El director venezolano Héctor Manrique se basó en Ricardo III para desarrollar su versión teatral del asesino Edmundo Chirinos. El monólogo al que dio forma tiene casi una hora y media de duración. (Foto: difusión)
El director venezolano Héctor Manrique se basó en Ricardo III para desarrollar su versión teatral del asesino Edmundo Chirinos. El monólogo al que dio forma tiene casi una hora y media de duración. (Foto: difusión)
Juan Diego Rodriguez Bazalar

Como a todo el país, la noticia lo dejó helado. Lo conocía de toda su vida, sabía de sus pergaminos como profesional y de su larga amistad con su padres. Habían compartido cenas y reuniones, le había abierto la puerta del camerino antes de cada una de sus funciones, así que lo dicho por la policía lo desconcertaba. ¿Podría su tío, el padrino de su hermano menor, ser un extorsionador y un asesino despiadado?

Así como él, el pueblo venezolano comentaba pasmado la noticia. El fundador del Colegio de Psicólogos de Venezuela, candidato a la presidencia en 1998, autor de cerca de 700 libros, había golpeado sin piedad a su amante y tirado su cuerpo para que no lo hallaran. ¿La razón? Ella había descubierto los abusos a los que Edmundo Chirinos había sometido a sus pacientes mujeres, las 1.200 fotografías de ellas desnudas que él cuidadosamente guardaba; y pensaba exponerlo. El asesinato era la única salida.

Ahora, 12 años después del escándalo, el actor y director Héctor Manrique recuerda que aunque el fallecido Chirinos nunca fue santo de su devoción, jamás esperó que fuera un asesino. O peor aún, una mente maquiavélica capaz de violar a más de diez de sus pacientes. Pero, de alguna forma, todo su prontuario daba sentido a sus conductas.

“Él era asiduo a mis espectáculos y llegaba antes para acompañarme en el camerino, sobre todo si la obra tenía actrices guapas –recuerda Manrique–. Él era un gigoló, sin ser guapo, pero siempre estaba rodeado de mujeres bellas. Él me llamaba para avisar que iba a ver la obra, y yo sabía que si había una actriz guapa él iba a llegar más temprano”.

El caso de Chirinos –quien años antes había captado la atención mediática por ser el consejero y guía espiritual de Hugo Chávez, a quien se dijo convenció de no divorciarse– concluyó con una sentencia de 20 años de cárcel. Años más tarde, la periodista Ibéyise Pacheco recopiló lo más destacado del proceso en “Sangre en el diván”, libro que en manos de Manrique se convirtió en una obra de teatro.

“Del libro solo tomé un capítulo que se llama ‘El delirio’, una larguísima entrevista que ella le hizo a Chirinos cuando estaba en su casa pagando prisión domiciliaria. Todo lo que digo sobre el escenario son palabras que él uso. Es él hablando”.

Con el mismo título del libro, la puesta en escena se estrenó en el 2014 en Caracas. Desde entonces, la obra se ha presentado en varios escenarios del mundo. En marzo, los limeños podrán verla en el CCPUCP.

HAZTE FAMA

Se le pregunta a Manrique qué es lo que –además del asesinato y las joyas de Chirinos– hace tan interesante esta historia. Él afirma que en Venezuela, un país en el que suele haber más de 20 mil asesinatos al año, el interés pasa por que se trató de una persona de prestigio. “Pero también tiene que ver con que no es un caso aislado –agrega el director–. Hurgando en el tema descubrí un escándalo similar con un psiquiatra en Andalucía, así que de esos ‘Hannibal Lecter’ tenemos varios. Lo terrible de eso es que podríamos estar sentados al costado de uno y no tendríamos la más mínima idea”.

Tiene que ver, también, la fascinación por las personas de gran manejo de palabra, de simpatía sin igual, esos que hacen que la audiencia delire con ellos. La risa y el deslumbramiento son los grandes protagonistas de este tipo de relatos: habría que pensar en Ricardo III, quizá la epítome del seductor, de la persona que hace cómplice a la audiencia hasta que se devela como un ser asqueroso.

“Ricardo III me sirvió de estudio para desarrollar el papel, porque así como él, Chirinos era un tipo poco agraciado y de gran labia –dice Manrique–. Pero la idea de vivir con el demonio me perturba. Los vemos a diario y si revisamos la historia, también. Los peruanos han tenido a Alan García, un enorme seductor, un gran orador, un tipo con una enorme capacidad de manipulación con la palabra. Nosotros, los venezolanos, vivimos esta situación trágica a causa de otro gran seductor, Hugo Chávez, quien, no hay que olvidar, fue paciente de Chirinos”.

MÁS INFORMACIÓN

Lugar: CCPUCP. Dirección: Av. Camino Real 1075, San Isidro. Temporada: 20, 21 y 22 de marzo. Entradas: boletería.