

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La NASA anunció este miércoles 17 el descubrimiento del cráter de formación reciente más grande del sistema solar en la Luna. La agencia espacial de Estados Unidos señala que el origen del gran agujero se remontaría a una fecha situada entre el 11 de abril y el 22 de mayo del 2024 tras el impacto de un meteorito o cometa con un tamaño similar al de un edificio de entre tres y seis pisos.
La NASA anunció este miércoles 17 el descubrimiento del cráter de formación reciente más grande del sistema solar en la Luna. La agencia espacial de Estados Unidos señala que el origen del gran agujero se remontaría a una fecha situada entre el 11 de abril y el 22 de mayo del 2024 tras el impacto de un meteorito o cometa con un tamaño similar al de un edificio de entre tres y seis pisos.
El hallazgo se produjo de forma casual el 24 de octubre del 2025 cuando Robert Wagner, investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA, se encontraba llevando a cabo su habitual rutina de revisión de extensos mapas fotográficos de la superficie lunar.
Wagner cuenta que detectó un punto blanco de dimensiones inusuales en la región oriental de la Luna y que “dejó todo lo que estaba haciendo para investigar ese lugar”, descubriendo que se trataba de un cráter de 222 metros de diámetro y 43 metros de profundidad provocado por un cometa o un meteorito.

La investigación fue publicada también este 17 de setiembre en la revista científica Science Advances y el análisis determinó que se trata del cráter joven más grande que se ha hallado en nuestro sistema planetario hasta el momento, de acuerdo con los modelos actuales. Robert Wagner y los otros autores del trabajo señalan que eventos como el que generó el reciente agujero lunar se producen una vez cada 132 años en el satélite terrestre.
La NASA refiere que el cráter ha recibido el nombre oficial de McGetchin en honor a Tom McGetchin, destacado geólogo planetario y vulcanólogo considerado pionero en el estudio de la Luna bajo parámetros contemporáneos.
¿Cuántos cráteres caen sobre la Luna?
Según la NASA, la sonda LRO ha detectado por lo menos un millar de cráteres nuevos a lo largo de los 17 años que lleva orbitando la Luna y alrededor de 100.000 cambios en la superficie del satélite provocados de forma directa o indirecta por el impacto de objetos. La ausencia de atmósfera permite que estos cuerpos caigan sobre la superficie del satélite sin desintegrarse.
Se estima que cada año se producen 140 cráteres nuevos en la Luna —la mayoría de tamaño ínfimo— y los investigadores apuntan que los más pequeños que se pueden encontrar con las herramientas de LRO son como mínimo de nueve metros de ancho.
La agencia espacial señala que encontrar cráteres, tal como lo hizo Wagner, demanda un extenso trabajo manual ya que el software solo detecta cambios leves de iluminación o sombra, con falsas alarmas que se cuentan por centenares.

Aunque los meteoritos podrían ser una fuente de preocupación para el establecimiento de presencia humana prolongada en la Luna, su frecuencia era vista años atrás como una amenaza menor a la de los micrometeoroides, pequeños fragmentos de roca y polvo que podrían perforar las estructuras de las bases lunares.
En el 2023 un estudio de la Universidad de Columbia calculó que un centro de tamaño equivalente al de la Estación Espacial Internacional recibiría un máximo de 23.000 impactos de micrometeoritos al año de ubicarse en la región ecuatorial de la Luna, mientras que la cifra descendía a 15.000 si la base se encontraba en el polo sur del satélite.
Pese a ello, la investigación indicaba que estos pequeños cuerpos solo podrían ser un riesgo real si alcanzaban como mínimo unos 0,07 gramos, con solo el 0,0003% de los micrometeoroides alcanzando esa masa. Las estimaciones indicaban que un choque capaz de penetrar el blindaje de las paredes de los centros lunares podría producirse una vez cada 42 años.
El próximo gran desafío
La misión Artemis de la NASA se ha planteado como meta volver a llevar seres humanos a la Luna luego de varias décadas, pero tiene como otro de sus grandes objetivos el establecimiento de una base permanente en el cuerpo celeste, lo que sería un logro inédito en la historia humana.
El lugar elegido para la instalación es el Polo Sur lunar, sobre el que se ha concentrado parte importante de la investigación reciente de la entidad y se espera que este puesto de avanzada entre en funciones para el 2032.
El cronograma de la agencia espacial de EE. UU. tiene tres etapas básicas para estos fines:

Consiste en pruebas y las esperadas misiones de alunizaje junto a la exploración robótica del Polo Sur de la Luna, con la misión de comprender el entorno en el que se levantará la base y desarrollar la tecnología necesaria para ese fin. La NASA señala que con esto busca “reducir los riesgos para los astronautas”.

