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'Casos del Corazón': la historia de Magaly Moro y otras consejeras sentimentales

De las ‘agony aunts’ anglosajonas a la popular y peruanísima Magaly Moro: un repaso a 300 años de tradición de las consejeras sentimentales en la prensa

Marjorie Proops y Pauline Phillips, famosas consejeras. El diario "The Athenian Mercury", el primero en utilizar ese tipo de columnas (Foto: Wikimedia / Reuters)

Marjorie Proops y Pauline Phillips, famosas consejeras. El diario "The Athenian Mercury", el primero en utilizar ese tipo de columnas (Foto: Wikimedia / Reuters)

Está en la naturaleza del ser humano hacer(se) preguntas todo el tiempo. ¿Pero qué pasa cuando la soledad acecha y no hay un oído en el cual confiar? ¿Qué ocurre cuando no basta la introspección y el "ser o no ser" de Hamlet cae en saco roto?

Ese vacío existencial lo supo capturar en algún momento de la historia la prensa escrita. Y así nació la consejería sentimental, formato viejo y asombrosamente vigente. Hay cierto consenso en señalar que la primera columna de ese tipo apareció en “The Athenian Mercury”, una publicación londinense que circuló entre 1690 y 1697. Allí se decidió abrir una sección para responder las preguntas de sus lectores, que rápidamente se convirtió en una caja de Pandora repleta de cuestionamientos enigmáticos y nebulosos como el clásico ¿qué es el amor?

La sección se convirtió en una de las favoritas de los lectores de “The Athenian Mercury”, que aseguraba tener a un equipo de treinta expertos en diferentes especialidades para responder cualquier inquietud. Un dato totalmente falso, pues en realidad los “expertos” eran cuatro hombres: un publicista llamado John Dunton, sus dos cuñados y un colaborador más.

Desde esa columna pionera podemos dar un salto de 300 años para darnos cuenta de que el formato se ha transformado, pero no ha pasado de moda. En la prensa peruana, la columna de consejería tiene el tono del chismorreo y melodrama típico de la idiosincrasia latinoamericana. Y aquellos afectados con alguna dolencia del espíritu hoy ya no preguntan qué es el amor, sino que llevan sus quejas mucho más allá: “Mi novio busca a otras en Tinder”, “No le gusta el pollo a la brasa” o “Se muere por CR7” son algunos de los cósmicos casos que atiende, por ejemplo, la doctora Magaly Moro, consejera de la popular columna Casos del Corazón, que escribe en el diario “Ojo” desde 1981.

—Habla la experta—
Contactamos con Magaly Moro para hacerle llegar algunas de nuestras inquietudes y ella aceptó responder solo por correo electrónico, como a cualquier lector. No acepta encuentros cara a cara y mucho menos fotografías, pues persiste en no revelar su imagen. “He optado por el anonimato porque la fama tiene un precio y te hace perder libertad”, señala. Y comenzamos con la pregunta más obvia: ¿Existe Magaly Moro?

— Hay gente que piensa que su columna es una invención colectiva y que las cartas son escritas por los periodistas del diario. ¿Qué les diría a quienes creen eso?
Todo lo que sale publicado en Casos del Corazón es real. Si has tenido la oportunidad de leer más de un caso, seguro te has sentido identificado con alguno. Muchos envían sus cartas por el correo convencional, incluso se toman la molestia de venir hasta las oficinas del diario a dejarme sus cartas escritas a puño y letra; otros, más conectados con la tecnología, me escriben al correo electrónico. Tú también puedes escribirme para contarme tu historia y verás que pronto sale publicada.

— ¿Cuántos años lleva contestando estas cartas y cómo fue que comenzó la aventura?
Casos del Corazón nació justamente en la redacción, luego de escuchar a una persona con el corazón roto. No diré si fue periodista o alguien del área de administración, pero fue entonces cuando di mi primer consejo sin imaginar que mis palabras serían certeras o al menos ayudarían a alguien. Poco a poco, en reuniones, cocteles e incluso en discotecas, noté que las personas siempre estaban deseosas de ser escuchadas y de recibir alguna orientación. Ese fue el inicio de esta sección que hoy cuenta con miles de lectores.

