Módulos Temas Día

Más en Teatro

Osvaldo Cattone: "No soy un viejo que da lástima"

Luego del rotundo éxito de “El padre”, Cattone se vuelve a subir a las tablas en el Marsano con un montaje que celebra la existencia: “Vivir es formidable”

Osvaldo Cattone

“A mí lo que me interesa es mi calidad de vida, no la cantidad de vida”, dice Cattone (Foto: El Comercio)

“Ya te llamo. No sé si para agradecerte o para mandarte a la mierda”.

Osvaldo Cattone se despide así, carcajada de por medio, recordando antiguos sinsabores periodísticos. Luego de una larga charla y una, más larga aun, sesión de fotos en su casa en La Encantada de Villa, nos ha invitado a compartir el almuerzo por el cumpleaños de uno de sus varios colaboradores en el cuidado de su casa. En el comedor de la terraza, frente a la piscina adornada con dos desnudos femeninos tallados en piedra, Cattone inicia el ritual: uno a uno, con parsimonia, va sirviendo él mismo cada plato. Primero, la causa de atún. Luego, el guiso de carne. Con la torta ya coqueteando con sus jugos gástricos, Cattone advierte entonces al joven cumpleañero: “Tómate el resto de la tarde libre, pero con una condición: hoy tienes que hacer sexo”. Acto seguido, lo ilustra sobre la cábala que señala que todo aquello que no se haga en el día del cumpleaños podría faltar el resto del año.

Con su habitual hablar verborreico, Cattone ha empezado la entrevista citando a Chaplin: “Yo creo que cuando una obra no gusta, a lo mejor no es que sea mala, sino que el público no la comprende. Chaplin lo dijo una vez: el público también se equivoca. Si no, ‘Avengers’ sería la mejor película”.

Finalizado el encuentro, dejamos atrás su amplio caserón con fotografías suyas por doquier. En el baño mismo, al lado del wáter, un afiche de “El padre” acompaña las inspiraciones más íntimas del artista. Junto a su cama, sobre el velador, destaca un tazón con cebollas por cuyo sentido (¿quizá vampírico?) preferimos no preguntar. Cattone ríe hasta el final.

Osvaldo Cattone

(Foto: El Comercio)

— Sueles hablar sobre la felicidad.
La felicidad es un derecho.

— ¿No resulta sospechoso hablar de felicidad en un mundo muchas veces oscuro?
La felicidad es un derecho que nos corresponde, y que nosotros la cagamos. Nosotros somos los que, de pronto, después de haber leído a Marx o a [Pierre] Lemaitre, hacemos lo contrario, lo destruimos, hacemos mal uso de la palabra. Es mentira que el mundo es oscuro, yo creo que no es así. El mundo es claro y maravilloso. El mundo es perfecto. Los imperfectos somos nosotros.

— Has dicho anteriormente que todos somos Dios, que Dios está dentro de cada uno.
Esa es la única verdad. Yo soy Dios, tú eres Dios. Ahora, yo trato de no lastimarme. No es que yo sea honesto porque hay que serlo. Lo que quiero decir es que, el ser como yo, a mí me ha hecho bien. Fui honesto y no fui drogo porque no me interesó. No tomo alcohol porque no me gusta. No fumo, pero no porque no me voy a morir de cáncer, porque a lo mejor igual me muero de cáncer. No fumo porque no me da placer. A mí me fue fácil ser un hombre correcto porque la incorreción me hace daño. Robar me haría daño. Me volvería un hombre tóxico.

— Hace poco vimos el caso del científico de 104 años que fue a Europa para hacerse la eutanasia porque consideraba que era su derecho morir estando bien.
Yo lo pensé también. Yo soy muy amigo de Susana Giménez, y a veces lo conversamos. A mí me parece que es un derecho. Yo lo haría. Si un día me quedo ciego por la edad, paralítico, o si tuviera una hemiplejia, a lo mejor tomaría esa decisión, porque a mí lo que me interesa es mi calidad de vida, no la cantidad de vida. Tengo la suerte de haber llegado hasta los 85 y no ser un viejito, porque yo me doy cuenta, lo sé, y lo sé porque me acabo de aprender una obra de 80 páginas de memoria, tanto Gassols como yo, y entonces me doy cuenta de que todavía estoy en el mundo, y que no soy un viejo que da lástima. Yo no doy lástima.

La vida formidable
— Tu padre fue carnicero.
Mi papá era carnicero, sí. Y mi mamá ama de casa, pero mi mamá cuando se casó lavaba ropa para afuera, y no con una lavadora, lavaba ropa en una tabla, y lavaba ropa de carniceros, de compañeros de mi papá, con sangre, a la que había que ponerle lejía y pegarle palos. Pero yo no vi eso. Yo vi el progreso… Tuve mala relación con mi papá, porque él, como buen inmigrante italiano, quería un hijo médico, ingeniero o abogado. No lo hacía feliz tener un hijo que estaba luchando, no triunfando. A lo mejor si él hubiera visto esta etapa de mi vida, y este resultado, hubiese sido más feliz, pero él vio las audiciones, los fracasos, el querer hacer una película y que eligieran al otro, el hacer una telenovela y hacer el último papel, diciendo “la mesa está servida”. Mi papá no vio “Hamlet” hecho por mí, no vio “El padre”.

