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Manuel Eráusquin (ME): ¿Qué pasó con esa Argentina que, al menos algunos países de Latinoamérica, como el Perú, veían con mucho respeto a partir de intelectuales como Borges, Sábato, o músicos de rock como Charly García o Fito Páez, y que nos daban una sensación diferente de lo que era el argentino, al menos en el imaginario? ¿Qué ha pasado con esa Argentina que ahora está representada en Milei?
Manuel Eráusquin (ME): ¿Qué pasó con esa Argentina que, al menos algunos países de Latinoamérica, como el Perú, veían con mucho respeto a partir de intelectuales como Borges, Sábato, o músicos de rock como Charly García o Fito Páez, y que nos daban una sensación diferente de lo que era el argentino, al menos en el imaginario? ¿Qué ha pasado con esa Argentina que ahora está representada en Milei?
Andrés Malamud (AM): Mencionabas muy bien a la Argentina culta, sofisticada, la de los grandes pensadores y artistas, pero también tuvimos la otra, la Argentina de la subversión o terrorismo, de la dictadura y de la guerra con Malvinas. Y, por supuesto, siempre tuvimos, o por lo menos desde 1960 en adelante, la Argentina de la inflación.
Así que las 2 almas conviven en la Argentina y, con Alberto Vergara, que es un politólogo peruano con el que colaboramos, pensamos en Argentina como el reverso en el espejo de Perú. En el sentido, dice Alberto, de que en Perú la economía es sedentaria y la política nómade, y en Argentina es al revés: la política sedentaria, con presidentes que cada 4 años cambiaban desde 2003 en adelante, y la economía es la que no se quedaba quieta en ningún lugar.
En este momento, lo más importante de Milei a veces es lo que menos se dice: su profesión. Milei, además de ser un gran comunicador, un gran líder disruptivo y un maleducado, es un economista. Y esto demuestra que el principal problema de Argentina, cosa que pocos reconocen, es económico. Argentina no tiene un problema político, no tiene autoritarismo, no tiene violación masiva de los derechos humanos, no tiene terrorismo, no tiene guerra; tiene inflación.
El diagnóstico de Milei es la inflación; es por culpa de la emisión. Yo, que soy economista, lo entiendo: tengo este librito que es mi Biblia, que es la escuela austríaca, y con esto voy a resolverlo; y hace 2 años y medio que está tratando de demostrar que su Biblia tiene al Dios verdadero. La inflación en Argentina bajó y bajó mucho.
A ustedes les va a parecer que es insuficiente y tienen razón: bajó del 30 y tanto por ciento mensual al 1,7 mensual; estamos hoy en más del 30% anual, que para Argentina es mejor que 200 o 300% anual. Sin embargo, y quiero destacarlo, Milei forma parte de una familia internacional de presidentes considerados de extrema derecha, que tienen como característica el particularismo, y la mayor parte de esos presidentes, como Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría y, sobre todo, Trump en Estados Unidos, defienden a su nación, a su patria, por encima de todo y están en contra de la importación y de la inmigración. No quieren que entren bienes ni personas.
Y Milei es lo contrario: no es solamente un neoliberal; es mucho más que un neoliberal; es un liberal libertario anarcocapitalista que está a favor de la eliminación del Estado. Por supuesto que está cambiando, porque al mismo tiempo es un pragmático. Entonces, cuando Trump abre la puerta de la negociación por Malvinas, él se sube al barco y, por primera vez en su historia, en el discurso del que habló de Las Malvinas no dijo “viva la libertad”, sino “viva la patria”, cosa que nunca había hecho.

Francesco Tucci (FT): Andrés, justo en base a lo que nos has dicho ahora, quisiera preguntarte: ¿existe una diferencia marcada entre el Milei candidato a la presidencia y el Milei presidente? ¿Qué ha pasado? ¿Ha cambiado el discurso por un tema de pragmatismo? ¿Cuál es tu análisis?
