
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Quienes tenemos una idea de la relevancia de los océanos para nuestra subsistencia como especie, sabemos que la exploración de los mismos es aún sorprendentemente limitada. Las estadísticas más citadas por la comunidad científica señalan que apenas se ha explorado un 5% del océano, de la columna de agua y el fondo marino. Esta cifra es impactante considerando que los océanos cubren más del 70% de la superficie del planeta.
Quienes tenemos una idea de la relevancia de los océanos para nuestra subsistencia como especie, sabemos que la exploración de los mismos es aún sorprendentemente limitada. Las estadísticas más citadas por la comunidad científica señalan que apenas se ha explorado un 5% del océano, de la columna de agua y el fondo marino. Esta cifra es impactante considerando que los océanos cubren más del 70% de la superficie del planeta.
En el contexto actual de la intensificación de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y sumado a que esta última controla el 60% de la minería total de las tierras raras, un aplastante 90% de su procesamiento y de la cadena de suministros, demuestra una influencia significativa sobre las industrias tecnológicas mundiales. Más aún, si consideramos que el futuro de la supremacía tecnológica y económica dependerá del acceso a minerales raros y metales críticos que abundan en el fondo marino, tales como cobalto, níquel, manganeso y tierras raras, todos ellos elementos cruciales para la transición energética, la revolución digital y el armamento del planeta; podríamos estar indudablemente ante una consolidación hegemónica por parte de China. Demostrándose peligrosamente cómo China usaría ese control como arma geopolítica, evidenciando así la vulnerabilidad crítica de Occidente.
Ante una posible amenaza de dominación china, la respuesta de Washington no se ha hecho esperar. En abril Trump firmó una polémica orden ejecutiva por la que su país entrará en la minería marítima a gran escala, no solo en sus propias aguas, sino también en territorio internacional. La polémica se desató porque se hizo ignorando lo establecido por la Autoridad Internacional sobre los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés), institución con sede en Jamaica y establecida por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM), cuyo Tratado sobre el Derecho del Mar -ratificado por 169 Estados miembros- sirve para solicitar licencias de exploración y extracción de recursos minerales del fondo marino y contribuir al desarrollo de la normativa industrial en el marco de la CNUDM. Sin embargo, y a pesar de los repetidos intentos, el Senado norteamericano, nunca ratificó la CNUDM, por lo que Estados Unidos no puede obtener dichas licencias como Estado. Es precisamente en este ámbito que Beijing está implementando una estrategia de poder blando e influencia normativa para dar forma al marco regulatorio global a dicho Tratado sobre el Derecho del Mar, evidenciando la aplicación del característico enfoque chino hacia la gobernanza global.
La dimensión geopolítica de esta iniciativa se vuelve incuestionable cuando se analiza el contexto global. Y es que, ante la necesidad de Beijing de reducir su dependencia en recursos terrestres, ubicados en regiones geopolíticamente inestables, los fondos marinos le representan una alternativa más segura y menos conflictiva, pero sin duda generan nuevos tipos de disputas relacionadas con la jurisdicción marítima y los derechos de extracción.
Entra aquí la relevancia geopolítica de la Fosa de las Marianas -la zona más profunda de los océanos de la tierra-, que junto con otros fondos marinos profundos alberga depósitos masivos de estos minerales estratégicos. China ha posicionado sus capacidades tecnológicas para acceder a estos recursos, desarrollando sumergibles de última generación capaces de operar a profundidades extremas construyendo así una infraestructura tanto tecnológica como legal que le permita liderar esta nueva frontera económica. Mientras tanto, otras potencias como Estados Unidos se encuentran en una posición reactiva, tratando de desarrollar sus propias capacidades de minería profunda con muchos años y tecnología en desventaja.
La exploración china de la Fosa de las Marianas, culminada con el exitoso descenso del sumergible tripulado “Fendouzhe” a 10,909 metros de profundidad en noviembre del 2020, representa mucho más que un logro tecnológico. Esta hazaña marca el inicio de una nueva era geopolítica en la que el control de los fondos marinos se convertirá en un factor determinante para el equilibrio de poder global y la seguridad económica de las naciones.
Con todo esto avanzando a silenciosos pero agigantados pasos, no podemos olvidar la perspectiva medioambiental. De acuerdo a muchas instituciones ambientalistas, opiniones a las que nos sumamos desde esta columna, la minería en aguas profundas plantea desafíos únicos que podrían influir en las relaciones internacionales. Los ecosistemas de aguas profundas son extremadamente frágiles, poco estudiados y comprendidos hasta ahora, y su alteración podría tener consecuencias impredecibles e irreversibles para los océanos, y por lo tanto para la subsistencia del planeta y nuestra especie. No podemos dejar de lado el hecho de que China ya está posicionándose como líder en la elaboración de regulaciones internacionales para la minería marina, lo que le permitiría influir en las normas que regirán esta industria emergente. Pensemos entonces, ¿a quién favorece realmente este nuevo escenario de batalla por la conquista de las profundidades del mar?
¿No estamos actuando más rápido de lo que entendemos y por las razones desatinadas?
(*) Irma Montes Patiño es licenciada en Relaciones Internacionales de la George Washington University













