RespuestasEn el día de su cumpleaños 71, el papa León XIV revocó los recortes salariales aplicados a religiosos y altos cargos de la Iglesia Católica hace cinco años. Dicha medida se introdujo durante el pontificado de Francisco como una política de austeridad para mitigar la afectación económica provocada por la pandemia del COVID-19.
En el día de su cumpleaños 71, el papa León XIV revocó los recortes salariales aplicados a religiosos y altos cargos de la Iglesia Católica hace cinco años. Dicha medida se introdujo durante el pontificado de Francisco como una política de austeridad para mitigar la afectación económica provocada por la pandemia del COVID-19.
El decreto fue publicado por el líder católico este lunes 14 y pone fin a una disposición que había sido una fuente de tensión con el alto clero y los trabajadores laicos de la Santa Sede.

Urgencia y descontento
En un ‘motu proprio’ firmado en marzo del 2021 y llamado “Un Futuro Sostenible”, el papa Francisco señaló que su decisión tenía en cuenta “el déficit que caracterizó la gestión económica de la Santa Sede por varios años” y que “los gastos del personal constituían una partida de gasto significativa del presupuesto”, que se había visto comprometido por las pérdidas generadas por la pandemia.
Se estima que por aquella época casi la mitad del presupuesto de la Santa Sede estaba dirigido al pago de una nómina que ponía en riesgo la sostenibilidad de sus finanzas.
Los recortes establecidos por la carta apostólica estaban destinados al personal y clérigos que dependían directamente de la administración vaticana.
Además de la curia y el gobierno del Estado del Vaticano, quedaron incluidos dentro de la medida el Vicariato de Roma y los cabildos de las principales basílicas papales. No obstante, se contemplaron como excepciones los trabajadores que tuvieran gastos fijos relacionados a problemas de salud, tanto los propios como los de familiares directos bajo su responsabilidad.

Todos los cardenales bajo el paraguas directo de la serie sufrieron una reducción de sueldo del 10%. Por su parte, los prefectos, algunos jefes de dicasterios, secretarios y directivos de organismos del Vaticano, cargos enmarcados en los niveles retributivos C y C1, tuvieron una disminución del 8%.
Los sacerdotes y miembros de los institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, comprendidos en los niveles C2 y C3, registraron una disminución salarial del 3%, la misma que tuvieron una decena de niveles “funcionales no directivos” de los organismos de la Santa Sede.
Por aquel entonces, el Vaticano enfrentaba un déficit proyectado de unos 60 millones de dólares, aunque se especulaba que la afectación podría haber sido incluso mayor, a lo que se sumaba un forado en su propio sistema de pensiones de varios cientos de millones de dólares.
Desde el 2020 la Santa Sede había registrado un retroceso de entre un 21% y 30% en sus ingresos, los cuales se habían visto gravemente afectados por el cierre de los museos vaticanos, la caída de los alquileres y otras gestiones de sus bienes inmobiliarios junto a un descenso en las donaciones a nivel global, todo ello generado en gran medida por la crisis económica que vino con la pandemia.

El Vaticano tiene alrededor de 4.000 empleados y según medios como ACI Prensa, en el 2024 el pago de sus salarios suponía un desembolso mensual de 11,5 millones de dólares.
Bajo el discurso de “una Iglesia pobre para los pobres” de inicios de su pontificado, Francisco haría más recortes a los sueldos de los cardenales en octubre del 2024, específicamente en los rubros de “gratificación por secretaría” e “indemnización de oficina”, que eran parte de la compensación mensual de los purpurados. Según la Curia romana, estos gastos se situaban entre los 500 y 600 dólares.
Un año antes, también había eliminado la libre disposición que tenían los cardenales y altos funcionarios del Vaticano sobre los inmuebles de la Santa Sede.
Los recortes fueron impopulares al interior de la administración de la Iglesia, con particularidades dentro de sus diferentes escalas salariales.
Según reportó la prensa europea, algunos sectores de la alta jerarquía sobre los que se enfocó parte importante de las disminuciones cuestionaron puertas adentro que el nuevo régimen reducía su capacidad para ejercer sus funciones.
Más pronunciado fue el malestar entre los trabajadores laicos y mandos religiosos medios, debido a que consideraban que las reducciones salariales los afectaban en una proporción considerablemente mayor que a la más alta jerarquía.

Una de las fuentes más importantes de incomodidad fue la suspensión de la acumulación de incrementos bienales de antigüedad que introdujo el ‘motu proprio’ del 2021. Si bien este último apartado no afectaba a los salarios más bajos, tuvo un impacto considerable entre los empleados a partir del cuarto nivel.
Varios de estos trabajadores consideraban que el congelamiento de los aumentos castigaba la meritocracia y dejaba en una situación delicada frente a un escenario económico complicado a los funcionarios residentes en Roma y a las familias del rango salarial bajo que dependían de esos ingresos. Estos reclamos argumentaban que las autoridades eclesiásticas habían dejado de lado la idea de “justa recompensa” bíblica.
“La congelación de las contrataciones (con la inevitable sobrecarga de trabajo de los empleados actuales), la suspensión de los ascensos y las promociones funcionales (a pesar del aumento de las responsabilidades laborales), la falta de pago de las horas extras , la compensación gratuita por las horas trabajadas en casa durante el confinamiento, lo que imposibilita el teletrabajo, y ahora la reducción de los aumentos salariales bienales por antigüedad, no hacen sino empeorar las condiciones laborales de los empleados del Vaticano”, indicaban los trabajadores de la Santa Sede en un comunicado publicado en mayo del 2021.
Otros cuestionamientos de los empleados señalaban que la Iglesia seguía pagando compensaciones sumamente altas a consultores externos y algunos ejecutivos, las cuales bordeaban los 29.000 dólares al mes en algunos casos.