Andrés Malamud (AM): Excelente pregunta. El discurso lo cambió poco. Lo que más cambió es lo que les comentaba recién: que por primera vez dijo “viva la patria”, una referencia particular, en vez de “viva la libertad”, que es una referencia universal. El resto, lo que cambió, fue su práctica. Su discurso se mantiene furibundamente anticomunista. Pero en campaña decía que no iba a comerciar con China y ahora comercia con China.
Tiene un justificativo: dice que se reunió con los chinos, los conoció y le parecieron personas que, mientras no lo molestasen, no molestaban, y con eso le alcanza. Pero también prometió que iba a hacer todo lo que hiciera Donald Trump: alineamiento irrestricto con los Estados Unidos. Cuando Donald Trump retira a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud, Milei retira a Argentina de la Organización Mundial de la Salud; pero cuando Trump retira a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, Milei no retira a Argentina de ese acuerdo, porque es una condición necesaria para firmar el Tratado de Comercio con la Unión Europea.
Y Milei quiere tratados de comercio; mientras que Trump saca a Estados Unidos de todos los tratados de comercio que puede, Milei trata de entrar en todos los tratados de comercio que puede. Así que, ¿qué hizo Milei? Se calló la boca; no dijo “nos quedamos”; no dijo nada y se quedó. ¿Qué es lo que cambió entonces en la campaña? En la actualidad, la práctica. El discurso se mantiene más o menos parecido, pero esconde la realidad, que es mucho más pragmática de lo que la admite.
"Perú posiblemente ha conseguido una mayor estabilidad, porque la presidenta Fujimori tiene una base en el Congreso que va a impedir la vacancia"
Manuel Eráusquin (ME): Andrés, refiriéndonos a Brasil, que ahora, dentro de poco, va a tener elecciones y está en una campaña electoral bastante ardua. Nos llama la atención lo siguiente: no se evidencia una renovación política. Tenemos ahora candidateando al hijo de Jair Bolsonaro, Flavio Bolsonaro, versus el actual presidente Lula da Silva, quien, además, es un octogenario. ¿Qué pasa con nuestras clases políticas, justamente a partir del ejemplo de Brasil, desde tu punto de vista?
Andrés Malamud (AM): La pregunta está planteada con foco en Brasil y está bien, porque nos sirve para comparar con Estados Unidos, donde no nos damos cuenta, pero sucede algo parecido: una alternancia entre octogenarios, porque Trump lo es y Biden lo era. Así que tenemos países en los cuales la renovación política se torna más dificultosa ahora, porque Barack Obama fue una gran renovación política y, cuando vemos a la distancia, George Bush hijo tenía los elementos que estás mencionando ahora: que la renovación de sangre por vía dinástica. Bush hijo fue presidente y era hijo de Bush padre, que también lo fue.
Flavio Bolsonaro Sigaras era presidente y es hijo de Jair Bolsonaro, que también lo fue. En el caso de Lula, fracasó la sucesión, porque intentó movilizar a Fernando Haddad, su gran ministro de Economía y de Hacienda, y perdió la elección contra Bolsonaro; y ahora no le daban los números y, por lo tanto, lo candidatea a gobernador del estado de San Pablo, donde quizás pierda también.
Es una gran figura sin carisma, mientras que Lula tiene un carisma que sobrevive a pesar de la edad. Pero si miramos a otros países en América Latina, observamos exactamente lo contrario. Si vamos a Colombia, de la Espriella es una súper novedad que sustituye a Petro, que era una recontra súper novedad: primer presidente de la izquierda de la historia de Colombia.
Así que, al mismo tiempo, observamos fenómenos opuestos. No hay un patrón general; que Brasil y Estados Unidos no hayan conseguido renovarse no significa que otros países no lo consigan. Y, por supuesto, está Perú, que es el caso de los presidentes más itinerantes del continente; ahora posiblemente hayan conseguido una mayor estabilidad, porque la presidenta Fujimori tiene una base en el Congreso que va a impedir la vacancia; pero, si no, no observamos ningún patrón común en todo el mundo. Hay casos de manutención de los viejos, el caso de renovación inesperada, uno atrás del otro. Chile, lo mismo.
