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Lo avanzado y lo inconcluso en la soñada recuperación del Centro Histórico de Lima

Luis Martín Bogdanovich, gerente de Prolima, da las pautas para el plan maestro de cara al 2035

Centro Histórico de Lima. (Foto: Fidel Carrillo)

"Escucha a Chabuca Granda y verás cómo le estamos quitando esos valores al Centro", analiza Luis Martín Bogdanovich. (Foto: Fidel Carrillo)

Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el responsable del programa municipal para la recuperación de Centro Histórico de Lima ahonda aquí sobre las bondades del plan maestro desarrollado bajo el liderazgo de esta institución, cuya aprobación aún está pendiente en manos del Ministerio de Cultura y, posteriormente, de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Tic toc, tic toc.

— En una entrevista que diste en el 2013 decías que no creías que íbamos a llegar al 2035 con un Centro Histórico decentemente conservado. ¿Qué piensas ahora?
Sin una planificación nada te garantiza que llegues a una fecha con una meta cumplida. Uno requiere una planificación para ir cerrando etapas. Si no, trabajas de manera salpicada. Uno sale a caminar por el Centro Histórico y va a ver muchos avances, pero lo que se requiere es trabajar sobre la base de un marco que te lleve a una recuperación integral. Lo que te diría ahora es que, de ejecutarse el plan maestro que va del 2018 al 2028, y con una visión al año 35, para los 500 años de la fundación de Lima, está garantizada la recuperación del Centro Histórico: una recuperación a todos los niveles, no solo patrimonial, sino también humano, social. El plan maestro del Centro Histórico tiene tres cuerpos, y en él han participado el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Vivienda, la Municipalidad Distrital del Rímac, el Colegio de Arquitectos, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, Cenepred e Indeci, y allí ves también que hay un componente de prevención que se hace aun más importante después del incendio de Río de Janeiro. Entonces, este plan tiene tres partes fundamentales: lineamientos, diagnóstico y propuesta. No se puede proponer nada si no se tiene claro qué es lo que se debe recuperar, y de qué manera. El Centro Histórico de Lima tiene una preexistencia en el tejido prehispánico, a través de caminos y canales; una etapa fundacional de 1535; y arquitectura moderna que si bien destruyó la esencia del Centro Histórico puede que se le encuentre un valor intrínseco.

— ¿Por ejemplo?
El edificio Ostolaza en la avenida Tacna, que es una avenida que nunca debió existir, porque destruyó el Centro Histórico de Lima. A fines del año 30, cuando hacen la avenida Tacna, y luego Abancay y luego Emancipación y, el ensanche de Camaná y Lampa y Vía de Evitamiento y Prolongación Tacna, todas estas avenidas destruyen el tejido. Y cuando destruyes el tejido no solo destruyes el trazo, sino también las alturas, los perfiles. Se desnaturalizó algo que se llama el paisaje urbano histórico, es decir, la imagen de la ciudad antigua. Pero entonces aparece este edificio Ostolaza, un objeto arquitectónico hermoso que tiene un valor en sí mismo. ¿Qué hacemos frente a ese edificio, por ejemplo? ¿Lo destruimos? No. Porque tiene un valor, y ahí recala algo que se ha incorporado en el plan. Si actualmente alguien presentara una licencia de demolición del edificio Ostolaza lo podría hacer, sin ningún problema, porque la ley no tiene ningún dispositivo que lo prohíba. Pero si dentro de nuestro plan le ponemos una protección a ese edificio, se va a tener que conservar.

Luis Martín Bogdanovich. (Foto: Anthony Niño de Guzmán)

Arquitecto, historiador del arte y gestor cultural, Luis Martín Bogdanovich echa un vistazo a lo avanzado y lo pendiente en materia de recuperación integral del Centro Histórico de Lima. (Foto: Anthony Niño de Guzmán)

— Una labor infinita.
En los lineamientos está claramente explicitado qué es lo que se debe proteger en cada uno de los espacios públicos, o sea, de qué manera vas a hacer la recuperación en la plaza San Martín, en la plaza Italia o en el jirón Áncash, porque todas las intervenciones son diferentes. Por otro lado, el diagnóstico, la fotografía actual del Centro Histórico, abarca todos los niveles: nivel patrimonio inmueble, patrimonio mueble, patrimonio inmaterial, humano, transporte, contaminación, vivienda, todo lo que te puedas imaginar que sucede en una ciudad histórica que no puedes intervenir como quieras. El diagnóstico, sin embargo, no solo identifica lo que se vive ahora, sino que se retrotrae hacia cuál es el origen de todos los problemas que tenemos a la fecha, de tal manera que no volvamos a caer en lo mismo.