Osvaldo Cattone

(Foto: El Comercio)

— ¿Hubiera estado orgulloso?
Ahora sí. Mi mamá sí vio los buenos momentos, vio el afecto. Por eso me quedé en Lima, cuando vine contratado para hacer una telenovela con Regina Alcóver.

— Me decía Regina en una entrevista, precisamente, que tú eres para ella el hermano que siempre hubiera querido tener.
Sí, la amo. Nos amamos… pero no sexualmente. No. Es que ella es mi preferida porque no se puede tratar a una persona 45 años y que no entre a tu vida.

—Hace no mucho dijiste: “Yo ya no pienso en el sexo”.
Yo solamente pienso en el sexo. Porque ya se reduce a un pensamiento. 85 años es mucho.

— ¿No decías que el Viagra ayuda?
Sí, pero el Viagra funciona hasta cierto momento… y si te tienes que preparar tanto para hacer el amor, ¿dónde está el amor? ¿Entiendes lo que te digo? Imagínate: sé que dentro de media hora voy a hacer el amor contigo, y me preparo, tomo el Viagra, veo qué efecto me hace… y se fue la magia. ¿No te parece? ¿No era más lindo cuando teníamos 40 o 50 y todo era ¡plá!, te chapaba y te tiraba a la piscina? Me parece que lo que me queda, Maribel, es el encanto. Lo que me queda es el ángel, la cultura, el conocimiento. Y entonces la atracción es otra. Podemos ser amigos sin necesidad de llegar a más. No digo contigo.

— Claro.
Podemos tener otro placer. Y con respecto a las diferencias de edades, si tú te enamoras de un hombre de 80 años, como yo, por ejemplo, va a llegar un momento en que se van a establecer carencias no solo de carácter sexual… Pero hay que hablar de la obra, porque ahora descubro que voy a tener en El Comercio una clase extraordinaria de cómo envejecer a tiempo y no morir en el intento. “Vivir es formidable” es una pieza hermosa sobre todo acerca de un hombre, porque aunque los protagonistas son dos viejos, hay uno, que es el caso mío, que lleva la batuta: un tipo tan vibrante e inconsciente como yo, o sea, es mitómano, inventa.

— Puede que todo lo que digas sea mentira, entonces.
¡Y qué importa! Es un hombre que se resiste a enfrentarse a los problemas de la vejez: la soledad, la incomprensión, el asilo. Y se resiste porque se siente, como yo, con derecho a la vida, y tiene un amigo pusilánime, que es Gassols, claro, por eso lo elegí a él, porque yo no podía tener un contrincante tan fuerte como yo. Yo necesitaba una personalidad que no fuera invasiva, porque yo soy una persona invasiva, me meto con la gente, la penetro, la escucho, la acoso, o sea, en la vida también soy así.

—¿Y qué es lo más formidable de vivir?
La vida misma. Esta obra demuestra que la vejez es una etapa que tenemos que enfrentar y gozar como lo hemos hecho en la adolescencia y la niñez. Yo, por ejemplo, teniendo conciencia de que me voy a morir en cualquier momento, me gozo cada día como si fuera el último, pero también me lo gocé a los 20 años, y a los 40, porque el dolor de la pérdida de un hijo, o la pérdida de un amor, el divorcio o la rutina, el dolor de la vida, lo tienes a cualquier edad. Entonces, no me parece justo aplicar solamente a la vejez el sentimiento de la pérdida. Yo perdí un amigo querido a los 22 años, se suicidó. Yo perdí a mi padre cuando tenía 21 años. Y tuve que hacerme cargo de una familia, porque éramos pobres, y por eso tengo esta sensación de carencia en cuanto a la igualdad. Yo la palabra 'cholo' la escuché por primera vez en Lima.

— ¿En qué contexto?
Un contexto desagradable, despreciativo. Era de un cholo hacia otro cholo, una gorda impresentable [sic] me dijo: “Esa chola de mierda de mi empleada me tiene harta”, y lo dijo despreciativamente, siendo ella tan vernacular como la empleada. En ese momento, dije: “Qué jodida es la gente”, porque yo podría decir: “Esa tipa de mierda me tiene podrido”, porque es una tipa de mierda, pero no porque es una negra de mierda o una judía de mierda o una chola de mierda. Mi inteligencia me lo prohíbe. Me lo prohíbo internamente. Si uno odia al homosexual, al cholo o al otro actor porque es mejor que uno, siempre hay una carencia. Vamos a convertir esto en una clase de psicología, pero a lo mejor ayuda a la gente. Yo siempre pienso, por ejemplo, que si levanto el telón el día de mi estreno con el terror del fracaso, esa negatividad se va a volver en contra mía. En primer lugar, porque me va a hacer sufrir antes del estreno con un sufrimiento inútil. Winston Churchill lo dijo: “Me he pasado la mitad de mi vida preocupado por cosas que nunca sucedieron”. Mirá qué lindo.

— Y cuando llegue el momento inevitable de la muerte, ¿qué te gustaría que dijeran las portadas de los diarios?
“Murió un buen tipo”. Porque yo no sé si soy un gran actor o director. No lo sé.

Más información:
"Vivir es formidable" Lugar: Teatro Marsano (Av. General Suárez 409, Miraflores). Temporada: hasta el 12 de agosto. Horario: de miércoles a sábado a las 8 p.m. y domingo a las 7 p.m. Entradas: Teleticket y boletería.

Tags Relacionados:

Osvaldo Cattone

teatro

Leer comentarios ()

SubirIr aúltimas noticiasIr a Somos
Ir a portada