En Chile tenemos a Kast, que era casi un outsider, un marginal de la derecha, y antes habíamos tenido a Gabriel Boric, y era lo más extremo que se podía encontrar a la izquierda y muy joven. Otra vez, Brasil es un caso; no es un modelo; pasa de todo en el continente y en el mundo.

Francesco Tucci (FT): Andrés, justo en el caso de Brasil, ¿qué ocurre en el PT? ¿No hay posibilidad de cambio generacional? Lula se identifica con el partido y viceversa; ¿cuál es tu opinión?
Andrés Malamud (AM): La respuesta que voy a dar me entristece, porque soy un politólogo. Los politólogos tenemos la deformación profesional de que nos gustan las instituciones, y las instituciones son mecanismos que duran, mecanismos o actores. Y en este caso observamos una dilución de los partidos políticos. Los partidos eran organizaciones colectivas que generaban responsabilización, como duraban en el tiempo.
Uno sabía que, si hacían algo mal, uno los podía castigar en la próxima elección; cuando los partidos se disuelven después de un mandato, uno no puede castigar, no puede responsabilizar, y lo que estamos observando es que la mayor parte de los partidos hoy son vehículos de liderazgo personales. El PT no lo era. El PT fue un gran partido, una gran organización colectiva, pero quedó de tal manera vinculada al carisma de Lula que es muy difícil que lo sobreviva; y es lo mismo que ocurrió con el partido de la socialdemocracia brasileña, de Fernando Henrique Cardoso, un gran partido que lideró la transición democrática y las reformas económicas en Brasil, y hoy prácticamente dejó de existir.
Fernando Henrique Cardoso ganó 2 elecciones presidenciales y en primera vuelta; Lula ya ganó 3, pero todas en segunda vuelta. Y esto es lo que les contaba: que es triste para un politólogo ver cómo los partidos se van diluyendo, y, si no hay una de 2 cosas —alto carisma por parte del líder o una alta identidad negativa, es decir, mucho odio para los de enfrente—, hoy no hay representación que valga en América Latina; casi todas las candidaturas ganadoras están basadas en estos 2 factores: un liderazgo carismático y una identificación negativa, que es algo que estudia otro politólogo peruano, Carlos Meléndez, que trabaja conmigo acá en Lisboa. Esas identidades partidarias negativas, anti-fujimorismo, anti-kirchnerismo en Argentina, anti-petismo en Brasil, movilizan más que las identidades positivas.
"La situación de la democracia norteamericana es preocupante, pero posiblemente, a partir de noviembre, lo sea menos"
Manuel Eráusquin (ME): Has tocado un tema bastante sensible y, además, has utilizado el concepto que nos interesa abordar en profundidad en esta entrevista, que es la institucionalidad, y lo quiero conectar con Trump. El presidente Trump ha demostrado una capacidad de respuesta muy violenta contra la institucionalidad. Y, si en Estados Unidos la institucionalidad empieza a flaquear, definitivamente otros actores de otros países lo van a ver como un ejemplo. ¿Cómo lo estás analizando en este momento?
Andrés Malamud (AM): Hay un estudio comparado entre Trump y cuatro presidentes parecidos o ejecutivos: Putin en Rusia, Erdogan en Turquía, Orbán en Hungría y Hugo Chávez en Venezuela. Y lo que se estudia es, durante sus primeros 12 meses de gobierno, cuántas decisiones autocratizadoras tomaron, cuántos decretos que violaban la ley.
