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Paolo Guerrero y otros grandes cracks que casi se quedan sin mundial (y la rompieron)

Un repaso a la historia de cuatro jugadores que llegaron a la Copa del Mundo con las justas y supieron hacer un torneo espectacular

Paolo Guerrero y otros cracks que casi se quedan sin mundial (y la rompieron)

Paolo Guerrero podrá estar en Rusia 2018. Acá una lista de otros jugadores que casi se pierden el Mundial, pero que llegaron para hacer historia.

Paolo Guerrero

A falta de dos semanas para el Mundial, un fallo judicial ha devuelto a Paolo Guerrero a las canchas. Apenas quedan 14 días para que el balón gire en Rusia y nuestra lista se ha completado. No es algo sin precedentes. Hay otros jugadores que apenas supieron que iban a la Copa del Mundo con una anticipación de días. Y fue ahí que la rompieron.

Garrincha (Suecia 58)

Tenía una pierna seis centímetros más corta que la otra, la columna con tantas curvas como las que había tenido que transitar en la vida, un hígado alcohólico y una gambeta heredada del diablo. En tiempos en que el Brasil post ‘Maracanazo’ había decidido hacer caso a la ciencia y las pruebas físicas eran la medida para saber si un jugador iba o no a un Mundial, un portento infame como él no podía ser admitido. ‘Mané’ casi se pierde Suecia 58 –el primero de los tres títulos mundiales de la era Pelé– porque no llegó a los 123 puntos mínimos que requería en un test psicofísico hecho con el expreso objetivo de obtener por primera vez la copa Jules Rimet. De hecho, obtuvo 38. Sus compañeros, que veían en el ángel de las piernas torcidas a la auténtica expresión del ‘jogo bonito’, se plantaron delante de los directivos con una rama de olivo en una mano y un arma en la otra: o va Garrincha o no va nadie. Jugó cuatro partidos en Suecia y no anotó. Pero en ese mundial de la época de la carreta donde asomaba la joven leyenda de Pelé, Garrincha jugó a ritmo de fórmula uno. Cuatro años después, fue el mejor de un Brasil bicampeón. Tuvo 14 hijos reconocidos de distintas esposas y amantes. Su madre era el balón.

Paolo Guerrero y otros cracks que casi se quedan sin mundial (y la rompieron)

Mané Garrincha casi no va a Suecia 1958. Sus compañeros sacaron cara por él para que vaya al Mundial.

Paolo Rossi (España 82)

Pablito, le decían. Y en 1978 ocultaba, tras su apariencia de niño, la puntería y oportunismo de un sicario de la mafia italiana. Un año después, en diciembre de 1979, esa mafia le ordenó matar el fútbol y arreglar el resultado de un 2-2 entre el Vicenza y el Avellino para recibir tres millones de liras. El crimen lo pagó con una sanción de tres años que no lo iba a dejar llegar a España 82. Pero hasta las historias de mafiosos pueden tener un final feliz. Su sanción fue reducida a dos temporadas y, con apenas tres encuentros sin goles tras su segunda vuelta a las canchas, fue al Mundial con más preguntas que respuestas. Era ya entonces un futbolista de 24 años sin esperanzas y con la misma cantidad de minutos en el campo que un jugador retirado que entretiene al público de vez en cuando. Sin él, Italia no tenía ataque y hacía del 'catenaccio' una virtud en época de vacas flacas. Clasificó segundo del grupo 1 con apenas dos goles a favor y dos en contra. Para la segunda fase, también en un grupo contra Brasil y Argentina, tuvo que esperar un encuentro en blanco para pasar a la historia. Fue ante el Brasil de Sócrates, Junior, Falcao y Zico que Pablito decidió volver a ser el asesino del área. Marcó tres goles y, en semifinales, hizo otros dos. En la final, ante Alemania, encaminó el 3-1 y se fue como goleador del torneo. Fue entonces que el hijo de la Toscana se redimió ante el mundo tras haber pasado por el infierno.

