Luis Peiraro volverá a llevar a escena "El gran teatro del mundo", como lo hizo en 1997, 1999 y el 2004. El director confiesa que ya es tiempo de escribir sobre 20 años al timón de los autos sacramentales. "Si algo he aprendido, es que siempre tienes la oportunidad de hacer algo otra vez, bien o mal. Rehacer es lo que te ofrece el teatro en cada función: la oportunidad de hacerlo mejor. La función pasada ya no existe, lo que importa es la que tienes delante", explica el ex ministro de Cultura. 

Desde 1997 hasta hoy, Peirano ha alcanzado una notable perspectiva para entender el clásico de Calderón de la Barca, uno de los mayores patrimonios que nos legó el Siglo de Oro español.

"En este montaje los actores tienen muchísima más finura para entender cada elemento de lo que significa su papel", dice. 

En efecto, más allá de los visibles cambios en la tecnología teatral, para el director lo más importante es el afinamiento conceptual del espectáculo, producto de un año de ensayos, rodeado de arcángeles arcabuceros, dialogando con El Autor y El Mundo, con El Pobre y El Rico o con La Hermosura y La Discreción. 

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