Y Trump es el que más decretos emitió que producían autocratización, es decir, que eran antidemocráticos. Y hay el mismo estudio, lo que analiza es el impacto, la consecuencia. Y de esos 5 países que mencioné, Estados Unidos es el que tiene la democracia más resistente, el que menos se autocratizó. Porque esos intentos autocratizadores del presidente se encontraron con la resistencia del Congreso, de la Corte, de la Justicia en general, de los Estados.
Es una federación muy fuerte de Estados Unidos, de la opinión pública y de la prensa. Así que la situación de la democracia norteamericana es preocupante, pero posiblemente, a partir de noviembre, lo sea menos. Porque, si las encuestas tienen razón, Trump va a perder la Cámara de Diputados y quizás el Senado. Entonces, la elección para el mundo será: uno puede hacerse el loco y tratar de erosionar a la democracia, pero te vuelve. Trump no fue preso después del primer mandato; estuvo muy cerca; tuvo muchas causas.
Vamos a ver qué es lo que pasa después del segundo mandato, a pesar de que él armó una parafernalia jurídica para indultarse a sí mismo y a toda su familia. Pero si hay sanción para los autocratizadores, entonces el mal ejemplo será compensado por el buen ejemplo de una democracia que es más resistente que su presidente.

Francesco Tucci (FT): Entonces, Andrés, parece que este tema de la institucionalidad en Estados Unidos va encausándose en el gran debate de lo que es más importante, la agencia o estructura; y, en este contexto, quisiera preguntarte cómo se ubica la gran iniciativa de Trump, a la cual Perú ahora va a ingresar, que es el Escudo de las Américas.
Andrés Malamud (AM): Vamos a analizar primero el mecanismo y después el objetivo. ¿Por qué digo el mecanismo? Hay organizaciones colectivas que tienen consecuencias. La OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, tiene un artículo, el número 5, de ayuda colectiva, de defensa colectiva.
Si atacan a uno, atacan a todos. Ese artículo se activó una sola vez, cuando atacan las Torres Gemelas, y entonces toda la OTAN apoya a Estados Unidos en el ataque contra Afganistán. El Escudo de las Américas y casi cualquier otra organización que podamos encontrar similar no tiene una cláusula similar; así que no hay nada que obligue, nada.
Es un club de amigos; con lo que es el club de amigos genera corrientes comunicacionales e intercambios que son casi todos bilaterales. Y quiero destacar esto: que un país como Perú participe junto a un país como Argentina no genera ninguna obligación entre ellos. Las obligaciones son todas hacia el hub, hacia el centro, como una rueda de bicicleta.
Todos los rayos convergen hacia el centro y el centro está en Washington DC. Los demás simplemente participan; son la comparsa de los Estados Unidos para intentar bloquearle a China el acceso a las Américas. ¿Qué chances tiene? Respecto a lo comercial, ninguna, ni lo pretende, porque Estados Unidos sabe que los países de América Latina producen lo que China compra y que, sin ese mercado, a todos nos va a ir peor.
Y esto pasó durante la dictadura, cuando Estados Unidos boicotea la Unión Soviética; ya en los 70 y en los 80, los militares argentinos le siguieron vendiendo trigo a la Unión Soviética, aunque fueran comunistas, y Estados Unidos lo aceptó, porque esa es conexión vital: sin comercio exterior, los gobiernos se caen. ¿Dónde traza Estados Unidos la línea roja? Fundamentalmente en comunicaciones y en infraestructura que ellos llaman crítica: comunicaciones 5G, Huawei.
Estados Unidos dice: no contraten comunicaciones chinas, porque ellos nos espían, y entonces a nosotros no le vamos a pasar nuestra información a ustedes, y ustedes la comparten con los chinos. Y la otra es infraestructura crítica; y acá Perú es un caso clave, porque Estados Unidos llega tarde con Chancay; China ya entró. En el resto de los países todavía tiene chance. Panamá echó, a través de procedimientos judiciales, a las empresas de Hong Kong que estaban en la boca del Canal de Panamá.
