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Un Atahualpa en terno de oro sube a escena en el Teatro Británico

Un incario terriblemente actual y un Inca como no se había visto antes. Los crímenes políticos de “Camasca”, se denuncian en la escena del Teatro Británico. Su director, Daniel Goldman, nos comparte sus ideas sobre este drama histórico escrito por Rafael Dumett

Camasca

Juan Carlos Morón interpreta a un Atahualpa tan elegante como sádico.

La historia la recogió el cronista español Sarmiento de Gamboa en 1572, y doña María Rostworowski la estudia en su fundamental “Historia del Tahuantinsuyo”. Tras vences a las tropas de su hermano Huáscar, Atahualpa se dirigía al sur, proveniente de Quito. En el territorio de los huamachucos, envió a dos emisarios a consultar al oráculo de Catequil sobre su futuro. La respuesta fue negativa: Nunca llegaría al Cusco para ser Inca.

Furioso, Atahualpa marchó hacia la huaca. A su encuentro salió un viejo sacerdote, responsable de aquél desafortunado vaticinio y con majestad asesina, de un golpe en la cabeza le destrozó el cráneo. Luego ordenó a sus huestes destruir el templo y la memoria de quien adorara al dios Catequil. Según la información arqueológica, la huaca Catequil estaba ubicada a los pies del Cerro Icchal, en San José de Porcón, en la actual provincia de Santiago de Chuco. Sin embargo, gracias a los hechizos del teatro, la huaca ha sido reconstruida en el escenario del teatro Británico, en Miraflores. “Camasca” (hechicero), obra con la que el dramaturgo Rafael Dumet se impuso en el más reciente Concurso de Dramaturgia Peruana “Ponemos tu obra en escena”, es llevada a escena por el británico Daniel Goldman.

Camasca

Marcello Rivera e Irene Eyzaguirre y Verony Centeno en escena. Los acompañan Iván Chavez, Anaí Padilla y Juan Carlos Morón.

Si bien es su primera vez en Lima, el director no es un advenedizo en la escena regional. Llegó a Buenos Aires a inicios de milenio decidido a trabajar en la banca, y tras vivir la crisis económica gaucha, se enamoró de la escena teatral de la ciudad. Regresó a Europa en 2002, para terminar sus estudios de Literatura española y portuguesa en la Universidad de Cambridge y seguir en París el aprendizaje escénico en la Escuela Internacional de Teatro de Jacques Lecoq. Además de haber sido por más de una década director fundador del Festival Latinoamericano de Teatro CASA, Goldman es un artista muy interesado en trabajar en los escenarios más diversos. Más allá de su castellano perfecto, ha dirigido, en swahili, para el teatro de Kenia, en hindú para una producción en la India y, próximamente, partirá a China para dirigir en mandarín.

Así, cuando la producción del Británico le propuso dirigir la obra ganadora del concurso, sin aún saber cual sería la elegida, el aceptó sin dudar. “Qué oportunidad más linda de conocer el Perú”, explica. Sin embargo, cuando leyó la obra de Dumet, una serie de dudas lo acosaron. ¿Cómo puede un inglés dirigir un relato inca? ¿Quién era él para contar nuestra historia? No quería que nadie considerara su trabajo como un ejercicio post colonialista. Pero tanto el Británico como el autor le hicieron ver que se trataba de todo lo contrario. Un director como él venía al Perú sin prejuicios, con la mayor apertura, sin culpas por ser un iconoclasta. Así, junto con Dumet y con Gaby Yepes, su asistente de investigación para la notable novela “El espía del Inca”, fue conociendo y entendiendo el mundo del incario.

Camasca

Así se construyó el escenario de la más reciente producción del Teatro Británico

“La obra es claramente iconoclasta. Presenta dos personajes históricos: un Atahualpa como pocas veces nos lo enseñan en la escuela, así como el sacerdote del templo de Catequil, a quien el Inca asesina por revelarle un oráculo no favorable. Es una historia que Rafael Dumet descubrió mientras investigaba para su novela. Yo, cuando la leí, me pareció una tragedia griega. Lo que me gusta de esta obra es que tiene muchas capas, hay mucho subtexto”, afirma

Camasca

Británico Daniel Goldman, director del montaje.

— ¿Cuánto de tragedia clásica podemos encontrar en esta obra ubicada en el incario?
Justamente el próximo trabajo que voy a hacer es “Edipo en Colono” (Sófocles), hablada en griego antiguo. He estado investigando en la tragedia griega por dos años, preparando ese proyecto. Y puedo decir que “Camasca” es una tragedia: ocurre casi todo el tiempo en un mismo lugar, el templo sagrado de Catequil. Es una obra muy estática, con un ritmo lento, y una catarsis final.

Camasca

Dramaturgo Rafael Dumett, dramaturgo peruano.

