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Las tres Marías [Crítica de teatro]

"'La extravagancia' propone un cuadro excéntrico de disfuncionalidad familiar", reseña Alberto Servat

Las tres Marías [Crítica de teatro]

¿Cómo nos afecta la palabra? ¿Hacia dónde nos empuja el lenguaje? ¿Qué tan poderosa es la lengua como arma? Estas son, sin duda, algunas de las preguntas que debemos hacernos al observar con atención "La extravagancia", de Rafael Spregelburd. Una obra de un acto y una hora de duración, y que junto con otras seis piezas creadas por el mismo dramaturgo argentino compone un ciclo llamado "Heptalogía de Hieronymus Bosch". Un ambicioso proyecto escénico compuesto a partir de la famosa Tabla de los Siete Pecados Capitales, de El Bosco. Son reflexiones en directa oposición con la idea del pecado: inapetencia, modestia, estupidez, pánico, paranoia, terquedad y extravagancia. Pero que al final resultan complementarias por la humanidad que destilan.

"La extravagancia" propone un cuadro excéntrico de disfuncionalidad familiar. Con una trama tan extrema que bien podría ser parte de una invención retorcida de alguna de las protagonistas: María Socorro, María Brujas y María Axilas. Hermanas trillizas que se ven obligadas a comunicarse tras muchos años apartadas. Cada una lleva consigo una serie de reproches producto de la envidia y los recelos que comenzaron en la infancia. Lo interesante de la obra es que no está planteada de una manera convencional sino como tres parlamentos cuyos momentos de inflexión están al servicio de la dramaturgia aunque no coincidan necesariamente con una idea de narración lineal.

Carlos Tolentino, un director riguroso y que en los últimos años nos ha ofrecido trabajos bastante acabados, se aventura en el terreno pantanoso sobre el que caminan las protagonistas. Y aunque no se hunde en el fango siento que no logra trasmitir con nitidez sus ideas sobre la obra que nos presenta. Asume lo extravagante solo en el sentido literal de la palabra y consigue un vistoso cuadro escénico, dejando de lado temas más incómodos que finalmente están ahí aunque ocultos por el sarcasmo de las frases ingeniosas y los cambios de temperamento de los personajes.

El punto débil del montaje es que parece que estuviera elaborado como un reto personal para Cécica Bernasconi, la actriz a cargo de los tres personajes. Se desvía así la atención de las preocupaciones reales del autor porque finalmente el texto sirve de vehículo de lucimiento para una sola persona. Despertando inquietud en la audiencia por las transformaciones de personalidad o los cambios de humor, dejando en un segundo plano a la palabra. Y lo que no debemos olvidar es que el lenguaje es en la obra de Spregelburd el verdadero protagonista, cosa que en esta oportunidad no vemos. Tal vez elegir a tres actrices sería más apropiado para entender hacia dónde nos lleva el autor. Nos concentraríamos en la diversidad de los temperamentos y percibiríamos matices muy diferentes de amargura.

Por supuesto, hay que aplaudir que el Teatro de Lucía comience el año con una obra diferente. En una ciudad con tan pocos teatros la labor de la familia Bernasconi-Irurita merece nuestra atención y aplausos. Y nos lleva una vez más a una idea que he planteado en más de una oportunidad en estas páginas: la necesidad de explorar y aventurarse.

Quiero aprovechar este último párrafo para despedirme de los lectores que a lo largo de todo este tiempo me han seguido. Las artes escénicas necesitan del intercambio de opiniones aunque estas no sean siempre complacientes. El debate y la discusión ayudan al entendimiento y a la consolidación de un arte tan vinculado al lenguaje. De nada sirven los éxitos o fracasos si de ellos no aprendemos nada. En esta columna he tratado de proponer un diálogo con la gente de teatro, a quienes agradezco la paciencia, y con el lector para contagiarle la pasión por las tablas. Hasta aquí mis críticas, al menos por un tiempo, porque he decidido emprender nuevos retos profesionales. Lo que no me desvincula del que considero uno de las más grandes placeres del mundo y un arte grandioso en todo el sentido de la palabra: el teatro.

AL DETALLE

Calificación: 2 estrellas de 5
Título: “La extravagancia”.
Dramaturgo: Rafael Spregelburd.
Dirección de esta versión: Carlos Tolentino (con dirección adjunta de Norma Berrade).
Actúa: Cécica Bernasconi (voz en off de Attilia Boschetti). 
Lugar: Teatro de Lucía (Bellavista 512, Miraflores).
De jueves a lunes a las 8 p.m. Domingos a las 7 p.m. 
Hasta el 6 de marzo del 2017. Tweets by Luces_ECpe

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