
La posibilidad de un nuevo aumento en la tarifa del metro vuelve a ponerse sobre la mesa en Nueva York, y no es un tema menor para quienes viven en la ciudad y dependen del subway o del bus para llegar al trabajo, a la escuela de los niños o a la iglesia los fines de semana. Si usas la MetroCard que todavía conservas desde antes de la pandemia o ya te pasaste por completo a OMNY y pagas todo con el teléfono, sabes que cualquier cambio de unos centavos en el pasaje se siente de inmediato en el presupuesto del mes, sobre todo en hogares hispanos donde muchas veces hay que combinar dos o tres trabajos, pagar renta alta y enviar dinero a la familia en el país de origen. Por eso vale la pena detenernos y revisar con calma qué está proyectando la Metropolitan Transportation Authority (MTA), cuál es la lógica detrás de estos ajustes periódicos y desde cuándo podrían aplicarse los próximos incrementos para planificar mejor los gastos del día a día.
En los últimos años, la autoridad ha insistido en que necesita estabilidad financiera para sostener el sistema que opera el metro, los autobuses y los trenes suburbanos como el Long Island Rail Road y el Metro-North Railroad. Con el regreso paulatino de pasajeros tras la pandemia y nuevos ingresos aprobados en el presupuesto estatal, la MTA asegura que logró equilibrar sus cuentas hasta 2027, algo que no ocurría desde hace más de 20 años. Sin embargo, dentro de ese plan ya se contemplan aumentos regulares de tarifas y peajes aproximadamente cada dos años.
¿DE CUÁNTO SERÍA EL PRÓXIMO AUMENTO DEL METRO?
Primero, hay que dejar algo claro: no hay un nuevo aumento ya aprobado más allá del que llevó la tarifa base a US$3,00 en enero de 2026 en el sistema de New York City Transit. Lo que sí existe es una proyección dentro del plan financiero a cinco años de la MTA, donde se habla de aplicar incrementos “regulares, previsibles e incrementales” aproximadamente cada dos años, en torno al 4% en conjunto entre tarifas y peajes.
Según los documentos financieros y análisis de control fiscal:
- Se proyecta un aumento aproximado del 4% en 2027.
- Se anticipa otro incremento cercano al 4% en 2029, dentro de la misma lógica de alzas moderadas.
- Aún no está definido el precio exacto que tendría el viaje sencillo del metro en esos años.
Si tomamos como referencia el pasaje actual de US$3,00, un aumento del 4% implicaría un alza aproximada de 12 centavos. Es decir, el boleto podría ubicarse en torno a los 3,12 dólares, aunque la cifra final dependerá de la decisión formal de la Junta de la MTA tras las audiencias públicas y el análisis de ingreso real por tarifas.

¿DESDE CUÁNDO ENTRARÍA EN VIGOR?
De acuerdo con el esquema planteado en el plan financiero preliminar, el siguiente ajuste se esperaría en 2027, siguiendo la lógica de incrementos cada dos años que ya se aplicó con los aumentos recientes en 2023, 2025 y el salto a US$3,00 en 2026.
Sin embargo, la propia MTA aclara que:
- Las tarifas específicas todavía no han sido aprobadas.
- No hay una fecha oficial definida para el próximo cambio, aunque en otros ciclos se han implementado en meses como agosto o inicios de año.
- Todo depende de la evolución de la economía, de la recaudación por peajes y por nuevos impuestos dedicados al transporte.
En otras palabras, por ahora estamos hablando de proyecciones, no de una decisión definitiva sobre el precio del boleto. Pero para quienes usan cualquiera de las líneas del sistema de transporte, conviene asumir que en el mediano plazo podría venir otro ajuste y considerar ese escenario en el presupuesto familiar.

¿POR QUÉ LA MTA INSISTE EN AUMENTOS PERIÓDICOS?
En su comunicado oficial, la MTA explicó que su plan financiero preliminar muestra un presupuesto equilibrado hasta 2027, algo que no ocurría desde hace más de 20 años. Este equilibrio se logró gracias a:
- Nuevos ingresos aprobados en el presupuesto del Estado de Nueva York.
- Un aumento del impuesto de movilidad sobre nómina (payroll mobility tax) en el área metropolitana.
- Más financiamiento municipal para transporte adaptado (paratransit).
- Un plan de eficiencias operativas que apunta a ahorrar hasta 500 millones de dólares anuales a partir de 2025.
El presidente y director ejecutivo de la MTA, Janno Lieber, ha señalado que la meta es mantener estabilidad financiera mientras se avanza en proyectos clave como la accesibilidad total del sistema y la transición a autobuses de cero emisiones. Por su parte, el director financiero Kevin Willens ha explicado que los ingresos provenientes de impuestos específicos, aumentos moderados de peajes y tarifas, y recortes de gastos permitirán mantener el presupuesto equilibrado hasta 2027.
La lógica detrás de los incrementos regulares es evitar lo que la MTA llama “grandes saltos” después de varios años sin subas; es decir, prefieren aumentos pequeños y frecuentes antes que uno muy alto de golpe, algo que los usuarios ya vivieron en otras épocas. Para muchas familias latinas que combinan el subway con el bus para ir del Bronx a Queens, o que dependen del LIRR o el Metro-North para llegar a trabajos en Long Island o el norte del estado, esa previsibilidad permite al menos anticipar cuánto podría subir el costo de transporte cada par de años.
¿PODRÍA HABER AUMENTOS ADICIONALES?
Aquí es donde conviene ser prudentes. Analistas y autoridades advierten que, si la economía se desacelera o la recaudación cae por debajo de lo previsto, podría haber presión para aplicar ajustes adicionales en tarifas y peajes por encima del 4% proyectado.
Además, aunque el tráfico en puentes y túneles ya está en niveles similares o superiores a los de antes de la pandemia, el número de pasajeros del metro y trenes aún se proyecta que alcance cerca del 80% de los niveles prepandemia hacia 2027, según estimaciones citadas por la propia MTA. Eso significa que el sistema todavía depende en buena medida de subsidios y nuevas fuentes de ingreso, como los impuestos dedicados y los futuros ingresos por programas como el congestion pricing en Manhattan.
Para la comunidad hispana que vive en vecindarios como Jackson Heights, Washington Heights, Sunset Park o el sur del Bronx, donde el transporte público es la única opción realista para moverse, cualquier cambio en la tarifa no solo es un dato técnico del presupuesto estatal: se traduce en centavos más cada vez que se pasa el OMNY o se hace mercado o visita a la familia al otro lado del río. Por eso, aunque hoy solo estemos ante proyecciones, vale la pena seguir de cerca las próximas reuniones de la Junta de la MTA y las audiencias públicas, espacios donde los usuarios —incluida la comunidad latina— pueden expresar sus preocupaciones sobre el impacto de estos incrementos periódicos.

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