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Luis Sandoval: “El teatro sirve si permite cuestionarnos”

Conversamos con el actor Luis Sandoval, quien interpreta a Sam en la obra “El amo Harold y los muchachos” de La Plaza

Luis Sandoval: “El teatro sirve si permite cuestionarnos”

Luis Sandoval: “El teatro sirve si permite cuestionarnos”

Medio año después de interpretar al gracioso ‘Potro’ de la comedia “Full Monty”, Luis Sandoval asume un personaje radicalmente distinto. Esta vez, bajo la dirección del joven Adrián Saba, este talentoso actor afroperuano da vida a Sam, el experimentado mozo de Hally, personaje principal de la obra “El amo Harold y los muchachos”.

Casi ninguna similitud hay entre estas dos obras. En la primera, Sandoval era uno más del elenco de hombres quebrados que querían ganarse un dinero extra quitándose la ropa. Ahora, el actor tiene en frente un reto que para muchos es mucho más ambicioso: conmover al público del teatro La Plaza.

“El amo Harold y los muchachos” cuenta la historia de Hally, un estudiante de secundaria blanco en la Sudáfrica de mediados del siglo XX que carece de un vínculo cercano con sus papás, por lo que ve en Sam y Willie [mozo principal y mozo más joven de la cafetería familiar, ambos negros] a sus seres queridos.

Lo que parecería una historia de armonía se convierte, por razones del destino, en un tubo de ensayo para que Hally desfogue su racismo contenido, principalmente hacia Sam, aquel mayor que lo crió como un hijo. Ese ‘padre no biológico’ es interpretado por Luis Sandoval, quien conversó brevemente con “El Comercio” sobre esta puesta en escena que irá hasta el 5 de marzo.

-¿Cuál fue la principal dificultad al asumir su personaje?

Sam es un personaje muy complejo, tan tierno y a la vez tan paternal, con un objetivo tan preciso en su vida y esperanzador en la relación con Hally. Aunque también es una persona conformista, porque siente que no será partícipe de un cambio sino solo a través de este chico al que forma como una posibilidad para que esto (que desea) se logre. Todas esas complicaciones al interior de Sam lo convierten en un personaje complejo a nivel psicológico, y ahí creo que está la mayor dificultad para mí como actor.

-¿Esto le genera quizás mayor placer que hacer una comedia como lo fue “Full Monty”?

Creo que cada proceso tiene una riqueza. Si bien “Full Monty” tenía otros retos, el ritmo de la obra o quizás la construcción física de personaje, creo que en “El amo Harold y los muchachos”, el hecho de enfrentarme a un texto mayor, con un personaje tan complejo me obliga a encararlo de una manera distinta con relación a cómo trabajé en el pasado. Yo le planteé al director que mi personaje iba a ir con calma, que a Sam debía ir entendiéndolo en el camino, y que a priori no me aventuraba a fijar emociones concretas. Adrián (Saba) supo cómo guiar ese proceso y el resultado es muy aceptable. A pesar de que siempre hay puntos que uno puede seguir trabajando.

-Cuando uno ingresa al teatro ve en las paredes fotografías de los abusos que cometió el apartheid. ¿Cuánto cree que esto ayuda a insertarnos en la realidad de lo que veremos luego sobre las tablas?

Creo que todo es parte del proceso de hacer entrar al público en la historia. Y además, luego entras a la sala y ves la escenografía, te fijas en los detalles. Todo es un apoyo importante, porque finalmente si queremos que el teatro nos sirva, pues debe generarnos preguntas, darnos la posibilidad de cuestionarnos a nosotros mismos.

-¿Por qué cree que una historia así podría tener un efecto importante en la sociedad peruana actual?

Si bien no vivimos en un apartheid, nuestra sociedad tiene mucha similitud a la forma de relacionarse que tuvo ese sistema. Creo que en el Perú existe un racismo asolapado, que vive en cada uno de nosotros. Y esta obra ayuda a preguntarnos cuán racista, discriminador o intolerante somos con los diferentes seres que integran nuestra sociedad. Eso es positivo y nos hace mejores personas.

-¿Cuál cree que es el momento más complejo que usted debe enfrentar en los 100 minutos que dura la obra?

La parte más compleja me parece el final porque es súper fuerte y te hace, como actor, confrontarte a sentimientos muy poderosos y quizás destructivos. Pero eso es lo fascinante de este trabajo, que nos permite dejar aflorar eso que a veces una persona cualquiera no puede.

SOBRE LA OBRA
Esta obra irá hasta el 5 de marzo. Los horarios son de jueves a martes a las 8 pm y los domingos a las 7 pm. Las entradas están a la venta en Teleticket de Wong y Metro, y en la boletería del teatro La Plaza. También pueden adquirirse vía el Call Center de La Plaza 505-0550.

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