México aumentó el 50% de los aranceles contra China. Argentina metió una cláusula para que empresas estatales chinas no puedan participar en la licitación de la hidrovía, que es el gran canal fluvial por donde salen las exportaciones agropecuarias argentinas. Así que Estados Unidos tiene mucha capacidad de influencia. El Escudo de las Américas es un paquetito para vender todo esto de manera prolija y para que, para cubrir a los países y darles un tono de dignidad.
Esto que es un alineamiento irrestricto con los Estados Unidos, pero lo que va a definir lo que hagan los países es la negociación individual de cada uno de ellos con los Estados Unidos. El resto es simplemente el paquetito arreglado para regalo, pero no es que adentro los bombones se hayan puesto de acuerdo para coordinar en sus movimientos entre las naciones.

Manuel Eráusquin (ME): Habrás mencionado el término “capacidad de influencia”, que sí, efectivamente Estados Unidos la tiene, pero también Estados Unidos atraviesa momentos de entrampamiento, justamente por este afán de tener esa influencia. Y me estoy refiriendo al conflicto de Medio Oriente; ¿qué ha pasado, desde tu mirada, con Trump en cuanto a sus cálculos con Irán?
Andrés Malamud (AM): Coincido; no sé si alguna vez tendrá condiciones psicológicas, aunque sea en el ámbito privado, para aceptarlo, pero el aumento de los precios del petróleo, derivado del cierre del Estrecho de Ormuz, genera inflación; la inflación genera alza de tasas; el alza de tasa genera inestabilidad, y la inflación genera insatisfacción doméstica. Así que Trump va a perder por la guerra que inició; él es su propia víctima. ¿Por qué comete el error? Es habitualmente lo que les sucede a todos los imperios: sobre-extensión. Comen siempre un poquito más y les va bien hasta que comen el poquito que les cae indigesto.
Francesco Tucci (FT): A ver, entonces, tanto Estados Unidos, en el caso del Estrecho de Ormuz, como Rusia en Ucrania, han ido en lo que podemos definir en inglés “overstretched”. Se han estirado demasiado con sus capacidades; pero, ¿por qué hubo, desde tu punto de vista, un error de cálculo tan grande?
Andrés Malamud (AM): La razón más simple para entenderlo se llama hubris: la arrogancia que da creerse muy grande y haber tenido mucho éxito. En el caso de Putin y de Trump, sin embargo, observamos que el mecanismo de la hubris fue lo opuesto. En el caso de Putin hubo un asesoramiento incorrecto. Porque los que lo rodeaban, su entorno de seguridad y defensa, pretendían lisonjearlo. “Psychofancy” se llama en inglés: es el halago permanente, la necesidad de decirle al líder lo que el líder quiere escuchar. Putin entra a Ucrania con mala información. Trump no; Trump recibió la información correcta y no le gustó. Se dice que Trump le pide al Pentágono, que son las fuerzas armadas de Estados Unidos, que le ofrezca planes de combate. El Pentágono le ofrece 2 y Trump elige el tercero.
Manuel Eráusquin (ME): Andrés, no quiero que se quede una pregunta que tiene que ver con las Malvinas. Martín Balza, quien fue jefe del Estado Mayor, recordando el tema de Malvinas, refirió que Galtieri y su gente realmente no estudiaron bien el tema, porque proponerle a Inglaterra una contienda bélica era un despropósito. Además, este sentimiento nacionalista reivindicatorio que surge, por ejemplo, en los mundiales, como en el último, donde los jugadores salen muy enardecidos, ¿cómo lo reflexionas?
Andrés Malamud (AM): Argentina reivindica la soberanía sobre las islas desde 1833, que sería cuando los británicos las toman. Siempre fue un reclamo diplomático. En 1982 se transformó en un reclamo militar. No fue tanto Galtieri el iniciador. En Argentina, las fuerzas armadas tienen 3 ramas: el ejército, la marina y la fuerza aérea; y la que impulsó la toma fue la marina, por 2 razones: primero, tenía un proyecto político; tenía el almirante Massera, que quería ser presidente; así que, para él, una causa popular era una buena plataforma; y, segundo, por la obsolescencia de su armamento.
