La Antártida ha perdido una enorme cantidad de hielo en los últimos años (Foto: AFP)
La Antártida ha perdido una enorme cantidad de hielo en los últimos años (Foto: AFP)

La Antártida ha perdido en tres décadas una cantidad de hielo en tierra equivalente a diez veces el área de Los Ángeles, y lo más preocupante es que ese retroceso se concentra justo en las zonas que más pesan en el futuro aumento del nivel del mar. Al mismo tiempo, alrededor de tres cuartas partes de la costa antártica se mantienen relativamente estables, lo que dibuja un escenario mixto: no es un colapso inmediato, pero sí una señal de alarma que ya afecta la planificación de ciudades costeras desde Miami hasta Nueva York, por mencionar unos ejemplos, donde muchos hispanos viven a pocos kilómetros del mar y dependen de trabajos vinculados a los puertos, la construcción o los servicios en zonas bajas. Para quienes seguimos las noticias del clima desde Estados Unidos, donde el recuerdo del huracán María en Puerto Rico, las marejadas en la costa de Florida o las inundaciones en Houston y Nueva York sigue muy presente en la comunidad, este nuevo estudio sobre ayuda a poner en contexto por qué lo que ocurre “allá lejos” tiene mucho que ver con la seguridad de barrios y casas.

¿QUÉ DICE EXACTAMENTE EL NUEVO ESTUDIO?

, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó tres décadas de datos de radar satelital para seguir la evolución de la llamada línea de encallamiento de los glaciares antárticos. Entre 1996 y 2025, los científicos calcularon que la Antártida perdió 12,820 kilómetros cuadrados de hielo apoyado en tierra, lo que equivale a casi 5,000 millas cuadradas o unas diez ciudades del tamaño del Gran Los Ángeles. En promedio, eso supone un retroceso de 442 kilómetros cuadrados de hielo por año.

Esa pérdida no se reparte de manera homogénea: el 77% de la línea de costa antártica no muestra cambios detectables en este periodo, mientras que el 23% restante concentra los mayores retrocesos. La mayor parte de la pérdida procede de la Antártida Occidental, con alrededor del 60% del total, seguida por sectores de la Antártida Oriental y la Península Antártica.

En cifras:

IndicadorDato clave
Periodo analizado30 años (1996-2025)
Superficie total de hielo perdido12.820 km² de hielo en tierra
Promedio de pérdida anual442 km² por año
Porcentaje de costa estable77% sin migración detectable de la línea de encallamiento
Regiones más afectadasAntártida Occidental, Península Antártica y sectores de la Antártida Oriental

Los autores resumen la importancia de este registro de 30 años en una idea clave: cualquier modelo climático que pretenda proyectar con credibilidad el aumento del nivel del mar tendrá que ser capaz de reproducir este historial real de cambios en la Antártida.

¿DÓNDE RETROCEDE MÁS RÁPIDO EL HIELO?

Aunque “la mayor parte de la Antártida sigue estable”, como destacan los investigadores, el retroceso se concentra en unas pocas zonas particularmente sensibles al ingreso de agua oceánica más cálida. Entre las áreas más afectadas están el mar de Amundsen, el mar de Bellingshausen, sectores de la Antártida Occidental y partes de la Península Antártica.

En estos puntos, algunos glaciares han retrocedido entre 10 y 40 kilómetros en tres décadas, con casos extremos que alcanzan alrededor de 42 kilómetros. Entre los ejemplos más llamativos aparecen Pine Island, Thwaites y Smith, que muestran retrocesos de varias decenas de kilómetros a lo largo del periodo estudiado. En palabras de Eric Rignot, glaciólogo de la Universidad de California en Irvine, “donde el agua cálida del océano es impulsada por los vientos hasta alcanzar los glaciares, es donde vemos las grandes heridas en la Antártida: es como un globo que no está perforado en todas partes, pero donde lo está, lo está profundamente”.

