"El triunfo de la clase obrera" | OPINIÓN

Cada movimiento encadena otros para generar un engranaje perfecto para reducir espacios al rival, para asfixiar las ideas del contrario

"El triunfo de la clase obrera" | OPINIÓN. (Foto: AFP)

"El triunfo de la clase obrera" | OPINIÓN. (Foto: AFP)

Más pragmática que brillante, la selección francesa de Deschamps es la reivindicación de la clase obrera, es el triunfo del trabajo colectivo que se potencia con la inspiración individual, no al revés. Sus piezas se mueven como un todo, no caminan cada una por intuición propia –salvo en los últimos tres cuartos de cancha–, cada movimiento encadena otros para generar un engranaje perfecto para reducir espacios al rival, para asfixiar las ideas del contrario. El orden impera y ese afán por priorizar esos mecanismos de defensa hace que la posesión del balón no sea vital (tuvo el 40% ante Bélgica), solo lo necesita para hacer daño, para verticalizar su juego con velocidad y sin escalas previas rumbo al arco contrario. Ese método le ha resultado bien en Rusia. No tiene derrotas y apenas sufrió cuatro goles en seis partidos. Y ya está en la final.

Pero en todo este conjunto de esfuerzos donde el equipo es el verdadero protagonista, hay uno que es indispensable para equilibrio absoluto de los ‘Bleus’: N’Golo Kanté. Su metro 68 no le impide ganar en el mano a mano a rivales que lo superan por tres o cuatro cabezas. Es omnipresente, incansable, un recolector de balones difícil de clonar. Corre como ninguno –62,7 kilómetros hasta el momento–, recupera como el mejor –58 balones– y su nivel de acierto en la entrega es extraordinario –317 pases buenos de 351 ejecutados, el 90%–. Él permite la armonía gala, es el filtro de seguridad para que los Pogba, Griezmann o Mbappé se arriesguen a romper la monotonía establecida.

“El 71% de la tierra está cubierta por agua. El resto está cubierto por Kanté”, bromeó hace un tiempo Marcel Desailly, el campeón mundial con Francia en 1998. Más reciente fue el elogio del inglés Gary Linker tras el duelo ante Australia: “Está bien ver a los dos Kanté jugar tan bien”. Ese don de la ubicuidad le permite al volante de 27 años llegar a todos los cruces y salir ileso, con el balón dominado y dispuesto a servirlo al compañero correcto y en el momento justo. Sin utilizar una fuerza desmedida. Lo suyo es pura maña. Si no me cree, vea las estadísticas de la FIFA: ¡solo cometió ocho faltas y tiene una amarilla en todo el Mundial!

Aunque en el campo es una fiera físicamente superdotada y no escatima esfuerzos, lejos del césped su agresividad es controlada por una personalidad introvertida y la economización de las palabras. Así es Kanté, el símbolo de esta nueva Francia obrera que reivindica al trabajador que se gana el sueldo realmente corriendo la cancha. Por ello no extraña que en el estacionamiento del Chelsea su auto sea el menos lujoso o que no vista ropa de diseñadores. Equilibrio es la palabra que mejor lo define como futbolista y como persona.

DT Mundialistas

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