Supondrá el despliegue de la infraestructura básica que respaldará las operaciones a largo plazo en la Luna. Esto incluye la instalación de los primeros sistemas de energía, transporte de carga, equipos de comunicación y otras herramientas logísticas.

El momento de la construcción de la base y consolidación de los sistemas instalados en la etapa previa. En este mismo periodo se espera que los habitáculos estén listos y que los astronautas comiencen a ocuparlos por largos periodos para realizar investigación e ir ampliando progresivamente la capacidad del centro.
El momento de la construcción de la base y consolidación de los sistemas instalados es la etapa previa. En este mismo período se espera que los habitáculos estén listos y que los astronautas comiencen a ocuparlos por largos espacios de tiempo para realizar investigación e ir ampliando progresivamente la capacidad del centro.
Desde la perspectiva operativa, se ha comparado la futura base lunar con lo que sucede en la Estación Espacial Internacional (EEI) —situada en la órbita terrestre— en el sentido de que esta última mantiene una ocupación humana permanente y cubre sus recursos con un suministro constante desde la Tierra.
Para Octavio Chon Torres, presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología e investigador de la Universidad de Lima, ese paralelismo es un marco de referencia útil, aunque de una forma limitada debido a que la diferencia de distancias supone un desafío exponencialmente mayor para cubrir las necesidades de un enclave humano permanente en la Luna.
“Hay que tener en cuenta que la Estación Espacial Internacional está a 400 kilómetros de altitud, que es una comparación abismal con la distancia a la que está la Luna, de unos 400.000 kilómetros. Hablamos de repuestos, abastecimiento y ante una emergencia no es lo mismo que en la EEI, donde si sucede algo hay misiones para extraer a los astronautas y llevarlos de vuelta a la Tierra, pero en el caso de la Luna no sería tan sencillo por el mismo factor logístico”, explica el especialista.

Chon Torres apunta que hay más diferencias importantes como que la EEI tiene mayor protección contra la radiación espacial gracias al campo magnético terrestre, algo que no sucede en la Luna a causa de su lejanía.
Asimismo, el docente universitario señala que está por verse qué consecuencias tendría la interacción de los astronautas con el polvo lunar y cómo este podría terminar afectando la infraestructura de la base en el satélite más allá de los estudios teóricos.
El proyecto estadounidense es particularmente ambicioso en escala y Carlos García-Galán, director ejecutivo del programa de base lunar de la NASA, señaló en mayo que su visión era la de un centro que se extendiera por un área de cientos de kilómetros del cuerpo celeste, resguardado por drones, los cuales servirían como delimitador final de la región ocupada.
Un centro de ese tamaño podría hacer pensar que las instalaciones lunares no tardarían en convertirse en auténticas colonias con una población considerable en un futuro no demasiado lejano y ya hay quienes afirman que esto es viable en un plazo relativamente corto.

Entre ellos se encuentra Elon Musk, uno de los contratistas más importantes del proyecto de EE.UU. con su empresa SpaceX, quien ha declarado que quiere construir una ciudad autosostenible sobre el satélite de la Tierra.
“SpaceX ya ha centrado su atención en la construcción de una ciudad autosostenible en la Luna, ya que potencialmente podemos lograrlo en menos de 10 años, mientras que en Marte se necesitarían más de 20 años”, dijo el empresario en febrero.
Pese a ello, Musk es conocido por sus afirmaciones grandilocuentes sobre la exploración espacial y los plazos que suele anunciar para sus planes por lo general son vistos como imposibles de cumplir en buena parte de los casos.
En opinión de Octavio Chon Torres, la creación de una colonia estable en la Luna es todavía más difícil que la de una base porque demandaría un nivel de sostenibilidad imposible de cumplir bajo los parámetros actuales.
“No estamos aún a un nivel tecnológico que permita que estas sean independientes de la Tierra”, refiere el investigador.

En la perspectiva de Chon Torres, problemas como garantizar el suministro de agua o generar agricultura en un entorno carente de atmósfera son difíciles de abordar en la Luna y cualquier colonia, por muy pequeña que fuera, seguiría teniendo dependencia total del abastecimiento terrestre en los términos esperables a lo largo de esta década.
Uno de los ejes más importantes de las investigaciones de la NASA y otras agencias espaciales como la de China se ha centrado en el manejo de los recursos hídricos, con mucha de la actividad exploratoria reciente orientada a encontrar depósitos de agua en la Luna.
Existe optimismo en este apartado porque la evidencia sugiere que habría aproximadamente 1.000 millones de toneladas de agua congelada en las regiones bajo sombra permanente de los polos lunares, pero un reciente estudio señala que estos recursos serían insuficientes para garantizar la presencia a largo plazo de una gran urbe sobre el satélite de la Tierra.
El trabajo en cuestión fue realizado por Martin Elvis y Jonathan McDowell, científicos de la Universidad de Harvard que concluyeron que la energía no es el principal obstáculo para establecer ciudades de gran escala, sino que el agua es el problema crítico.