— ¿Y cuál es el gran mal de origen?
Nuestra falta de entendimiento de los valores del Centro Histórico. En Lima siempre se han querido hacer cosas para mejorarla, pero siempre se equivocaron. El pasaje Santa Rosa, en la época que se trazó, era la solución para Lima, era la modernidad, pero ¿qué sucedió? Destruyeron el Centro Histórico. ¿Y qué querían hacer? Querían prolongar el pasaje Santa Rosa desde la Plaza de Armas hasta la basílica de Santa Rosa, que no se realizó, y cuando hicieran esa avenida iban a destruir la casa de Bolognesi, todas esas manzanas. Querían hacer una plaza que uniera el muro lateral de Palacio de Gobierno con el Congreso de la República, y se iban a volar tres manzanas de la parte más antigua de Lima. Todas las casas que hemos recuperado ahora ya no existirían.

— ¿Esa idea macabra a qué gobierno le correspondió?
Es un plan del año 20, de la época de Leguía, que hizo buenas cosas por el Centro Histórico, pero en esa época también se cuajaban ideas que querían modernizar Lima. Qué diferencia con ciudades como Venecia, Florencia y Sevilla, donde tenemos unidad arquitectónica y volumétrica, donde a nadie se le ocurrió “vamos a modernizar la ciudad”. Como lo hizo el barón De Haussmann en París, porque ese es el modelo que nosotros hemos seguido en Lima: “Vamos a rehacer París, vamos a quitar todas estas calles infectas, medievales, y vamos a hacer un París ordenado, con grandes avenidas, con árboles, con edificios perfectos”. Y París es una maravilla. Pero ya no tenemos el París anterior. Por lo menos el que se hizo fue maravilloso.

—Tú solías pasear con tu madre por el Centro Histórico de niño. ¿Qué es lo que más recuerdas que ya no está, que ya no tenemos?
Cuando yo era chico le pedía a mi mamá que me llevara a visitar iglesias y conventos, porque son los espacios en los que se han mantenido más los valores estéticos, formales, históricos, de la antigua Lima. Y yo veía y me fascinaba con la antigüedad de los materiales. Veía una madera que tenía 300 años, que estaba picada, pero tenía esa carga, y ahora voy al mismo convento y hay una puerta de metal, por decirte algo. Yo creo que hay muchas cosas que están mejor, pero también hay muchas cosas de la esencia de Lima que ya no están. O sea, escucha las canciones de Chabuca Granda y te vas a dar cuenta de cómo cada día le estamos quitando esos valores al Centro, y hablo de las personas también: cómo alguien, por ejemplo, pone un cartel fluorescente en la puerta de la casa porque no entiende que esa casa tiene un valor.

— Te has referido anteriormente a la regeneración humana del Centro.
La regeneración humana pasa primero por el entendimiento de qué es el Centro Histórico de Lima en la mente de la gente, o sea, que entiendan ese valor, que se apropien y empoderen, que lo sientan suyo. Hablo del limeño en general, el que vive aquí y el que no vive aquí también. Hay gente que conoce más Barcelona que Lima. Hay gente que cree que la Plaza de Armas es un parque. No, no es un parque, es la Plaza de Armas. No puede ser que alguien de Lima no sepa que la iglesia de San Francisco es esa. Te dicen “vamos a la iglesia de las palomas”. No, pues. ¿Tú crees que en Roma alguien te diría eso? Entonces, ¿cómo queremos lo que no conocemos? Para mí el Centro Histórico es mío, y por eso cuando veo que una casa se cae siento que me están quitando una casa a mí.


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