Personal médico traslada a un paciente con COVID-19 en Santiago de Chile. La imagen es del 12 junio. (Foto: AFP / MARTIN BERNETTI)
Personal médico traslada a un paciente con COVID-19 en Santiago de Chile. La imagen es del 12 junio. (Foto: AFP / MARTIN BERNETTI)

En tiempos de , incluso gobiernos democráticos han suspendido el derecho a la privacidad sobre la información personal para poder rastrear a las personas infectadas y a sus contactos. Siempre se dirá que esas son medidas temporales en tanto prevalezca el estado de emergencia, pero la historia indica que los gobiernos suelen ser renuentes a ceder esas nuevas prerrogativas una vez pasada la conmoción social que les dio origen.

Pero una cosa son medidas que podrían justificarse por el contexto en el que se adoptan, y otras medidas de impronta autoritaria que aprovechan la pandemia como pretexto. Ese es el caso, por ejemplo, del gobierno de Víctor Orban en Hungría. Aún antes de la pandemia la Comisión Europea había iniciado varios procesos en su contra por medidas de ese tipo (por ejemplo, ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por vulnerar la autonomía del poder judicial).

Ahora, con el pretexto de la pandemia, Orban empleó su mayoría en el Congreso para obtener poderes extraordinarios que le permiten legislar por decreto y suspender la vigencia de normas legales sin consultar con nadie. Además, se le concedió la prerrogativa de decidir cuándo cesan la situación de emergencia y, por ende, sus nuevos poderes. Lo cual es particularmente preocupante cuando se recuerda que la norma aprobada por el Congreso suspende todo proceso electoral y restringe la libertad de expresión.

En Israel, los ciudadanos se enteraron de que eran espiados mediante un programa secreto para obtener información privada a través de sus teléfonos, solo cuando el Primer Ministro Netanyahu autorizó a los servicios de seguridad a emplearlo para rastrear el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social. De otro lado, Netanyahu suspendió el funcionamiento de los juzgados cuando estaba por iniciarse un proceso judicial en su contra por tres cargos, uno por soborno y otros dos por intercambio de favores con propietarios de medios de comunicación.

El primer ministro de Israe, Benjamin Netanyahu. (Foto: Menahem Kahana vía AP)
El primer ministro de Israe, Benjamin Netanyahu. (Foto: Menahem Kahana vía AP)

En el caso del gobierno interino de Bolivia, las medidas autoritarias se iniciaron antes de la pandemia y continúan durante la misma. Por ejemplo, a pedido del ministro del interior cientos de políticos y ex funcionarios públicos vienen siendo juzgados por cargos tan disímiles como corrupción, terrorismo, fraude electoral y sedición. A su vez, el ministro de comunicación amenazó a periodistas nacionales y extranjeros con iniciar procesos en su contra, también por sedición. Todo lo cual ocurre en un contexto en el cual la permanencia en el cargo de dos terceras partes de los magistrados del poder judicial depende de una decisión discrecional del ministro de justicia.

Prueba del sometimiento de una parte del poder judicial al nuevo gobierno es el hecho de que, tras anunciarse la nominación del ex ministro Luis Arce como candidato presidencial del MAS (el partido de Evo Morales), en menos de 24 horas el gobierno interino anunciaba el inicio de una investigación judicial en su contra por corrupción.

El punto no es que, bajo gobiernos que dicen ser democráticos, no puedan aprobarse medidas excepcionales que suspendan ciertos derechos en situaciones de emergencia. Es más bien que, para evitar que estas sean objeto de manipulación política, ello debiera ocurrir bajo supervisión de un poder judicial independiente y con reglas claras que eviten su prolongación por tiempo indefinido. Condiciones que no se cumplen en esos y otros casos similares alrededor del mundo.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus COVID-19. Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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