Argentina tenía todavía un portaaviones y tenía aviones, aviación naval, con supersónicos, con misiles de alta, 5 misiles, pero de muy buena calidad, franceses. Así que la obsolescencia próxima del material y la necesidad de promover la candidatura del líder de la Marina llevaron a que la Marina le ofrezca a Galtieri la presidencia a cambio del apoyo del ejército en la toma de las Malvinas; pero ya había un sustrato argentino, un sustrato popular nacional.
Eso se mantuvo. Argentina es uno de los típicos países que tienen un irredentismo permanente. Irredentismo es el que tienen los países que perdieron territorio y consideran que tienen una herida que en algún momento tienen que limpiar: Serbia con Kosovo, por ejemplo; hay varios casos similares. En Argentina, desde la Constitución hasta las escuelas y los clubes de barrio, solo que están en el fogón de atrás. No está permanentemente en el discurso hasta que, de repente, la selección nacional, después de ganarle a Inglaterra, sale con esta bandera y entonces salta toda la emocionalidad; pero quiero destacar que no es una emocionalidad violenta.
No hay en Argentina nadie promoviendo la toma militar de las Malvinas, ni el presidente, ni la oposición, ni nadie. Los sectores populares, nadie; con la reivindicación sentida, pero pacífica. Y en este momento es tan popular que el presidente, que tiene gente que le hace encuestas, salió a reivindicar una causa en la que nunca creyó; y lo más divertido o patético en Argentina fue ver a muchos de los funcionarios del presidente, entre ellos su embajador en la Unión Europea, que siempre fueron anti-malvineros, que siempre dijeron: “No importan las Malvinas; las Malvinas nos hicieron mal.
Si fueran inglesas, sería mejor”. Trump usó las Malvinas para presionar a Gran Bretaña, no para favorecer a Argentina; y Milei usa las Malvinas en parte porque es una causa popular y en parte porque tiene que tapar la demora en la recuperación económica. Cada uno hace una utilización instrumental de las Malvinas. Acá no hay ninguna negociación seria, y la única posibilidad de que esto vuelva a estar sobre el tapete es que se divida la Unión.
El Reino Unido de Gran Bretaña vieron que ayer hubo una reunión de los 3 líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, que quieren dejar de ser miembros de la Unión del Reino Unido. Y, si esto es así, la fragmentación del Reino Unido podría llevar también la fragmentación de sus territorios de ultramar, porque ya no las llaman Colonia, pero no es el mérito de Argentina. En todo caso, el mérito de Argentina será la paciencia. Es Gran Bretaña que se disuelve por dentro y Trump que la aprieta desde afuera lo que puede generar un resultado diferente.

Francesco Tucci (FT): Andrés, quisiera preguntarte sobre el resultado electoral en Sajonia, Alemania. En general, en Europa tenemos una tendencia muy fuerte a favor de respaldo electoral a partidos de derecha o extrema derecha, como en este caso. Esta tendencia, según tu punto de vista, se está fortaleciendo. ¿Y por qué? ¿Cuáles son las causas principales?
Andrés Malamud (AM): Primero, la ineficacia de gestión y de comunicación de los sectores moderados que gobiernan, lo que Milei llamaría la casta: los que están son antipáticos, o porque se comportan de manera diferente al pueblo, o porque no ofrecieron resultados al pueblo. Y el segundo factor está vinculado con las causas de la derecha, fundamentalmente la inmigración.
