
Aunque el cierre del gobierno de Estados Unidos llegó oficialmente a su fin el 13 de noviembre, sus efectos siguen marcando profundamente la operación aérea del país. Durante las semanas previas a su conclusión, la Agencia Federal de Aviación (FAA) aplicó estrictas restricciones de capacidad en 40 aeropuertos, lo que provocó la cancelación de más de 4.000 vuelos. El sistema, ahora en proceso de recuperación, todavía lucha por estabilizarse tras el periodo de mayor presión operativa de los últimos años.
Antes de que el cierre terminara, la FAA había ordenado a las aerolíneas reducir un 4% de los vuelos diarios desde el 4 de noviembre, una cifra que el secretario de Transporte, Sean Duffy, anunció que aumentaría progresivamente: 6% el 11 de noviembre, 8% el 12 de noviembre y 10% el 14 de noviembre.
De no haberse puesto fin al cierre, los recortes habrían escalado hasta un 15% o incluso 20%, un escenario que amenazaba con paralizar por completo la operación aérea previa al Día de Acción de Gracias.

¿CUÁNDO VOLVERÁ TODO A LA NORMALIDAD?
Duffy llegó a advertir el 9 de noviembre que los viajes aéreos antes de la festividad se reducirían “drásticamente”. Aunque la reapertura del Gobierno trajo alivio, los días previos dejaron un daño considerable: una avalancha de cancelaciones, cronogramas alterados y miles de pasajeros varados a lo largo del país. La normalidad, según expertos, tardará en restablecerse a pesar del fin oficial del cierre.
Desde que las restricciones entraron en vigor, las aerolíneas se vieron obligadas a cancelar más de 1.000 vuelos diarios. Los datos de FlightAware lo confirman: 1.025 cancelaciones el 7 de noviembre, 1.566 el 8 de noviembre y 1.491 antes del mediodía del 9 de noviembre. Aunque el Gobierno ya retomó funciones, muchos de estos ajustes continúan teniendo efecto en las operaciones actuales.

EL CORAZÓN DEL PROBLEMA ESTUVO EN LA FALTA DE PERSONAL
Durante el cierre, miles de controladores aéreos trabajaron sin sueldo, y una cantidad significativa dejó de presentarse a sus turnos. El administrador de la FAA, Bryan Bedford, reveló que entre el 20% y el 40% del personal no acudía diariamente. Las restricciones federales, por duras que parecieran, fueron necesarias para garantizar la seguridad de los viajeros ante un sistema debilitado.
EL IMPACTO EN LAS AEROLÍNEAS FUE INMEDIATO Y DEVASTADOR
Aunque algunas cancelaciones no estaban directamente vinculadas a la FAA, la orden federal obligó a interrumpir cientos de vuelos. Delta Airlines, en particular, canceló al menos 380 vuelos el 8 de noviembre, entre ellos 200 de su línea principal y 180 conexiones. Para el 9 de noviembre, la cifra ascendió a 470 vuelos, y la compañía anticipó más recortes si el cierre se extendía.
United Airlines también enfrentó un ajuste severo: eliminó 158 vuelos el 9 de noviembre, 186 el 10 de noviembre y 263 el 11 de noviembre, reflejando la magnitud de la crisis incluso en aerolíneas de gran infraestructura. Southwest confirmó reducciones hasta el 12 de noviembre, aunque sin precisar cifras, lo que evidencia que la afectación fue generalizada en todo el sector.
American Airlines, por su parte, informó cancelaciones el 8 de noviembre y reconoció una reducción de capacidad del 4% en los aeropuertos más afectados, equivalente a 220 vuelos cancelados por día. Aunque el cierre ya quedó atrás, las aerolíneas trabajan ahora contrarreloj para reacomodar operaciones, recuperar frecuencias y atender a miles de pasajeros impactados durante uno de los mayores colapsos aéreos recientes.
¡Mantente al tanto de los temas que importan en Estados Unidos 🇺🇸! Únete a nuestro canal de WhatsApp. 👉 Haz clic aquí y sé parte de nuestra comunidad. ¡Te esperamos!











