Por Alfonso Rivadeneyra García

Un clásico de las comedias es poner a una familia numerosa bajo el mismo techo y dejar que los conflictos, generados por las diferencias entre los personajes, gatillen el humor. Pero, tal y como hay risas entre los que se aman, también hay lágrimas; quién, si no es la familia, puede destrozarle el corazón sus miembros con solo una palabra. Así, las diferencias se vuelvan irreconciliables, llevan a personas a no volver a verse las caras, ni dirigirse la palabra o mandarse un mensaje por Whatsapp al menos. Una obra de teatro peruana va a la raíz de estos conflictos.

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