“Se llama Paolo y también es guerrero” [OPINIÓN]

“Para los que cuestionaron sus convocatorias hay que pasarles un compacto con sus minutos en el campo en ese tramo final de la selección antes de sellar el pase a Rusia”

“Para los que cuestionaron sus convocatorias hay que pasarles un compacto con sus minutos en el campo en ese tramo final de la selección antes de sellar el pase a Rusia”

“Para los que cuestionaron sus convocatorias hay que pasarles un compacto con sus minutos en el campo en ese tramo final de la selección antes de sellar el pase a Rusia”. (Foto: AFP)

Cada vez que el comando técnico de la selección peruana manda a calentar a sus suplentes mientras se juega un partido importante, Paolo Hurtado se transforma en una suerte de toro salvaje al que en cualquier momento le abrirán los portones del campo para que entre al ruedo. Bajo las órdenes de Néstor Bonillo o de Adrián Vacarini, el otro preparador físico de la Blanquirroja, el hombre del Vitoria Guimaraes avisa con entusiasmo e intensidad que su ingreso a la cancha no será solo una estadística para llenar la ficha de las noticias deportivas. Es el suplente con garantía, el que influye en un marcador al final del encuentro. Se llama Paolo y también es guerrero.


“A veces nos olvidamos que solo van 23 jugadores al Mundial”, me respondió Juan Carlos Oblitas la semana pasada. Y en ese grupo selecto donde uno solo escribe como nombres fijos a Paolo Guerrero o Jefferson Farfán, también podríamos sumar a un futbolista que se está ganando en la cancha la etiqueta de indiscutible para Ricardo Gareca. Es Paolo Hurtado, el ex Alianza Lima no es titular fijo, pero es un importante banco con crédito.


Mientras nos preocupamos por la falta de continuidad de algunos de los futbolistas que consiguieron el pase al Mundial de Rusia, Hurtado en silencio acumula partidos completos con estadísticas alentadoras. En esta temporada 2017-2018 tiene cuatro goles y cinco asistencias en la Liga Portuguesa, sin contar que sumó dos tantos y una asistencia tanto en la Europa League como en la Copa de Portugal. Sin duda, ha encontrado la victoria en Guimaraes.


Paolo Hurtado, además, ingresa a ese grupo de jugadores con poca prensa y con un perfil bajo saludable. Sus intervenciones en Twitter o Facebook solo son para compartir material futbolístico y sus historias en Instagram son resúmenes de partidos en los que participa. Es difícil que en sus redes sociales encontremos videos de vacaciones lujosas, de la última cena que tuvo o si está pasándola bien en la playa. Esa vitamina para la vanidad virtual no alimenta ningún interés en la Videna de San Luis. A Gareca no le importa si fuiste a un concierto o si viajaste en un avión privado. En su agenda anota goles y minutos jugados.


Lejos del debate o de algún escándalo extrafutbolístico, este Paolo ha decidido responder a sus más críticos con los chimpunes bien puestos. Para los que cuestionaron sus convocatorias hay que pasarles un compacto con sus minutos en el campo en ese tramo final de la selección antes de sellar el pase a Rusia. Para los que le dijeron ‘pecho frío’, hay que mandarles un cuadro con la foto de su grito interminable después de anotarle a Ecuador en el Atahualpa de Quito.


Esa noche del 28 de marzo del 2017, Hurtado calentaba en la pista atlética del Estadio Nacional con la obsesión de quien quizá tenía su última oportunidad. Es exagerado decir que el partido ante Uruguay se volteó por él, lo que sí es sensato es reconocer que su presencia despejó muchos caminos en ataque. Puede jugar de extremo o de mediapunta. Tiene inteligencia, físico y gol. No será la crónica más leída del día, sus videos no son virales, pero cada fin de semana se ha convertido para Ricardo Gareca en la posibilidad infalible de poder saborear una buena noticia.


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