No es la única. En casi todos lados hay una gran afinidad con el anticomunismo y con el antifeminismo; pero la inmigración es un tema central en Europa, y la inmigración, claro que está creciendo. Claro que algunos países alcanzan porcentajes altísimos, como el 20% en Alemania; pero la mayor parte de esos inmigrantes son europeos. Los musulmanes, que son los que más irritan, son minoría. La población musulmana en Francia roza el 10%, en Alemania el 7%, en Gran Bretaña el 6,5. En toda Europa, la inmigración musulmana está en el 6.
Crecen más, claro; vegetativamente tienen más hijos hasta que converjan. La tasa de convergencia es en 2 generaciones. Las mujeres musulmanas van a tener los mismos hijos que tienen las europeas nativas; pero, mientras tanto, genera ansiedad, sobre todo en sectores que los ven concentrados, se sienten presionados.
Ven mezquitas donde antes no las había y creen, muchas veces, en la teoría del gran reemplazo: que, como los europeos no se reproducen porque tienen muy pocos hijos y los que llegan se reproducen, pronto la mayor parte de Europa va a ser musulmana. Esto no es así; no hay proyección que lo asegure; pero que la angustia que esto genera, 6% de los musulmanes causó 44% de voto a la extrema derecha en un estado alemán.
Lo que estamos viendo es que la extrema derecha es mucho más importante como fenómeno que la inmigración musulmana y, sin embargo, en la tapa de los diarios estaba más la inmigración que la extrema derecha. Que la extrema derecha, y una cosita más para terminar, la extrema derecha siempre fue problemática porque perseguía minorías.
En este caso, además, lo es porque va a destruir el corazón de Europa. Europa tiene pocas políticas en las que están todos de acuerdo los 27. Una de ellas es la defensa de Ucrania. La extrema derecha alemana no solo quiere dejar de apoyar Ucrania, sino que quiere pedir que le devuelva el dinero invertido.
El resto tiene que ver el resto del acuerdo con el mercado común y, muchas veces, estos nacionalismos son precisamente restrictivos, particularistas, nacionalistas y, por lo tanto, pronto van a empezar a meterse también con el país de al lado; esto es muy grave para Europa, y acá no estoy tomando una posición. Si para esta gente Europa está mal, que la quieren destruir, está bien. Para ellos tiene sentido. Lo que sugiero es que no es política como usualmente no es “business as usual”: que gana la extrema derecha tiene consecuencias que van más allá de los países en los que ganan. Tiene consecuencias sobre la integración europea.

Manuel Eráusquin (ME): Andrés, antes de terminar, quería preguntarte, desde tu experiencia como politólogo, ¿cómo analizas que Keiko Fujimori haya ganado las elecciones, considerando que es hija de Alberto Fujimori?
Andrés Malamud (AM): Tuvo que lavarse en el Jordán durante años y perder 3 elecciones antes de llegar; fue precisamente el costo de ser la hija de un presidente que, al mismo tiempo, estabilizó el Perú y lo autocratizó. Tiene un legado positivo y un legado negativo. Ella tuvo que ir lavando el negativo hasta que el positivo quedara en la superficie, por comparación con la inestabilidad que se vivía en Perú en ese momento.
Ella gana cuando el Perú es inestable. Mientras el Perú era estable, no precisaban de una estabilizadora, y ella llega representando al centro moderado. En España, ella está acompañada por el PP, Partido Popular, Aznar y Rajoy, no por Vox de extrema derecha; pero, de a poco, se siente en un barrio en el cual la derecha moderada pierde en todos lados y, por lo tanto, sin ser ella miembro de la extrema derecha, termina entornada, termina abrazada por los partidos de extrema derecha que gobiernan todos los demás países de la región.
Yo no la veo derivando en esa dirección, salvo que la cuestión del crimen se ponga muy espesa; porque, en ese caso, sí, lo que caracteriza a la derecha de América Latina es la mano dura contra la criminalidad, contra el narcotráfico. Así como en Europa la derecha es anti-inmigración, en América Latina la derecha es anti-crimen. Y eso va a ser lo que defina el futuro de los partidos que gobiernan hoy en América Latina.
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