Los investigadores señalan que aun implementando un sistema de reciclaje hídrico con un 98% de eficiencia —como el que tiene la EEI— en una ciudad lunar de un millón de habitantes, las pérdidas generadas por la actividad humana llevarían a que los 1.000 millones de toneladas de agua antes mencionados se agotaran en un siglo.
En el mismo informe, publicado el 13 de setiembre, se concluye que “este resultado excluye la habitabilidad humana de gran escala” que sitúan por encima de los 100.000 pobladores. Con esos parámetros, el rango óptimo de sostenibilidad sin preocupaciones de sitúa en alrededor de 1.000 habitantes.
Como posibles soluciones para atajar el problema los autores del trabajo plantean elevar la eficiencia del reciclaje de agua al 99,75%, reducir en consumo hídrico, buscar más fuentes de agua lunar o incluso importar agua de otros cuerpos celestes como asteroides.
La discusión ética
El control del espacio exterior sigue siendo un terreno nebuloso en términos jurídicos debido a que los acuerdos principales respecto a la materia tienen su origen en la segunda mitad del siglo XX, en tiempos de la Guerra Fría.
Documentos como el Tratado del Espacio Exterior (1967) y el Acuerdo de la Luna de (1979) definieron el espacio como patrimonio de la humanidad con un uso equitativo de sus recursos, a la vez que prohibieron que cualquier país ejerza soberanía sobre el satélite terrestre y otros cuerpos celestes.

El segundo tratado solo ha sido ratificado por 17 naciones y en la actualidad ninguna gran potencia aeroespacial participa de este. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ordenó en el 2020 rechazar cualquier compromiso vinculante con el Acuerdo de la Luna, argumentando que la explotación de los recursos espaciales es parte de la libertad de empresa.
En la actualidad hay consenso en que la legislación internacional ligada al espacio tiene vacíos importantes como el hecho de que solo estén vetadas las armas de destrucción a gran escala en órbita, pero no las convencionales.
Otros forados normativos son la distinción entre aquello que se considera de uso militar y de uso pacífico o la posibilidad de que los instrumentos de investigación tengan una función bélica velada. Los acuerdos tampoco establecen límites claros para la extracción de recursos extraterrestres.
Chon Torres recientemente abordó estas cuestiones como participante en un informe de la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y la Tecnología de la UNESCO y señala que la preocupación por la administración ética del espacio es genuina y relevante porque se puede producir “bajo una agenda política que responda a los intereses de la humanidad”.

“Basta con que un país con la suficiente tecnología y poder militar y económico imponga su palabra sobre los demás. Qué podrían hacer otros países para evitar ese escenario es un tema que preocupa y lleva a mucha reflexión”, comenta el especialista.
“El tema de la Luna tiene un gran potencial y es una oportunidad para ampliar el conocimiento y aprender a vivir fuera de la Tierra, pero también se puede prestar a decisiones que no son científicas y podrían responder a una agenda política. Hace poco hemos visto declaraciones acerca de la militarización del espacio y se supone que este debería usarse para fines pacíficos”, agrega el investigador.
El asunto al que hace referencia Chon Torres tuvo lugar a inicios de semana con la confirmación por parte de la Fuerza Espacial de Estados Unidos de que ha desplegado “armas de control espacial” en la órbita terrestre, medida que ha sido vista como un acto hostil por países como China y Rusia.
“Instamos a Estados Unidos a dejar de expandir sus capacidades militares y de prepararse para la guerra en el espacio ultraterrestre”, comentó un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino.

Más allá de este detalle, a juicio del doctor Chon, también implica la gestión de otros riesgos potenciales como la contaminación biológica, para la que tampoco hay mecanismos de responsabilidad con los que sancionar a estados o instituciones del sector privado.
“Hay mucho interés por la parte técnica, pero tarde o temprano el eje moral es el que dirige las acciones”, remata el presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología.
- Trump pierde la batalla por el voto por correo en el Tribunal Supremo, pero la guerra electoral continúa
- Alex Saab se declara culpable y entregará US$195 millones a EE.UU.: ¿cómo su acuerdo podría impactar en el caso de Maduro?
- EE.UU. reconoce escasez de municiones por la guerra con Irán: ¿qué pasaría si China abre otro frente?
- Entre Rusia y los extremistas de AfD: las preocupaciones de Alemania
VIDEO RECOMENDADO
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.













