablamos hace ocho años está peor en la política”, explica. Cuando habla de “fracaso” no se refiere a la taquilla, pues el regreso de la obra evidencia su éxito, sino del comportamiento del parlamento peruano cuando era unicameral. Sigue siendo, desde entonces, hilo conductor de chistes, pero ahora bajo el eco de la bicameralidad.
La obra forma parte de la temporada La Plaza Trasnoche, un espacio de debate, sátira y encuentro nocturno (incluye una recepción con bar abierto hasta las 2 a.m.). Allí, entre risas y un cóctel de fresa, los invitados se sientan en sus butacas a imaginar un país donde se discute la prohibición de la homosexualidad en el Perú.

“Senado, en realidad, es un esfuerzo de visibilizar el tema de los derechos humanos de la comunidad LGTBIQ+, pero además muestra otras cosas, como descubrir una visión fragmentada y que hay otras urgencias políticas, como siempre las habrá”, explica.
“El tema de la obra es: ¿quién pone orden entre lo que es una emergencia o una urgencia? Quiero decir: ¿más barato es curar esto que lo otro? Es terrible que se tengan que tomar decisiones así, cuando todo tiene que ser atendido. Y no es una burla. La mayoría de la información que usamos en la obra es real”, agrega.
Sobre escena, el texto convierte al público en un pleno que discute sobre canastas millonarias, fanatismos religiosos, decisiones municipales, etc. “Yo mismo no me hago cargo de lo que dice mi personaje. Dice cosas asquerosas, terribles, como querer demoler el Puericultorio Pérez Araníbar sin valorar lo que hay detrás de eso”, comenta.
Pimentel cree en la política, pero “Senado” es una apuesta artística. De ahí, a pensar en un intento masivo al estilo Carlos Álvarez, el actor marca una distancia. “Yo hablo de política desde que nací, pero no participaré. La razón que me inhibe de eso no es que un artista no tenga derecho a participar, sino que hoy tengo otros proyectos”, asegura.
En escena, Perica de los Palotes llama a los diputados a dar la palabra. ¿Quiénes son? El público. A quienes la presidenta del Senado intercepta a dedo. Dos artistas invitados se esconden entre las butacas hasta que toque su entrada. Algunos asistentes a la obra, con ganas de dar opiniones, toman el micrófono y se publicitan como ficticios políticos, mientras otros prefieren evadir el escrutinio y siguen disfrutando del espectáculo. Pero, como ocurre en el Perú mismo, todos en la sala esperan en ascuas a ver lo que sucederá en el espectáculo de la política.

“Las personas somos un todo. ¿Por qué fragmentarnos? Se intenta poner a quien piensa ‘así’ de un lado y a los demás del otro. Y eso es doloroso. El país no se ve reflejado en la diversidad del otro, en su historia, en su sabiduría. ¿Por qué no partir de algo más simple: del orgullo por el Perú, de que somos humanos, de que tenemos valores? Que pertenezcas al judaísmo, a la Iglesia católica o seas gay, ¿te aleja acaso de tener valores? Tenemos que respetarnos. Pero queremos poner etiquetas a todo, como si cada persona necesitara una clasificación. Y eso nos está fragmentando, paralizando, dañando”, sentencia Pimentel.
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Sin las polleras de la Chola Chabuca

La entrevista ocurre en una de las dos casas de Ernesto Pimentel: la de Surco. La otra, en Pachacámac, cerca de América Televisión —hogar de la Chola Chabuca desde hace 25 años—, está en plena remodelación. Ese tránsito desplazó muebles, cuadros y objetos entre un hogar y otro. Mientras tanto, Ernesto, Gael y ‘La Negrita’, como llama con cariño a su ayudante de cocina y nana de su hijo, conviven con una decoración ecléctica.
“Te voy a contar algo”, dice y se toma su tiempo.
“Hace dos décadas, que quizás no estaba ni en mis sueños ser padre, hice la piscina con un espacio para niños. Como no había niños, mi abuelita la usaba y aprovechaba los hidromasajes”, recuerda sobre su segunda madre, personaje clave en la vida de Pimentel. Doña Estela falleció a los 97 años en 2012, momento que sumergió al artista en el dolor.