— ¿Aproximadamente, cuántas cartas recibe a diario?
Puede resultar gracioso lo que diré, pero depende de la temporada. En febrero, el mes del amor, el número de misivas se incrementa. Lo mismo ocurre en diciembre, cuando celebramos la Navidad y el Año Nuevo. Estas fechas nos hacen más vulnerables a sufrir penas. Por ejemplo, en febrero las rupturas amorosas y la soltería duelen más. Y en diciembre, la soledad se siente más pesada, no solo en el plano amoroso, también en el familiar. He recibido cartas de personas con depresión porque viven lejos de sus familias o porque sienten que jamás encontrarán a su idóneo.

— Últimamente ha habido casos muy modernos y coyunturales: el muchacho que sigue en la ‘friendzone’, la mujer que habla en lenguaje inclusivo o la ‘heterocuriosa’. ¿Han aumentado estos casos? ¿Son más desafiantes y especiales?
Los tiempos han cambiado de una forma vertiginosa y era de esperarse que los problemas de pareja también sufran variaciones. Más que desafiantes, este tipo de casos me resultan especiales. Como consejera, prácticamente, tengo que asumir estos roles. Confieso que son divertidos, amplían mi mente y no me resultan complicados, porque, aunque suene trillado, el lenguaje del amor es uno solo.

—Un largo historial—
Magaly Moro no es la única que cultiva el formato de la consejería en el Perú. En el diario “Trome”, por ejemplo, hace lo propio la Doctora Carmen; y el periodista Juan Gargurevich señala como un precedente local la sección Estafeta Romántica, que se publicaba en el desaparecido diario “Última hora”.

Como muchos de los contenidos de la prensa nacional, estos espacios se inspiraron en los modelos británicos y estadounidenses. Por esas tierras, el fenómeno de la consejería sentimental estuvo en manos de las llamadas ‘agony aunts’ (peculiar expresión traducible como ‘tía agonía’ o tal vez más apropiadamente como paño de lágrimas). Destacan entre ellas, por ejemplo, la inglesa Marjorie Proops (1911-1996), muy famosa por responder todas las cartas que recibía, fueran publicadas o no en su columna Dear Marje, del “Daily Mirror”. Similar fama tuvo la estadounidense Pauline Phillips (1918-2013), quien bajo el seudónimo de Abigail Van Buren cultivó la columna Dear Abby, que aparecía en decenas de periódicos de su país.

La denominación de ‘agony aunts’ no era gratuita: tanto Proops como Phillips cumplían el estereotipo de la señora que, con una mezcla de candor y severidad, se mostraba dispuesta a brindar consejo frente a cualquiera problema que se presentara. Por aquella época, además, casi todas las mujeres trabajadoras de la prensa estaban condenadas a abordar únicamente “temas femeninos” como estos, debido al sexismo imperante.

Pero contra lo que se podría deducir, muchas de las consejeras sentimentales a lo largo de la historia han estado bastante lejos del cliché de la dama conservadora. Y es que aprovechando el ámbito de lo íntimo y la exposición de los secretos de sus lectores, ellas solían derribar tabúes, impulsar cambios de pensamiento y ofrecer consejos que los columnistas tradicionales jamás se habrían atrevido a brindar. Proops, por ejemplo, defendió durante décadas los derechos homosexuales, el uso de anticonceptivos y la educación sexual en las escuelas, en tiempos en que en Inglaterra arreciaban los valores más conservadores.

Por último, habría que hacernos la pregunta madre: ¿Por qué nos gustan tanto estas columnas sobre los dilemas del corazón? Podría explicarse por nuestra irresistible tendencia a asomarnos en la intimidad del otro y, sobre todo, a vernos reflejados en esa intimidad ajena. O como explica Emily Yoffe, consejera sentimental de la revista “Slate”, por “el interés de ver que otras personas experimentan problemas similares a los nuestros, y el alivio de sentir que lo que sufrimos no es tan malo como lo que sufren los otros”. O mejor dicho: el viejo y extraño arte del regodeo. Así somos.

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