
En una jugada que ha encendido tanto elogios como alarmas, el presidente estadounidense Donald Trump firmó recientemente una serie de órdenes ejecutivas con el objetivo de resucitar la debilitada industria del carbón en Estados Unidos. En un país donde la transición hacia energías limpias parecía avanzar con paso firme, el mandatario optó por darle una segunda vida a una fuente de energía que muchos creían condenada al pasado.
¿CUÁL ES EL FIN DE ESTA ORDEN EJECUTIVA?
La medida, que permite a centrales eléctricas de carbón obsoletas seguir operando, busca responder a la creciente demanda energética derivada del auge de los centros de datos, la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos. Según The Associated Press, estas plantas, muchas de las cuales estaban a punto de ser clausuradas, podrán seguir generando electricidad bajo el amparo de la nueva política.
“El carbón es hermoso y limpio”, declaró Trump frente a un grupo de mineros, en un acto simbólico que buscó posicionarlo como salvador de una industria en decadencia. Sin embargo, los expertos en medio ambiente discrepan: el carbón ha sido, históricamente, la fuente más contaminante de emisiones de gases de efecto invernadero, responsable directo del calentamiento global.

LAS RESPUESTAS DE LOS ESPECIALISTAS
Desde CBS News hasta activistas climáticos, las críticas no se hicieron esperar. Gina McCarthy, exadministradora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), advirtió que las decisiones del presidente podrían agravar la crisis climática y tener consecuencias directas en la salud pública. “El carbón limpio no existe”, señaló, y cuestionó el uso de fondos públicos para sostener una industria “peligrosa y costosa”.
El presidente también derogó el Jewel Mortarium, una moratoria que suspendía la concesión de nuevos proyectos carboníferos en tierras federales. Trump instruyó a su gabinete a garantizar que las plantas de carbón sigan siendo parte activa de la red eléctrica nacional, una estrategia que él describe como necesaria para proteger la soberanía energética de EE.UU.

Para Trump, esta acción representa una victoria contra lo que llama la “guerra de Joe Biden contra el carbón limpio”. Y aunque el mensaje caló entre trabajadores del sector y parte de su base electoral, los economistas y defensores del medio ambiente señalan que los costos de esta política podrían recaer directamente sobre los bolsillos del ciudadano promedio.
Un informe de la Administración de Información Energética estima que la electricidad generada por carbón cuesta entre tres y cuatro veces más que la proveniente de fuentes renovables. En un contexto donde el consumidor ha mostrado un interés creciente por energías limpias como la solar y la eólica, revivir el carbón no solo parece una apuesta contracorriente, sino también económicamente insostenible.











