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"Idiota", la columna de Marco Aurelio Denegri

En su columna semanal, Marco Aurelio Denegri afirma que "idiota por ignorante es acepción que hoy ya no rige".

Idiota, la columna de Marco Aurelio Denegri

Idiota, la columna de Marco Aurelio Denegri

Al paciente de idiotez o idiocia se le llama idiota. El idiota padece de un trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales. La idiocia es el grado mayor, abismal, hondísimo, de retraso mental. Esta acepción médica, psicopatológica, del término idiota, es moderna, decimonónica, y está en el DRAE desde la undécima edición de éste, o sea desde 1869.

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Nuestra voz idiota procede del latín idiota, pero su verdadero origen no es latino sino griego. En griego, idiótes significa ignorante, inculto, iletrado, lego, carente de toda instrucción, rudo, tosco, sin pulimento, naturalmente basto, rústico. Idiótes es derivado de idios, que significa propio, particular, personal, peculiar, característico, distintivo; verbigracia, ideolecto (conjunto de rasgos propios de la forma de expresarse de una persona); idiosincracia (temperamento o modo de ser característico de un individuo o de una colectividad); idiotismo (expresión o giro propio de una lengua que no se ajusta a las reglas gramaticales; por ejemplo, a ojos vistas, a ojos cegarritas, de vez en cuando, uno que otro).

Idiota por ignorante es acepción que hoy ya no rige; sin embargo, aún figura en el DRAE 2014 y es la última de las cinco que tiene el vocablo idiota.

Don Miguel de Unamuno, usó varias veces  la palabra idiota en su sentido original.

El idiota se titula una novela de Dostoievski, aunque el príncipe Myshkin, que la protagoniza, no era idiota, sensu stricto, es decir, no era ignorante; tampoco deficiente mental; era, más bien, como explica Ugo Dèttore, “un hombre aparentemente ‘idiota’, cuya idiotez consiste en la absoluta impotencia de su voluntad y en una fe absoluta en los demás, fundada en una todavía más absoluta inexperiencia de la vida”. O lo que es lo mismo, sólo que con otras palabras: Myshkin era abúlico, crédulo o confiado, y absolutamente falto de mundo, sin experiencia de la vida y del trato social; pero no era idiota.

Modernamente, el término idiota se usa sin estrictez. Gustave Flaubert no fue idiota en ningún sentido, ni en el original griego, ni en el decimonónico, de carácter médico. Sin embargo, Jean-Paul Sartre tituló L’Idiot de la Famille su obra acerca del famoso novelista, el cual resulta, en la visión sartreana, un neurótico de alto vuelo.

En la década de 1980 se publicaba entre nosotros una revista humorística titulada El Idiota y que se llamó después El Idiota Ilustrado, título recordatorio del oxímoron, o reunión de dos palabras de sentido contrario que originan un nuevo sentido. En efecto, un ignorante ilustrado es un oxímoron.

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