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Paolo Rossi volvió a la selección italiana tras una suspensión por amaño de partidos. Lo hizo en España 82 y fue el goleador. (AFP)

AFP

Andrés Iniesta (Sudáfrica 2010)

A pocos días del Mundial de Sudáfrica, Andrés Iniesta era un manojo de nervios. Y su muslo derecho parecía una pelota. No era la primera lesión que sufría en el cuerpo esa temporada. Tampoco en el alma. Apenas unos meses antes su amigo Dani Jarque había fallecido de un problema cardíaco luego de desvanecerse en el hotel donde concentraba con el Espanyol. El jugador era del cuadro rival del FC Barcelona, pero también era un compañero entrañable que el fútbol le había dejado. La psique y el cuerpo le jugaban malas pasadas a Andrés, el muchacho de Fuentealbilla que se había criado en ese fábrica de cracks llamada La Masía. Pasaba, incluso, una depresión salvaje. Acababa de salir sustituido en el amistoso ante Polonia, el último previo al debut, y fue sometido a una resonancia. Era la enésima lesión en ese muslo y el muslo derecho maldito tuvo que recuperarse como sea. Aún así se sentía inseguro. En sus peores pesadillas se lesionaba nuevamente y se perdía los demás partidos. Su fisioterapeuta, un hombre sabio, le dio un video motivacional de las grandes jugadas que había protagonizado y de los peores momentos que habían sufrido otros deportistas antes de triunfar. También le dio la orden de ver esos cuatro minutos cada noche, en lo que dure el Mundial, con el corazón en la mano. Mientras eso ocurría, España llegaba a la final. Y el muslo derecho de Andrés Iniesta se encargó de darle el título. Celebró quitándose la camiseta y mostrando debajo una dedicatoria al amigo caído. Porque ganar un Mundial en la peor temporada de tu vida no es nada. Lo es todo.

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Andrés Iniesta casi deja la selección española antes de Sudáfrica 2010 debido a una lesión. Él le dio el título a su equipo y se lo dedicó a su fallecido amigo Dani Jarque. (AP)

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Luis Suárez (Brasil 2014)

Treinta y cuatro días antes del Mundial, Luis Suárez era la imagen de la desesperanza. Tirado en el suelo de Anfield, había recibido una falta que no era peor a todo lo que había tenido que superar para sobrevivir. A un padre que lo abandonó, a un alcoholismo precoz, a su propia ira. Pero las consecuencias de aquella patada en el minuto 86 fueron devastadoras. El diagnóstico hablaba de meniscos rotos; y el mundo, de tragedia. Cuando apareció, la cuenta regresiva marcaba tres semanas para el Mundial. Entraba en un hospital de Montevideo y no era más que un fantasma con la pierna en alto. Porque las lágrimas y las lesiones, en el fútbol, lo convierten a uno en un despojo. Y si se quiere, si tus credenciales con muchas, puede que seas un ilustre despojo. Pero Luis Suárez también era conocido como el vampiro de Ámsterdam. Y los vampiros, se sabe, deben recibir un golpe mortal con una estaca de madera en el corazón para sobrevivir. Luis recibió apenas una patada y tiene el corazón fuerte. Y de la mano de Walter Ferreira, el kinesiólogo que batallaba contra el cáncer mientras se encargaba de recuperarlo, se recuperó lo suficiente como para perderse únicamente el primer partido del Mundial que Uruguay perdió contra Costa Rica. Luego, tras marcar dos goles a Inglaterra, abrazó a Ferreira. Suárez había vuelto y el mundo se rendía a él. Aunque no duraría mucho: contra Italia no marcó goles, solo fue acusado de imprimir sus dientes en el hombro de Giorgio Chielini.

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Luis Suárez logró jugar el Mundial con Uruguay pese a su lesión. Jugó un gran partido contra Inglaterra y celebró con el fisioterapeuta que lo ayudó a recuperarse. Ante Italia, mordió a Chiellini y todo se acabó. (AP)

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