Sea en la Antigua Grecia como en tiempos de los Incas, a ningún poderoso le gusta recibir malas noticias del oráculo…
Cuando leí la obra pensé en Trump, en los políticos británicos, y en cómo los oráculos antiguos pueden compararse a los medios de comunicación de hoy. Políticos que no aceptan los resultados de las encuestas, dictadores que no aceptan los resultados de las elecciones. Y es curioso, porque en la obra, a pesar de que Atahualpa ya ganó la guerra a su hermano, Catequil no miente al vaticinar que nunca será el único inca. Dos semanas después de lo que cuenta la obra, cuando llegue a Cajamarca, sabremos por qué.

— ¿Qué tan exacta es la temporalidad del drama?
Investigamos la fecha exacta de la obra. Ocurre en un momento de luna nueva, antes de que el Inca partiera a Cajamarca. Entonces, la obra sucede exactamente del 25 al 29 de octubre de 1532. Dos semanas después, Atahualpa es capturado por los españoles. Nunca llegará a ganar la guerra por la borla sagrada, a pesar de tener a Huáscar capturado.

— ¿Cómo han sido las conversaciones entre autor y director de la obra?
Cuando leí la obra por primera vez, nos vimos en Skype. Desde entonces hablamos y compartimos ideas. La obra está escrita para seis hombres, y yo desde el inicio quería una diversidad de género. Él me decía: “si lo puedes justificar, hazlo”. Luego hemos compartido los ensayos, junto con Gaby Yepes. Siempre ha habido un intenso diálogo.

—Es muy interesante cómo rompes el espacio tradicional de la platea del teatro para instalar una rampa prehispánica. ¿Qué has logrado con ello?
Lo primero que entendí cuando leí la obra, fue que esta plantea una distancia: nadie puede aproximarse a Atahualpa, por lo que siempre debe estar atrás, como una presencia intimidante. Es la soledad de los poderosos. Queríamos que todos vean al Inca, pero también con la mayor distancia posible. Fuimos a la Huaca Pucllana y descubrimos que las rampas servían para el ascenso de las literas. También tiene una carga simbólica: dividir el espacio coincide con la bifurcación de la obra, en donde todo cambia con un sí o un no: el oráculo decide quien vive o quien muere.

—¿Cuánto crees que la obra, situándonos en el siglo XVI, nos habla también de problemas políticos urgentes?
La obra nos habla de la manipulación, de la corrupción, de las amenazas desde el poder. Icchal, el camasca, el sacerdote, es un hombre justo en un mundo corrupto. Huamanchoro, el curaca de los huamanchucos, lo intenta comprar. Pero también nos habla de la decadencia de un imperio. Pienso en el Brexit, pienso en Trump: no tenemos los líderes que necesitamos, sino los que merecemos. Es interesante pensar quiénes son los Atahualpas de hoy.

— Como en “Juego de tronos”, aquí el relato mítico se mezcla con lo que podemos encontrar en el noticiero de la noche.
Si Rafael (Dumet) quisiera, su novela “El espía del Inca” podría ser una serie que duraría cinco temporadas. Pero tendría que ser muy realista, más cerca del “Apocalipto” de Mel Gibson. En el teatro nunca podremos llegar a darle tal efecto realista. Creo que la obra es política, sería muy interesante que en cinco años Yuyachkani la llevara a escena, haciendo algo totalmente distinto. Me encantaría ver esa versión, pues es un grupo que me inspira mucho

— Generalmente, hemos crecido idealizando el pasado prehispánico. ¿Cómo liberarse de esa tentación en una obra como ésta?
¡Hay gente que verá esta obra y la va a odiar! Quizás “Camasca” no represente la idea de los Incas que pueden tener. Otros verán el vestuario y dirán que deberíamos haberlos diseñado como están en las pinturas expuestas en los museos. Tras leer la obra, supe de inmediato que tenía que hacer una versión muy fiel a la historia, y a la vez que hablara del hoy. No sé si lo hemos logrado, pero se trata de poner ambos mundos en escena al mismo tiempo y ver qué pasa.

— ¿La idealización del pasado es un pecado que cometemos todos?
Lo cometemos todos. Vengo de un país que votó por el Brexit porque quiso volver al pasado, con el lema “Make Britain Great Again”. ¡El mismo de Trump “Make America Great Again”! Aquí la palabra clave es “Again”: es la idea tan peligrosa de que el pasado fue mejor que el presente. Estamos viviendo mirándonos en el espejo de nuestros teléfonos, y por ello nuestro mundo se ha reducido mucho. Entonces creemos que cuando éramos jóvenes el mundo era mejor, sea hace 10, 20, 500 o 1000 años atrás. Nos venden siempre la idea de que el pasado fue mejor. Y la verdad es que tenemos dos opciones: pensar en un futuro ideal o en un pasado ideal. Todas las culturas están llenas de distopías y utopías.

Lugar: Teatro Británico. Bellavista 527, Miraflores. Estreno: Viernes 7 de junio. Temporada: De jueves a lunes, 8 pm. Hasta el 5 de agosto. Entrada: S/ 65 y S/ 45.


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