Familias enteras que prefieren evitar hospitales por temor a ser separados de sus seres queridos y una población vulnerable que tiene el sinsabor del abandono social, además de una pérdida relativa de su autonomía. Las personas con discapacidad viven algunos de estos tantos casos que se encuentran en el espiral del silencio durante esta pandemia del .

Prefieren morir en casa. Siento que es una pesadilla”, escribió Isabel en su cuenta de Twitter luego de preguntarle a su padre sobre qué pasaría si él o su hermano con discapacidad se contagiaban de COVID-19.

Este y otros casos reflejan la desesperación de los familiares de personas con discapacidad. Casos que han sido advertidos por Carlos Ríos Espinosa, especialista en derechos de personas con discapacidad de Human Rights Watch, organización que viene realizando “documentación en varios países para que se respeten los derechos de las personas con discapacidad”.

Carlos Ríos Espinoza, especialista en derechos de personas con discapacidad de Human Rights Watch. (HRW)
Carlos Ríos Espinoza, especialista en derechos de personas con discapacidad de Human Rights Watch. (HRW)

El especialista conversó con El Comercio desde México para conocer más sobre cuáles son las mayores dificultades de las personas con discapacidad durante esta pandemia.

¿Cómo afecta el coronavirus en la salud emocional de las personas con discapacidad?

Existen muchos retos para las personas con discapacidad bajo este esquema de “Yo me quedo en casa”. Muchos de ellos requieren formas de apoyo personal donde el distanciamiento físico es difícil en actividades cotidianas como el aseo, por ejemplo. Otro aspecto es la recomendación de no acudir a hospitales si los síntomas no son graves, pero muchas personas con discapacidad pueden tener condiciones de salud preexistentes.

¿Quiénes son esas personas con discapacidad a quienes se les dificulta mantener un distanciamiento físico?

Por ejemplo, quienes tienen discapacidades físicas de carácter neurológico tienen comprometido el sistema respiratorio o inmunológico. Alguien con debilidad muscular producto de una secuela de polio que le impida tener una respiración fuerte, también lo es. El contagio por COVID-19 podría tener consecuencias mayores en estas personas. La pandemia está afectando a todos por igual, pero hay situaciones específicas. Otro ejemplo son las personas sordociegas que dependen completamente del contacto físico para comunicarse. Esto les genera un estrés suplementario.

Para Latinoamérica ya suponía un gran reto la desigualdad de oportunidades para personas con discapacidad antes del coronavirus, ahora con cierres de empresas y despidos masivos, ¿qué tan amenazada se encuentra esta población vulnerable?

Ya hay un alto porcentaje de personas con discapacidad desempleadas. La reapertura económica no debe discriminarlos, se les debe permitir el trabajo remoto, por ejemplo. Sería necesario también que se les incluya en el sector público. Frente a los planes de reactivación económica y a la crisis económica que viene, es importante incluirlos.

¿Qué políticas de inclusión funcionarían de manera eficaz en Latinoamérica?

Para la reactivación económica, establecer planes que incluyan apartados específicos para permitir que personas con discapacidad ingresen al mercado laboral. Muchos países discuten cómo levantar las restricciones que tienen en vigor y sería importante que también se les incluya, además de cuidar que aquellos que están empleados no pierdan su trabajo.

Shobowale Kehinde, de 28 años, es un músico con discapacidad visual en Lagos, Nigeria que, a partir de la pandemia del coronavirus, ha dejado de tener un sustento económico. De pronto, las medidas de distanciamiento social lo golpearon "como una bomba", pues permanecer a 2 metros de distancia de personas y superficies, nunca será una opción para él. (REUTERS / Temilade Adelaja)
Shobowale Kehinde, de 28 años, es un músico con discapacidad visual en Lagos, Nigeria que, a partir de la pandemia del coronavirus, ha dejado de tener un sustento económico. De pronto, las medidas de distanciamiento social lo golpearon "como una bomba", pues permanecer a 2 metros de distancia de personas y superficies, nunca será una opción para él. (REUTERS / Temilade Adelaja)

¿Cuál es su opinión sobre la región respecto a políticas de inclusión antes y después del COVID-19?

Me parece que [el contexto actual del coronavirus] pone un freno importante en los esfuerzos de cambio que tenían lugar en toda América Latina, sobre todo el tema que preocupa a muchas organizaciones de discapacidad, que es la desinstitucionalización de las personas con discapacidad que ahora ha salido a relucir. Aquí es donde más fallecimientos han ocurrido, sería importante un enfoque ahí.

Se ha reportado en medios de comunicación las denuncias de varias personas con discapacidad respecto a la pérdida de su autonomía, pero en un contexto como este, es imposible el desconfinamiento, ¿qué es lo recomendable?

Al principio del confinamiento, en Perú, muchos planteaban que sus hijos con discapacidad estaban acostumbrados a ir a la escuela, a salir, a ver otras personas, y, bueno, el gobierno peruano implementó una facilidad para las personas con autismo. Esto gracias a que se establecieron excepciones a esta idea del confinamiento total. Uno de los principios fundamentales de cualquier política tiene que ser el no dañar ni tener medidas regresivas en materia de derecho. Cualquier plan de reapertura, cualquier plan de reactivación no debe dejar atrás a las personas con discapacidad, y no por enfoques paternalista. Esto no se trata sobre extender el confinamiento para ellos.

Usted ha propuesto en artículos que las personas con discapacidad necesitarían más que una terapia intensiva si se enferman de coronavirus, ¿a qué se refería?

En muchos países de Latinoamérica, cuando alguien con discapacidad llega a infectarse, este no desea ser llevado a UCI porque tiene miedo de que no lo vayan a entender. En México ocurrió un caso así, una persona tenía una discapacidad múltiple e intelectual, además de problemas de comunicación, y temía que lo separaran de su familia. Entonces prefirió enfrentar la situación en su casa y no en un hospital.

Y ante esa tendencia al rechazo de las personas con discapacidad hacia el sistema de salud que necesita aislarlos, ¿cuál es la propuesta?

Los países deben implementar los llamados ajustes razonables. Por ejemplo, admitir a una persona de apoyo personal que acompañe a la persona con discapacidad. Alguien que tiene una condición de autismo, si se le pone a cuidado de personas que no conoce, va a tener un daño psicoemocional que derivaría en condiciones muy delicadas.

¿A qué se refiere cuando habla de un ajuste razonable?

El ajuste razonable es una política hecha a la medida de la persona. En el caso del ejemplo que relato, sería permitir que esta persona sea acompañada por un familiar o alguien de confianza que pudiera apoyarla para no tener este sufrimiento emocional dentro de la UCI. La persona que acompaña a este individuo debe tener todas las medidas de protección a las que tiene un médico o un personal de salud.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus . Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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