Hay cuadros por todas partes, pero ninguno tiene el sello de Chabuca o el rostro de sus personajes de teatro. Algunas piezas ya dominan las paredes; otras descansan aún sobre el pavimento del jardín. Al frente, el paisaje doméstico tiene la piscina, una cama saltarina, una mesa servida con quesos, embutidos y bebidas y un rincón de macetas a la caridad del sol. “Es que descubrimos que aquí las plantas florecen, porque les cae más luz”, dice.
Mientras Pimentel posa para la cámara de El Comercio, detrás de él destaca un lienzo donde dos ‘cholitas’ cargan fruta. Los cuadros del primer piso, en general, tienen ciertas resonancias visuales que recuerdan al arte de Ángel Chávez López o Fernando de Szyszlo. “Me gusta el arte. Desde chiquito, me iba a las muestras de los pintores”, cuenta.
“¡Papá! Necesito un lápiz”, interrumpe Gael. “Ya, ¿y qué tal si se lo pides a Norita?”, espera la respuesta en silencio. “¿Por favor?”, le pregunta a su hijo.
Es un día común de otoño en el que la bocina de los heladeros suena de fondo. El fin de semana, Pimentel se viste diferente. El sábado por la noche, “El reventonazo de la Chola” sigue siendo el programa más visto de la televisión peruana. La pollera, el sombrero, la risa incentivada por sus invitados ingresa a las casas de medio país. “La Chola Chabuca muestra lo mejor de mí. No es algo alejado de mí. Muestra todo lo bueno que puedo hacer”, asegura.
“El personaje de la Chola Chabuca tiene su propia historia, pero, por ejemplo, mi capacidad de sorpresa, mi emoción, mi gusto por la música, mi amor por el folclor, mi fascinación por la tradición… Mis vestuarios parten de la admiración que yo tengo. Haber ido a la Fiesta de La Candelaria fue emocionante, sentí que era parte de eso”, dijo.
Para Pimentel, “Chabuca”, película biográfica de 2024, fue una manera de exponerse sin atajos ante el Perú y sus prejuicios. En el drama protagonizado por el actor Sergio Armasgo, en el papel de Ernesto, se revisita episodios decisivos de la historia personal del artista, incluida su relación con el bailarín Alex Brocca, un vínculo que volvió a poner bajo la mirada pública una etapa marcada por la exposición mediática y por uno de los capítulos más complejos de su vida: su diagnóstico de VIH.
“Soy ‘indetectable’ desde hace como 15 años. Significa que, gracias a la adherencia al tratamiento, mi carga viral es tan baja que no se detecta y es intransmisible”, dice tomando una pausa y retoma. “Cada año, trabajo desde el 1 de diciembre para hablar de ese tema y después intento no hacerlo, pero puedo decir que estoy muy bien de salud”, agrega.
“Yo no fumo, no tomo, no me drogo, habiendo estado en el espectáculo toda mi vida. No es que lo haya dejado. Nunca me ha provocado, lo desconozco”, asegura Pimentel.
La televisión
Hablar de la película “Chabuca” parece incomodar. Aclara a este diario que el filme “ya cumplió su ciclo”. Hoy el título forma parte del catálogo de Netflix, empresa que hace dos años le propuso un proyecto documental donde, además, cuente su historia en primera persona. “No lo sé, eso no está en mis planes y estoy tan ocupado. Tengo muchos sueños y ese no lo es”, dice.
En la conversación, el artista intenta dar una explicación de la vigencia de la televisión (el mayor productor de noticias en el Perú, según explica) frente a los nuevos formatos, como el podcast o las plataformas de suscripción. “La televisión es el medio de comunicación más importante hoy, porque te permite ser cuantificable, medible, confiable y controlable en cuanto a los contenidos. Y te hace crear marcas”, defiende.
Un reality show al estilo “RuPaul’s Drag Race”, exitoso programa de televisión del modelo estadounidense RuPaul Andre Charles, fue otra propuesta de parte de Netflix para Pimentel. “Todo el mundo me dice: ‘Haz ‘Chabuca Drag Race’”, dice con soltura, mientras se lleva un bocado de queso.
“Claro, vamos a ver si alcanza el tiempo para hacerlo. Si se da, sería una versión propia. De repente, no lo hago para la televisión, sino para las redes sociales. No me voy a cerrar a nada. A lo que sí me voy a resistir es a quedarme quieto, a mejorar. Y si mañana me toca empezar de cero, lo haré. Por esa razón, creo, sigo bregando en el espectáculo. Pasa lo mismo con el programa de la Chola. Veo las cifras, veo que estamos arriba y me pregunto rápidamente en cómo será el siguiente programa”, dice.

“La televisión es un medio de comunicación que va a coexistir con cualquier otro que exista o vaya a existir”, agrega.
Circo y música
“Si fuera una persona que hace todo lo que hacen los demás, no estaría mal, pero no lo soy”, dice.
Algunos pasajeros del Metropolitano que son conocedores de teatro, más que de televisión, se darán cuenta de la presencia de artistas en el bus público. Ernesto Pimentel, fuera de la pose de alguno de sus personajes, sube a menudo a ese transporte con su hijo y para ir al trabajo. Le pregunta a Gael cuánto cuesta el pasaje y el niño lo traiciona: “¡50 soles!”.
“Mi mayor riesgo es salir de mi casa”, admite. La frase no suena exagerada en un país donde, en los últimos años, figuras del espectáculo peruano han denunciado amenazas. Desde agrupaciones como Grupo 5 y Agua Marina hasta los comediantes peruanos de “La casa de la comedia”, en Youtube, se vieron en la condición de dejar su trabajo artístico, en medio de una crisis de seguridad que conllevó, el año pasado, más de 20 mil denuncias por extorsión en el Perú. Pero Ernesto Pimentel no ha sido víctima de extorsión.
“Prefiero no hablar de mis marcos de seguridad para no despertar suspicacias, pero sí me preocupa la seguridad de todos en el país”, dice.

