
El profesor de historia Jason Gibson, de la Universidad Estatal de Alcorn, en Estados Unidos, encontró una forma efectiva de detectar el uso de inteligencia artificial en los exámenes de sus alumnos. Mientras corregía las evaluaciones parciales de dos cursos de verano, notó que muchas respuestas, aunque bien redactadas y con buena gramática, incluían una extraña referencia a “Madagascar” que no tenía ninguna relación con la pregunta planteada.
La evaluación pedía comparar la Revolución Industrial con la actual era digital; sin embargo, Gibson había escondido la palabra “Madagascar” en color blanco dentro de las instrucciones del examen, de modo que un estudiante que leyera el texto normalmente nunca la vería.
La intención era detectar a quienes copiaran toda la consigna en un chatbot de inteligencia artificial y luego pegaran la respuesta sin revisarla.
Fue así como la estrategia funcionó. Muchos trabajos no solo incluían la palabra oculta, sino también frases completamente fuera de contexto generadas por la IA.
“Treinta y dos de mis 35 estudiantes, entre dos clases, reprobaron una parte de su examen parcial porque todos usaron IA para generar toda su respuesta”, explicó Gibson en una serie de videos publicados en TikTok. “Al parecer, ni siquiera revisaron lo que entregaron”.
El caso abrió un debate sobre el uso de la IA en la educación
Los videos del profesor se viralizaron rápidamente y acumularon millones de reproducciones en redes sociales. Mientras algunos usuarios elogiaron la creatividad del docente para detectar el uso indebido de la inteligencia artificial, otros cuestionaron si el método reflejaba la necesidad de adaptar la enseñanza a las nuevas tecnologías.
Entre los comentarios destacaron mensajes como: “Les enseñó una importante lección sobre integridad. ¡Bien hecho, profesor!”. Otros señalaron que las versiones más recientes de los modelos de IA ya son capaces de detectar este tipo de instrucciones ocultas.
Gibson explicó que nunca buscó avergonzar a sus estudiantes. Después de corregir los exámenes, explicó por qué tantos alumnos habían perdido esa parte de la evaluación mostrando una captura de pantalla con el texto oculto e invitó a quienes creyeran haber sido calificados de forma injusta a presentar una apelación.
Solo dos estudiantes lo hicieron. En uno de los casos, la nota fue modificada porque la alumna explicó que el modo oscuro de su dispositivo había impedido visualizar el texto escondido.

Más que el uso de IA, preocupa la falta de revisión
El profesor aseguró que lo que más le llamó la atención no fue que sus alumnos recurrieran a la inteligencia artificial, sino que muchos entregaran respuestas sin siquiera leerlas.
Algunos trabajos contenían frases absurdas que cualquier revisión rápida habría permitido detectar. Uno de ellos, por ejemplo, incluía la oración: “La bicicleta morada de Madagascar le susurra al techo”, una frase completamente ajena al tema del examen.
“No obtengo ninguna satisfacción al ver que los estudiantes reprueban”, afirmó Gibson en un video posterior. “No es mi intención verlos fracasar. Eso sería extraño”.
También reconoció que este caso refleja un desafío que enfrentan muchas universidades a medida que la inteligencia artificial gana espacio en las aulas.
“Todos estamos innovando, implementando nuevas estrategias e intentando mantener cierto nivel de integridad académica durante el proceso”, señaló. “Ustedes no lo saben. Yo tampoco lo sé. Dejemos de actuar como si todos tuviéramos la respuesta, porque no es así”.











