¿Puede tu madre ser tu peor enemiga? Karina Jordán, ganadora del Premio Luces, se sumerge en la oscuridad con su nueva obra
Jordán, reciente ganadora del Premio Luces a mejor actriz de teatro por “Daño”, nos habla de su trabajo actual, “Las cosas que sé que son verdad”, que puede verse en La Plaza.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Karina Jordán ha trabajado en cine, televisión y teatro. En el 2023, integró el elenco de “Soltera codiciada 2” y desde entonces se ha enfocado en la docencia y el teatro. Los resultados, incluyendo el Premio Luces, hablan por sí mismos.
Karina Jordán (40) no asistió a los Premios Luces 2026, en el que ganó el premio a Mejor Actriz de Teatro. Mientras el público aplaudía en el Hilton de Miraflores al escuchar su nombre, ella estuvo a solo unas cuadras, ofreciendo una interpretación que combina el dolor de una vida con los deseos de forjar felicidad. “A veces se puede estar, a veces no. Pero de alguna manera simbólica, como obrera del arte, una nunca para”, contó a El Comercio.
Karina Jordán (40) no asistió a los Premios Luces 2026, en el que ganó el premio a Mejor Actriz de Teatro. Mientras el público aplaudía en el Hilton de Miraflores al escuchar su nombre, ella estuvo a solo unas cuadras, ofreciendo una interpretación que combina el dolor de una vida con los deseos de forjar felicidad. “A veces se puede estar, a veces no. Pero de alguna manera simbólica, como obrera del arte, una nunca para”, contó a El Comercio.
La actriz ganó por su protagónico en “Daño”, de la dramaturga Phoebe Eclair-Powell, una reflexión sobre redes sociales y cómo una persona puede utilizarlas para destruir a otra. Reconoció estar “bajoneada” por no llegar a la premiación, pero allí estuvieron sus amigos para apoyarla, incluyendo el director Mikhail Page, quienes fueron a su casa a celebrar. “Era un personaje cuya oscuridad era difícil de acceder, entonces había que trabajarlo. Ella envidia mucho. ¿Qué envidio yo? ¿En dónde está mi resentimiento de estas cartas mal repartidas en mi vida?”, añadió la actriz, quien no descarta retomar el papel en el futuro, por más desgastante que sea.
Cada semana, Jordán se mete en otro rol que también le demanda intensidad. En “Las cosas que sé que son verdad” (La Plaza) es Paty, la hija mayor de un matrimonio que ha sobrevivido a todo. Ella, por primera vez en su vida, elige pensar en sí misma y no tanto en los demás.
“Salir del matrimonio y asumir el fracaso de lo que construiste con un esposo, con dos hijas, es durísimo. Y hacerlo además para dar el salto de vivir en otro país y que uno de los motivos también sea el que has conocido a otra persona, quien además también tiene otra relación, complejiza muchísimo el personaje”, cuenta Jordán, cuya Paty está en permanente choque con la madre, Fran, interpretada por Mónica Sánchez; un personaje al que es fácil odiar, que tiene preferencia por sus hijos hombres, y que vive sus propios dramas.
“Ir hacia la hija es un rol que ocupo dentro de mi sistema familiar. Tengo una relación compleja, como toda hija, con su madre. Y era como algo mucho más personal, cercano. Tengo un padre recién jubilado, como Toño, un personaje que me destruye”, asegura Jordán sobre el papel de Carlos Mesta, un hombre con ceguera selectiva que elige ignorar situaciones; en consecuencia, su vida familiar se derrumba.
Karina Jordán junto a Mónica Sánchez en "Las cosas que sé que son verdad". La tensa relación entre una madre y su hija define el primer tramo de la obra.
/ Marcelo Morales
Dirige la obra K’intu Galiano, quien no solo trabajó el texto con sus actores, sino que los hizo improvisar escenas para establecer entre ellos una dinámica familiar. “En esas improvisaciones iba saliendo muchísimo material de nosotros, de nuestro inconsciente, y muchísimas historias que compartíamos entre nosotros”, contó la intérprete.
El impacto de “Las cosas que sé que son verdad” no se discute. La función a la que asistió El Comercio tuvo llanto en distintos momentos. Jordán cuenta que el elenco ya veía venir esta respuesta. Cuando hicieron una lectura de libreto con público presente, la reacción también fue emotiva. “Desde esa primera lectura nosotros sabíamos que era un material muy potente porque, claro, estamos hablando de la familia, de cómo sigues queriendo a alguien a pesar de no ser lo que esperas que sea”.
Enfocada últimamente solo en el teatro y la docencia, se ha tomado las cosas con calma, sin la inmediatez de la pantalla. Tal vez eso explique su racha de obras, incluyendo la engañosa “¡Casa, llegué a cariño!” (Británico), más compleja de lo que parecía. Personajes que viven con una penumbra en la que está dispuesta a sumergirse.