La pérdida de las capas de hielo ha ocurrido principalmente en lugares donde se encuentran cerca a fuentes de agua cálida (Foto: AFP)
La pérdida de las capas de hielo ha ocurrido principalmente en lugares donde se encuentran cerca a fuentes de agua cálida (Foto: AFP)
/ JOSE JORQUERA

EL PAPEL CLAVE DE LOS SATÉLITES

Para levantar este mapa de cambios, el equipo combinó datos de numerosas misiones espaciales europeas, canadienses, japonesas, italianas, alemanas y argentinas. En la lista se incluyen, entre otros, los satélites ERS-1/2 y Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea, RADARSAT-1/2 de Canadá, ALOS/PALSAR de Japón, COSMO-SkyMed de Italia, TerraSAR-X de Alemania y la misión SAOCOM de Argentina. Mediante técnicas de interferometría de radar, los científicos siguieron los movimientos verticales del hielo flotante causados por las mareas y, a partir de ahí, determinaron con alta precisión dónde el hielo deja de estar apoyado en el lecho rocoso y empieza a flotar.

Bernd Scheuchl, uno de los investigadores, subraya que contar con observaciones casi diarias en zonas críticas, sumadas a un archivo de varias décadas, abre “una nueva era” en la monitorización de las regiones polares. Esa base de datos se ha convertido en una referencia para los modelos que intentan anticipar cómo reaccionará la Antártida ante distintos escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.

¿POR QUÉ ESTO IMPORTA PARA LAS COSTAS Y CIUDADES DONDE VIVEN LOS HISPANOS?

El aspecto más delicado del estudio no es solo la cantidad de hielo que ya se perdió, sino lo que implica para el futuro de las ciudades costeras donde viven millones de personas, incluidas comunidades latinas en todo Estados Unidos. La línea de encallamiento marca el límite a partir del cual el hielo pasa a flotar, y su retroceso indica que más hielo continental puede deslizarse hacia el océano y contribuir directamente al aumento del nivel del mar. La capa de hielo antártica contiene suficiente agua congelada como para elevar significativamente el nivel de los océanos si su deshielo se acelera en las próximas décadas.

Para quienes viven en zonas bajas de Miami, en vecindarios latinos de Nueva York, Nueva Jersey o Boston, o en comunidades costeras del Golfo y California, un par de pulgadas adicionales de nivel del mar puede significar inundaciones más frecuentes, marejadas que llegan más adentro y daños repetidos en viviendas, escuelas, iglesias y pequeños negocios de la comunidad. En ciudades donde muchos hispanos trabajan en construcción, limpieza, hotelería o servicios al aire libre, el impacto también se traduce en más días de cierre, mayores costos de seguros y una presión extra sobre familias que ya viven al día.

Rignot lo resume así: “Los modelos tienen que demostrar que pueden igualar este registro de 30 años para que sus proyecciones sean creíbles”. Y remata con un matiz que cambia el tono del titular: “Quizás deberíamos sentirnos afortunados de que toda la Antártida no esté reaccionando ahora mismo, porque estaríamos en muchos más apuros”, pero advierte que esa estabilidad podría no durar siempre.

LO QUE LA CIENCIA AÚN NO ENTIENDE DEL TODO

Aunque en la mayoría de las zonas el retroceso se explica por la llegada de agua oceánica más cálida bajo las plataformas de hielo, el estudio identifica regiones donde esa causa no encaja tan claramente. Un ejemplo está en el noreste de la Península Antártica, donde varios glaciares, entre ellos Edgeworth, Boydell y Sjögren, han retrocedido de forma notable sin que se haya detectado una intrusión evidente de aguas cálidas que lo explique. Para Rignot y otros expertos, eso indica que “algo más está actuando” y que todavía hay procesos del sistema climático y oceánico que no se comprenden por completo.

En el fondo, este trabajo no solo pone número a la pérdida de hielo en la Antártida: también recuerda que la ciencia del clima avanza acumulando observaciones durante años hasta lograr ver patrones que antes pasaban desapercibidos. Esa paciencia científica contrasta con la urgencia política y social de comunidades que ya sienten los impactos en el presente, desde la Florida hispana que vive entre temporada de huracanes y “king tides”, hasta los barrios latinos de la costa oeste que miran con preocupación las proyecciones de aumento del nivel del mar para finales de siglo.}

Vista del glaciar Chiriguano, en la Antártida. (Foto: Johan ORDONEZ / AFP)
Vista del glaciar Chiriguano, en la Antártida. (Foto: Johan ORDONEZ / AFP)
/ JOHAN ORDONEZ

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SOBRE EL AUTOR

Periodista con más de 10 años de experiencia. Demuestro mi talento para el Núcleo de Audiencias del Grupo El Comercio donde me especializo en posicionamiento SEO, las mejores series y películas del momento y contenido enfocado para las comunidades hispanas en EE.UU. Entérate de tus historias favoritas o temas utilitarios revisando mi producción.

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