Oriente MedioLa muerte del académico británico Jason Arday el viernes 14 ha generado una estela de preguntas, pero también de controversias que van desde el odio racial del que fue víctima hasta la inquietud sobre la veracidad de su legado intelectual.
La muerte del académico británico Jason Arday el viernes 14 ha generado una estela de preguntas, pero también de controversias que van desde el odio racial del que fue víctima hasta la inquietud sobre la veracidad de su legado intelectual.
El fallecimiento de Arday se produjo poco después de su renuncia al puesto de profesor que ocupaba en la Universidad de Cambridge tras haber sido acusado de plagio, incidente que se sumó a cuestionamientos sobre la credibilidad de su biografía, sobre la que se basaba parte importante de su reconocimiento.
Un nombramiento histórico
Jason Arday nació en el pequeño municipio londinense de Clapham en 1985, dentro de una familia de origen ghanés.
Su formación universitaria empezó en la Universidad de St. Mary’s de Twickenham, donde se licenció en educación física y ciencias del deporte, dedicándose en primera instancia a ser profesor en tal materia durante su primera etapa. Más adelante complementaría esos estudios con una maestría en educación y pedagogía.
Tras aquel periodo, Arday obtuvo en el 2015 un doctorado en educación por la Universidad de Liverpool John Moores y desde entonces ejerció una intensa carrera académica en el Reino Unido, que lo llevó a ser docente e investigador en varias casas de estudios superiores. No obstante, su gran salto se produjo al ser nombrado profesor de sociología de la educación en la Universidad de Cambridge en marzo del 2023.
La designación fue un hito, pues Jason Arday, por entonces de 38 años, se convirtió en el docente de raza negra más joven en la historia de la prestigiosa casa de estudios británica.
La flamante investidura universitaria no fue lo único llamativo por entonces, pues ella llegó acompañada de la difusión de un historial de vida sumamente interesante.

En presentaciones públicas y entrevistas Arday afirmaba haber sido diagnosticado de autismo y problemas de desarrollo durante su infancia, al punto de no haber sido capaz de hablar hasta los 11 años y no haber aprendido a leer y escribir hasta los 18.
El profesor de Cambridge también relataba un interesante pasado deportivo y haber emprendido diversas labores benéficas, basándose en la conciencia comunitaria que le despertó haber crecido en un barrio poco favorecido.
“Si tienes la voluntad, esta siempre superará a la habilidad”, relataba el profesor universitario al diario “The Guardian” meses después de su nombramiento.
La investigación de Arday se centró en la subrepresentación de las minorías raciales, la convergencia entre la neurodiversidad y la diversidad étnica, además de otras temáticas ligadas a la salud y bienestar mental desde la perspectiva racial.
La historia vital del docente fue vista como un paradigma de superación y de la capacidad de los integrantes de la comunidad afrodescendiente por insertarse en los círculos académicos británicos, históricamente asociados a la élite blanca.
Polémica e inconsistencias
Durante los años siguientes Jason Arday fue visto como una estrella del mundo académico y un rostro clave para las iniciativas de equidad que impulsaba la Universidad de Cambridge, participando en gran cantidad de foros académicos y sumando reconocimientos por sus investigaciones y proyectos caritativos.
Sin embargo, a mediados de este año comenzaron a aparecer diversos reportes que acusaban a Arday de plagio en su obra académica.