“¿Cuánto más tendremos que sacrificar para cubrir un déficit presupuestario que, sin duda, no se debe a nuestras propias faltas?”, reclamaban los trabajadores.
La Iglesia trató de aliviar ese sentir con los recortes al alto clero del 2024, que se introdujeron como un gesto solidario. Maximino Caballero, prefecto de Economía de la Santa Sede, indicó que los purpurados debían dar una “demostración concreta de espíritu de servicio”.
Se estimó que esta compensación permitiría ahorrar alrededor de 210.000 dólares al año, considerándose más que nada un acto simbólico que siguió viéndose con escepticismo desde la Asociación de Trabajadores Laicos del Vaticano.
La situación siguió siendo difícil en los periodos posteriores a los ajustes del 2021, pues el balance del 2023 calculaba que el déficit presupuestario de la sede de la Iglesia bordeaba los 100 millones de dólares. Esos números mejorarían sustancialmente al año siguiente cuando se logró reducir ese margen negativo casi a la mitad, aunque persistía la preocupación entre los gestores de las arcas vaticanas por seguir en números rojos.
El papel de León
A mediados de junio del 2025, un mes después de su elección como pontífice, León XIV dio los primeros pasos para la restitución del marco salarial anterior a la pandemia mediante una resolución Rescriptum ex Audientia que derogaba el recorte del 3% a los trabajadores de las escalas C2 y C3 del Vaticano.

Finalmente, este 14 de setiembre el Papa publicó una Carta Apostólica que abrogó de forma definitiva el ‘motu proprio’ “Un Futuro Sostenible”.
Robert Prevost defendió la resolución de su antecesor, señalando que fue “necesaria para afrontar el desafío excepcional de la pandemia”, pero agregando que el panorama actual hacía que dichas medidas de austeridad ya no fueran necesarias.
“Las medidas de contención salarial (…) ahora pueden superarse, con la certeza de que las instituciones de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano continuarán, con diversos instrumentos, en su compromiso de garantizar la sostenibilidad económica”, señaló León XIV.
La normativa tiene vigencia desde el 1 de setiembre de este año, aunque sin carácter retroactivo.
La Secretaría de Economía de la Santa Sede mencionó en un informe que tiene como “objetivo a largo plazo la plena sostenibilidad”, pero que ha detectado una tendencia positiva que llevó a la decisión del papa de traer de vuelta el marco salarial anterior.
Los gestores económicos de la sede católica refieren que el incremento de las donaciones ha sido un factor crucial para esas proyecciones, sumándose a la recuperación progresiva de las visitas a los museos vaticanos y la gestión de otros activos de la Iglesia.
La agencia Associated Press y otros medios han destacado la reputación de León XIV como hombre versado en matemática y gestión económica al interior de la jerarquía católica como un factor relevante para ese crecimiento.

Este lunes 14 también se anunció que el papa daba marcha atrás en los planes de Francisco de llevar parte del archivo secreto del Vaticano fuera de la ciudad-Estado. El material será trasladado a un nuevo edificio que será levantado en los terrenos de un estacionamiento del pequeño país.
El papa señaló que tomo la decisión a causa del surgimiento de “oportunidades sin precedentes para crear nuevos espacios” dentro de la Ciudad del Vaticano.
Los sueldos de la Santa Sede
La ANSA, agencia de noticias italiana, reportaba el año pasado que un cardenal a cargo de un dicasterio de la Iglesia Católica recibía una remuneración aproximada de 5.200 dólares mensuales tras las medidas de austeridad y que cerca de 18 purpurados se encontraban en ese marco salarial. Otros informes periodísticos señalaban que el salario de los altos prelados podía alcanzar los 5.800 dólares con los recortes, con la agencia AFP reportando esta semana que podía haber topes de 6.500 dólares.
Un artículo de Vanity Fair Italia publicado el año pasado indicaba que el Vaticano tiene un tope salarial de unos 4.000 dólares para los obispos y que esos montos se pueden ver complementados con compensaciones adicionales si el religioso realiza más funciones para la Iglesia.
La misma información apuntaba que los salarios de los sacerdotes oscilaban entre los 1.100 y 1.400 dólares, cifra que podía verse incrementada de forma importante en función de sus responsabilidades. Una situación similar se producía con las religiosas.
Para los empleados laicos la situación era diversa y estaba marcada por el alcance de sus responsabilidades, pues sus compensaciones se situaban desde los 1.500 hasta los 3.500 dólares mensuales en promedio.
Desde el pontificado de Francisco el papa no tiene un salario fijo mensual como el resto de los prelados y empleados del Vaticano, pero la Santa Sede sigue cubriendo sus gastos institucionales y necesidades básicas.
Si bien el líder de la Iglesia Católica tiene la potestad de destinar según su criterio los fondos obtenidos con el Óbolo de San Pedro y otras donaciones, este dinero no es contado como un ingreso personal, siendo dedicado a la caridad.
Benedicto XVI fue el último papa en tener un salario, que era de 2.500 euros, equivalentes a unos 2.900 dólares mensuales.

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NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.



