Su canal en YouTube es su principal proyecto de streaming. Con más de 53 mil suscriptores, desde ahí trabaja en su lado musical. Además de presentaciones en Perú y el extranjero, continúa haciendo videoclips desde su hit en la plataforma, “Tomar para olvidar”, con 62 millones de reproducciones. “Este año estoy grabando mi EP de canciones”, comparte.
A pesar de la crisis, toma la situación con la misma calma con la que recibe un dibujo a colores de su hijo durante la mañana. “La vida es así, peligrosa”, dice como si suspirara. “Nunca he vivido como un inmortal. Cuando me tenga que operar la cadera, lo haré y esperaré tres meses o un año. No puedes vivir asustado o confiado en que no pasará nada nunca. Cada día tiene su dificultad y cada día se soluciona. Ojo: seas padre o no, también tienes que hacerlo con tu vida”, dice.
“A mí, no me interesa proyectarme en cosas negativas. ¿Y si mañana me mueres? Me muero, pues. No quiero morirme, pero voy a que la gente vive como si hubiera un manual y no es así. Piensan: ‘me caso, lanzo un libro, tengo el hijito’. Nunca he pensado así”, admite.

Hace dos años, asistió a los Premios Heat como artista musical. “Me han invitado varias veces y he sido dos veces presentador de los premios Heat. Quiero agradecer la oportunidad de haber estado en Colombia, donde me conocen. Sé que hay programas de televisión a los que les pagas y te invitan. Nosotros nunca hemos cobrado. Además, he estado en programas de Telemundo, Televisa, Entertainment Television, entre otros, y no sé por qué quieren utilizar eso para decir que yo pago por presentarme”, dice.
Aunque su figura pública suele concentrarse en la televisión o el teatro, aparte de Gael, Ernesto Pimentel puede decir que su otro bebé es el circo. Lleva dedicado a este espacio 26 años ininterrumpidos y proyecta hacia 2026 el regreso de Edgar Vivar como una de sus figuras invitadas del “Circo de la Chola”.
“Nos convertimos en una alternativa de calidad para el circo peruano, donde la Chola es solo un pretexto para presentar los mejores actos del mundo”, afirma. Según sostiene, algunos de los talentos circenses que pasaron por su circo hoy están en Cirque du Soleil. Entre otras tareas, su propuesta le ha implicado viajar, observar y seleccionar artistas del rubro fuera del país. “Tenemos artistas de Rusia, Ucrania, África, Mongolia, Marruecos. Cada año, he participado en algunos festivales internacionales y eso me permite hacer un scouting de a quién puedo traer”, cuenta.
Empezó como bailarín en el Grupo Tiza, de Carlos Latorre, mucho antes de consolidar a la Chola Chabuca como personaje popular. Pero Pimentel siempre quiso ser profesor. Lo intentó, pero dejó los estudios. Por eso, su circo funciona como si fuera una escuela. “Es como un colegio: no se consume alcohol, no se fuma, hay normas de respeto de los horarios, disciplina y rigor en el trabajo. Vivo así en mi casa y en el trabajo. Cuando las reglas son la dinámica de la vida, son eso: tu vida”, dice.
Entre bromas y comentarios que volaban por el aire, el performer y cantante peruano se permite una conversación sin sentir incomodidades, allí, en la intimidad de su hogar, a quien deja pasar extraños raras veces. Cuenta que recibe clases de canto los jueves al comando de Trilce Cavero, su profesora. Y que Gael, un niño pospandemia que recientemente comparte con otros niños en el colegio, siempre quedaba fascinado por el piano durante las sesiones musicales de su padre.
Hoy el piano antiguo de su sala tiene escrito en plumón letras de las notas musicales. En ese instrumento, el pequeño saca canciones con las teclas “a oído”. En otro momento de la entrevista, Pimentel se confiesa sobre su paternidad. “Mi hijo no ha venido a darme ni quitarme. Mi hijo no es mi felicidad, yo la comparto con él”, admite. “Suena feo, pero así debe ser. Protejo mi libertad y también la suya, porque le quiero dar una responsabilidad”, añade.
Insiste en pensarse como un creador de personajes. La Chola ocupa, por supuesto, el espacio más visible, pero no el único. Ahí están también Perica de los Palotes, la Gorda Zoila de la televisión y las múltiples identidades que exploró en “Dragtástico” (2023) en el Gran Teatro Nacional. Su próximo movimiento llegará con “Ernesto Pimentel busca chamba”, un unipersonal previsto para cerrar la temporada, donde reunirá en escena a varias de sus criaturas para imaginar qué ocurre cuando un artista, incluso sin miedos, según se jacta, se pregunta cómo volvería a empezar si se sintiera harto de su trabajo.
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