Aldo Corzo y el manual del perfecto mundialista

“Ha vivido dos años de saludable evolución. Ha mejorado en la marca, en su estado físico y hasta da la impresión de que se ha hecho más veloz”

“Ha vivido dos años de saludable evolución. Ha mejorado en la marca, en su estado físico y hasta da la impresión de que se ha hecho más veloz”

“Ha vivido dos años de saludable evolución. Ha mejorado en la marca, en su estado físico y hasta da la impresión de que se ha hecho más veloz”. (Foto: EFE)

Fue uno de los primeros en tomarse la foto para ser una figurita de álbum. Aldo Corzo aparece en la segunda fila en esa página 30-31 (cromo número 224) de la colección oficial de Panini para Rusia 2018. El día que le hicieron el inmortal retrato, Corzo actualizó todas sus redes sociales para registrar el momento. Pocos como él dejan atrás el pudor para gritar que siempre quieren estar. Fuera y dentro del campo, este defensor no necesita una pancarta para que todos sepamos que se muere por ir a Rusia 2018. Gareca ya lo adoptó como uno de sus hijos predilectos y él, como esforzado lateral, se ha ganado un lugar a la derecha del ‘padre’.


Sin recurrir al escándalo mediático ni a la bulla innecesaria de un Facebook o Instagram, Aldo Corzo está señalando el camino que todo futbolista peruano debe seguir si quiere jugar algún día una Copa del Mundo. Comenzó con dos indispensables mandamientos: competir consigo mismo todos los días y hacer del compromiso con la selección su bandera.


Corzo ha vivido dos años en saludable evolución. Ha mejorado en la marca, en su estado físico y hasta da la impresión de que se ha hecho más veloz. Desde que se consolidó como titular en Perú (Copa América Centenario del 2016), el jugador de Universitario no ha dejado de dar señales de avance. Durante las Eliminatorias, salvo algunos minutos ante Nueva Zelanda en Wellington, no se le recuerda un partido malo. Si había que perseguir a Neymar o a Alexis Sánchez, allí aparecía con convicción militar Aldo Corzo. Y si había que poner la cara para clasificarnos al repechaje, no dudó una milésima en inmolarse.


Con inteligencia y madurez, Aldo Corzo entendió que un mundialista se juega el puesto en cada partido con su club. Pocos entrenadores como Ricardo Gareca son tan devotos de la actividad futbolística para decidir un llamado. Y el lateral crema no solo siempre juega –salvo en el arranque de temporada por una lesión en una zona corporal que reafirma su valentía–, sino que también hace la diferencia. Ante Sporting Cristal, su ficha decía que era lateral por derecha. Lo que vimos en el campo de juego fue a un todocampista. Corzo estaba en todas partes, lo hacía todo y lo hacía bien. Es el goleador de la ‘U’ siendo defensa. Esta temporada solo le falta tapar.


Está en actividad permanente, juega en nivel parejo todas las fechas y está comprometido. Lejos de cualquier indisciplina y de cualquier rebeldía innecesaria, Aldo Corzo no reclamó el día que Luis Advíncula le ganó el puesto. Todo lo contrario, apenas se selló la clasificación salió corriendo del banco para celebrar con su compañero-rival. Si quieren saber cómo llegar a un Mundial, pregúntenle a él. Aldo Corzo es el jugador que se juega una Copa del Mundo todos los días. Verlo entregarse como debutante en el fútbol peruano es tener un pedacito de Rusia 2018 cada fin de semana.

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