Norma Martínez alista nueva obra. Se estrena en el teatro Británico.
Norma Martínez alista nueva obra. Se estrena en el teatro Británico.
Maribel De Paz

Su padre trabajaba en una fábrica de explosivos. Su madre, en un banco. Lo que pareciera una astuta dupla de película conformaba la cotidianeidad de z, criada “sin excesos pero sin carencias”. Hoy la actriz, directora teatral y conductora del programa televisivo “Sucedió en el Perú”, afirma vivir un momento de armonía, gozo y mayor confianza en la vida, incluso cuando se trata de dirigir una obra como "Puente", en la que el suicidio acecha.

— ¿El suicidio es un derecho para acabar con todo?

Yo creo que sí. Si una persona decide poner fin a su vida, pues tiene el derecho, pero a pesar de lo difícil que a veces es vivir, yo no interrumpiría el ciclo vital de nadie, y tampoco el mío, por supuesto. Espero nunca estar en un lugar tan oscuro como para pensar que la única salida es acabar con mi vida.

— Se me viene a la mente la situación de Ramón Sampedro, interpretado por Javier Bardem en el cine.

Sí, la eutanasia es un suicidio asistido que, de pronto, es un derecho para terminar la vida con dignidad, y quizás esa sería la única situación en la que yo podría pensar en acabar con mi vida voluntariamente, ante la posibilidad de perder facultades y no poder hacerme cargo de mi vida.

— ¿Te vuelve indigno eso?
Creo que en algunos casos la enfermedad te hace perder cierta dignidad, en ciertos extremos. Es fuerte lo que digo, pero creo que sí. Somos los únicos animales que no prescindimos de los demás ante la enfermedad o ante la deformación y, entonces, apelando a ese instinto más primario y animal, quien no está totalmente preparado para seguir en la lucha la tiene más difícil.

— ¿Tienes miedo a la muerte?
Sí, a la muerte de mis afectos, de la gente que amo. Eso debe ser tremendo cuando uno envejece.

— Tú quisiste estudiar literatura.
Sí, cuando salí del colegio.

— ¿Qué pasó?

Pasó la vida, supongo. No provengo de una familia de intelectuales ni de artistas. Mi padre trabajaba en una fábrica de explosivos y mi madre en un banco. Yo empecé a leer desde muy chica, me fascina la literatura, pero no tenía con quién confrontar esta sensibilidad. Al final terminé estudiando publicidad y casi por 'default' llegué al teatro. Aquí me quedé.

— Se habló de un 'boom' del teatro nacional y luego de que no había tal 'boom'.

Yo nunca he creído que hubo un 'boom', sino la sensación de que había más público, y hay más público y propuestas, pero mientras no tengamos políticas de educación que involucren a las artes desde la escuela, no vamos a generar públicos ni personas que vayan a museos ni personas que estén interesadas en el arte como una formación esencial para un ser humano. Entonces, después de esa ilusión de 'boom', nos hemos vuelto a acomodar en donde estábamos en el movimiento teatral, con mejores niveles de producción. De pronto ese 'boom' fue porque se comenzaron a hacer grandes producciones que atrajeron públicos no necesariamente aficionados al teatro, sino a los espectáculos, que es diferente. Y de aquel público quizá hemos rescatado a algunos que se quedaron en el teatro, pero el público aficionado al teatro sigue siendo menor a nuestra oferta teatral.

— Eres supersticiosa. ¿Es verdad que entras siempre con el pie derecho al escenario?

Siempre. Tengo determinadas rutinas que sigo rigurosamente antes de cada función: me pongo el vestuario en el mismo orden, ordeno mis cosas en el mismo momento, hago mi rutina de calentamiento de determinada forma a determinada hora. Es como convocar a la magia.

— Que es una forma de decir que eres obsesiva.

Sí… el teatro es un espacio ritual, nace del rito y es el lugar a donde uno viene a ver y a verse. Es magia y creo que, para mí, asegurando esa pequeña rutina creo las condiciones necesarias para que la magia ocurra. Es un pensamiento mágico. Obsesivo se diría hoy en día. Pero así como el cazador dibujaba al bisonte en la pared de su cueva antes de salir a cazar, yo ordeno todos los elementos de la función antes de salir a actuar.

— ¿Y como directora cómo invocas la magia?

Como directora, una vez que empieza la obra, ya la magia es de los actores, y el director no sabe muy bien dónde estar porque en el camarín molesta a los actores, en la cabina molesta a los técnicos, en la boletería te miran como diciendo qué haces aquí. Entonces, ya no tienes un sitio donde estar.

— ¿Y tú dónde estás?

A veces en el camarín, a veces en la cabina y a veces mirando la función desde algún lado. Pero la magia, si hemos hecho un buen trabajo previo, confío en que va a ocurrir... Los magos ya serán los actores.

— Estás dirigiendo dos obras a la vez.

Sí, es una locura, así ocurrió y así lo tomé. Estreno “Puente” el 3 de junio y el 15 de junio estreno “Pulmones” en la Alianza Francesa, que es el primer montaje de mi productora Animalien, sobre una pareja que se plantea la posibilidad de tener un hijo en este tiempo.

— Lo dices con tal gravedad… ¿Qué es lo peor de tener un hijo en este tiempo?

Nada es lo peor de tener un hijo en ningún momento, pero una pareja que se plantea la posibilidad de tener un hijo hoy tiene que pensar en muchas más cosas que quienes se plantearon tener un hijo hace 80 o 100 años: que haya un calentamiento global importante, que el universo está superpoblado, que si quieres tener un hijo entonces tienes que ser responsable con la manera como vives, además de las preocupaciones personales de si seré capaz de criarlo. Hay un cuestionamiento ético en términos de la supervivencia de la especie que hay que considerar y que posiblemente hace 100 años no estaba tan presente.

— Siendo “Puente” una obra sobre el suicidio, ¿qué fue para ti lo más difícil al momento de trabajar este tema?

Mi primera sensación fue que no debíamos trabajar con un espacio realista porque todos conocemos el puente Villena. Entonces, la idea estética del montaje tiene que ver con la creación de una suerte de limbo donde estos personajes han saltado o no, están vivos o no. Pero más que una obra sobre el suicidio es una obra sobre la vida, sobre el encuentro entre cuatro desconocidos que se disputan su derecho a saltar, y que tienden un puente de comunicación entre ellos que tal vez les permita resistir un día más. Desde que leí la obra, mi primera sensación fue que era una comedia negra. Y, sí, es raro, pero creo que para acercarte a ciertos temas el humor también sirve, y en el texto encontré un discurso sobre un encuentro que permite reencontrarte con la vida y no con la muerte. Además, estoy en un momento de mi vida en el que voy a elegir apostar por la vida siempre, incluso dirigiendo una obra como esta.

— ¿Cómo es este momento que estás viviendo?

De mayor confianza en la vida, de mayor tranquilidad, de mayor armonía y gozo, de tratar de encontrar lo mejor en todo, porque la vida es la vida, pero es tu mirada lo que hace que eso sea positivo o negativo.

— ¿Eres optimista o tratas de serlo?

Yo diría que trato, que trabajo un montón, conscientemente, para serlo, pero ni siquiera para ser optimista, sino para tener confianza, para estar presente, momento a momento.

MÁS INFORMACIÓN
Lugar: Teatro Británico.
Dirección: Jr. Bellavista 527, Miraflores.
Temporada: del 3 de junio al 17 de julio.
Hora: 8 p.m.
Entradas: Teleticket y boletería del teatro.

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