
Un grupo de astrónomos de distintos países logró detectar dos planetas en proceso de formación alrededor de una estrella joven conocida como WISPIT 2. Este hallazgo sugiere que podría tratarse de un sistema similar al nuestro en sus primeras etapas. Hasta hace poco, solo se tenía registro de un planeta en esa zona; sin embargo, nuevas observaciones realizadas con instrumentos del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile, permitieron confirmar la existencia de un segundo cuerpo en formación.
Chloe Lawlor, estudiante de doctorado en la Universidad de Galway y autora principal del estudio, destacó la importancia del descubrimiento al afirmar: “WISPIT 2 es la mejor mirada a nuestro propio pasado que tenemos hasta la fecha”. Los resultados fueron publicados en la revista The Astrophysical Journal Letters.
Este sistema es apenas el segundo caso en el que los científicos pueden observar directamente cómo se forman planetas alrededor de una estrella, después de lo visto en PDS 70; no obstante, WISPIT 2 presenta características distintas que lo hacen especialmente interesante para la investigación.

La estrella está rodeada por un gran disco de material donde nacen los planetas. En ese disco se observan anillos y espacios vacíos que indican que podrían seguir formándose más cuerpos celestes con el paso del tiempo.
“Estas estructuras sugieren que actualmente se están formando más planetas, que finalmente detectaremos”, señaló Lawlor.
En cuanto a los planetas ya identificados, el primero, llamado WISPIT 2b, fue descubierto en 2025. Tiene una masa casi cinco veces mayor que la de Júpiter y se encuentra muy lejos de su estrella, a una distancia unas 60 veces mayor que la que separa la Tierra del Sol.

El segundo planeta, WISPIT 2c, fue identificado posteriormente gracias al Very Large Telescope ubicado en el desierto de Atacama. Este planeta está más cerca de la estrella (unas cuatro veces más cerca que el primero) y es incluso más masivo, aproximadamente el doble.
Las imágenes muestran que ambos planetas se encuentran dentro de zonas oscuras del disco, que en realidad son espacios generados durante su formación.
Además, los científicos creen que podría haber un tercer planeta en desarrollo.
“Sospechamos que podría haber un tercer planeta abriendo esta brecha. Potencialmente de la masa de Saturno, debido a que la brecha es mucho más estrecha y superficial”, concluye Lowler.
¿Podría haber vida en sistemas como WISPIT 2?
En la etapa actual de WISPIT 2, es extremadamente improbable que exista vida tal como la conocemos. El sistema se encuentra en una fase de formación temprana y dominada por un disco de gas y polvo donde los planetas detectados son gigantes gaseosos mucho más masivos que Júpiter. Estos cuerpos no poseen una superficie sólida y están sometidos a presiones y temperaturas extremas que impiden el desarrollo de procesos biológicos.
Sin embargo, el valor científico de este sistema radica en lo que representa para el futuro. Al ser un “espejo” del pasado de nuestro propio Sistema Solar, el estudio de WISPIT 2 permite a los astrónomos entender dónde y cómo podrían formarse eventualmente planetas rocosos similares a la Tierra en las zonas internas del disco.
Aunque hoy sea un entorno hostil, este hallazgo es clave para conocer las condiciones necesarias para que, en millones de años, un sistema planetario llegue a ser habitable.
¿Podrían haber sistemas solares parecidos a WISPIT 2?
WISPIT 2 es una estrella joven que funciona como un espejo de nuestro pasado. Al estar rodeada de un disco de gas con huecos claros, confirma que la creación de planetas gigantes como Júpiter es algo común en el universo.
Actualmente, científicos estudian sistemas como PDS 70 y HL Tauri, que presentan estructuras de anillos similares, sugiriendo que la arquitectura de nuestro vecindario cósmico no es una anomalía, sino un modelo repetible bajo las condiciones adecuadas.
Por qué los astrónomos observan sistemas solares en formación
Observar sistemas solares en formación, conocidos como discos protoplanetarios, es fundamental para comprender nuestros propios orígenes. Al estudiar estas estructuras de gas y polvo, los astrónomos pueden observar en tiempo real los procesos físicos y químicos que dieron lugar a la Tierra y al resto de los planetas hace miles de millones de años.
Además, estas observaciones son piezas clave en la búsqueda de exoplanetas habitables. Identificar las condiciones iniciales en las que se forman los mundos rocosos ayuda a predecir la abundancia de agua y otros compuestos orgánicos esenciales para la vida en la galaxia.
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