El periodista de la Australian Broadcasting Corporation Bill Birtles saludando con la mano cuando llega a Sidney después de salir de China por temor a ser arrestado. (AFP).
El periodista de la Australian Broadcasting Corporation Bill Birtles saludando con la mano cuando llega a Sidney después de salir de China por temor a ser arrestado. (AFP).
Redacción EC

Los dos últimos corresponsales de medios de que quedaban en fueron evacuados anoche por temor a que fueran detenidos arbitrariamente, en medio de tensiones diplomáticas entre ambos países y tras el reciente arresto de una periodista australiana en el país asiático, confirmaron este martes las autoridades australianas.

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El periodista Bill Birtles, corresponsal en Beijing de la cadena pública ABC, y Michael Smith, quien trabajaba en Shangái para el diario Australian Financial Review, habían sido interrogados por separado en las últimas 48 horas, por miembros de las fuerzas de seguridad del Ministerio del Interior chino.

Birtles había pasado cuatro días refugiado en la Embajada australiana de Pekín mientras que Smith buscó la protección del consulado australiano en Shangái, después de que las autoridades chinas visitaran sus viviendas por motivos “de seguridad nacional” cuyos detalles no fueron proporcionados.

La ministra australiana de Asuntos Exteriores, Marise Payne, confirmó que sus diplomáticos en Beijing y Shangái negociaron con las autoridades chinas para autorizaran el retorno de ambos periodistas a su país.

“Estos australianos se encuentran actualmente en Australia”, precisó Payne en un comunicado al referirse a esta situación que deja a su país sin corresponsales en China por primera vez desde 1970.

Según el Australian Financial Review, los periodistas están siendo investigados en China en conexión con la detención el mes pasado de la periodista chino-australiana Cheng Lei en el país asiático.

“China continúa intimidando y acosando a los periodistas extranjeros, incluyendo a los australianos, en lo que es el peor y más dramático momento en las relaciones de la prensa extranjera con China en casi 50 años”, dijo por su lado, el presidente de la Alianza Australiana de Medios y Entretenimiento (MEAA), Marcus Strom.

INTERROGATORIO CHINO

La saga comenzó el miércoles pasado cuando siete agentes de la Policía china acudieron al piso de Birtles en Beijing mientras éste celebraba una fiesta de despedida con sus amigos y colegas, ya que planeaba abandonar al día siguiente el país, según las recomendaciones de las autoridades australianas.

Los agentes chinos advirtieron a Birtle que no podría salir del país y le informaron de que lo contactarían al día siguiente para ser interrogado por un caso de “seguridad nacional”, sin dar más detalles.

Birtle, que fue llevado en un vehículo diplomático a la Embajada australiana en Beijing, fue interrogado por las autoridades chinas el domingo pasado en presencia del embajador australiano Graham Fletcher.

“Es muy decepcionante tener que salir bajo estas circunstancias, pero es un alivio estar de vuelta en un país con un verdadero estado de derecho”, dijo Birtles al llegar a Sídney, y calificó la experiencia como un “torbellino”.

Por su lado, el corresponsal del Australian Financial Review Michael Smith fue interrogado el lunes por la noche, después de haber sido acogido por el consulado de su país en Shangái.

Tras las negociaciones diplomáticas, los periodistas fueron evacuados a Sídney, en donde ambos están en cuarentena obligatoria por la COVID-19.

“La visita de anoche a mi casa fue una intimidación e innecesaria. Subraya la presión a la que están sometidos en estos momentos todos los periodistas extranjeros en China”, comentó Smith al diario para el que trabaja.

La ministra Payne recalcó que el Ejecutivo de Camberra sigue brindando ayuda consular a los ciudadanos detenidos en China, entre ellos Cheng Lei.

EL CASO DE CHENG LEI

Las autoridades chinas mantienen detenida a Cheng Lei, quien desde hace ocho años trabaja para el canal chino en inglés CGNT, en una vivienda vigilada cuya localización se desconoce, lo que les ha permitido aislarla y someterla a interrogatorios durante seis meses.

El caso de la periodista pone una vez más a prueba los lazos entre Australia con China, país que cuenta con un largo historial de detenciones de disidentes, algunas de ellas mientras residían en el extranjero, a los que más adelante les son imputados diferentes delitos.

Las relaciones entre China y Australia se han tensado desde que Camberra impulsó este año una investigación sobre la COVID-19, que se cree derivó en represalias comerciales del gigante asiático, mientras que las recientes leyes contra el espionaje y la interferencia en asuntos domésticos del país oceánico también han contribuido a enfurecer a Beijing.

Fuente: EFE

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