Un investigador llamado Nathan Cofnas publicó en mayo sus observaciones a la tesis doctoral que Arday registró en la Universidad de Liverpool John Moores, argumentando que dicho trabajo tenía notables coincidencias con uno de su propia autoría.
El caso llegó a la prensa británica a gran escala en junio, cuando el diario “The Times” realizó un análisis comparativo de la tesis doctoral de Arday, mostrando que había segmentos que estaban redactados de forma prácticamente igual a los de otros trabajos académicos.
Jason Arday se defendió indicando que “siempre había buscado actuar con integridad en su trabajo” y atribuyó el supuesto plagio a errores de citación y edición, mientras que la Universidad de Cambridge salió en defensa señalando que el catedrático y la casa de estudios eran víctimas de una “campaña vil para socavar su credibilidad”.
Pese a esto, a fines de julio “The Telegraph” dio cuenta de que más de un centenar de pasajes textuales de la tesis de Arday eran muy parecidos a los de otra proveniente de la Universidad Brunel de Londres, y en el período posterior aparecieron más cuestionamientos a otros artículos académicos del profesor de Cambridge.
Según dicho medio, ya había cuestionamientos desde el 2023, entre ellos un aviso de Dave Harris, profesor emérito de la Universidad de Plymouth Marjon, quien informó que el trabajo académico de Jason Arday tenía indicios importantes de plagio. Esta y otras alertas habrían sido omitidas por las universidades de Liverpool John Moores y Cambridge.
El mismo artículo de “The Telegraph” también detallaba discrepancias en las actividades benéficas del profesor, pues los montos de recaudación que Arday aseguró haber logrado no tenían respaldo en registros de donaciones. Asimismo, se encontró que varias universidades estaban modificando la información biográfica que tenían sobre el catedrático en sus sitios web.
Ante el surgimiento de más reportes de irregularidades, esta vez alrededor de los nombramientos que Arday afirmaba haber tenido como profesor visitante en centros de estudio del extranjero, la Universidad de Cambridge decidió iniciar una investigación formal a fines de julio.
Arday renunció a su cátedra de sociología y educación a inicios de agosto, señalando sentirse perseguido y que esto estaba teniendo un impacto sumamente negativo en su vida.
“Las implacables acusaciones, la especulación y los comentarios públicos han tenido un impacto profundo en mí y en las personas que amo. Convertirme en profesor de Cambridge fue algo que apenas podía imaginar como un niño autista, pero tengo claro que debo dar un paso al costado para permitir que la universidad siga con su trabajo”, declaró el investigador en un comunicado.
En medio de esas acusaciones, se publicó la autobiografía de Arday el martes 11 en Estados Unidos, pero un día más tarde “The Guardian” reveló que el relato vital de Arday también tendría inconsistencias relevantes.
El diario británico accedió al testimonio de dos compañeros de colegio del académico, quienes pusieron en duda la historia de que Arday era un niño sin capacidad verbal, señalando que en realidad era un chico muy conversador, al que le gustaba cantar y que incluso era “el bromista” de su clase.
Esta información fue contrastada con la de testigos proporcionados por Arday, entre los que se encontraban dos amigos de infancia y la madre de uno de estos últimos.
Severidad excesiva
Jason Arday fue encontrado sin vida en su residencia el viernes 14 y su deceso ha generado un acalorado debate en torno a su figura.
Organizaciones contra el racismo y académicos han reaccionado señalando que Arday fue una víctima del linchamiento mediático y que sufrió un escrutinio mucho mayor que otros académicos en polémicas similares a causa de su origen. A esto se sumó la fuerte viralización del caso y la confrontación que generó en las redes sociales.
Las críticas apuntaron a que muchos de los difusores más insistentes del caso en Internet estaban asociados a ideologías de derecha y también se cuestionó el rol de Nathan Cofnas en la difusión de caso, sindicándolo como un académico abiertamente racista.

Este último fue investigador de la facultad de filosofía de Cambridge hasta el 2024, cargo del que fue retirado tras cuestionar las políticas de equidad de la universidad. Medios como “The Atlantic” lo calificaron como “un racista profesional”, a causa de su interés por la raza y el coeficiente intelectual.
Simon Baron-Cohen, director del Centro de Investigación de Autismo de la Universidad de Cambridge, había señalado en los días previos a la muerte de Arday que el acoso que el profesor venía sufriendo podría tener graves consecuencias debido a la alta incidencia de intentos de suicidio que había entre la población autista adulta.
Diarios como “The Observer” han señalado que no se actuó con protocolos adecuados y que la historia debió abordarse como una simple auditoría académica sin llegar a convertirse en un escándalo mediático.
James Cleverley, exministro británico del Partido Conservador, mencionó este lunes 17 que el trasfondo racial de Arday podría haber sido un condicionante para la difusión del caso a una escala desproporcionada, pero aseguró que lo sucedido con Arday era evitable “si los académicos hubieran hecho revisiones rigurosas”.
Chris Smith, rector de la Universidad de Cambridge, afirmó que la institución seguirá investigando los presuntos casos de plagio, pero añadió que “no se sumará a la vorágine racista contra un académico”.
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