México: Cura ugandés, entre víctimas en fosa ilegal
México: Cura ugandés, entre víctimas en fosa ilegal

John Ssenyondo era un hombre querido. Evangelizaba en las comunidades mixtecas y desapareció el pasado 30 de abril. En diciembre hubiera cumplido 57 años. Nació un 25 de diciembre. Originario de Masaka, era miembro de la congregación Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús. 

Lo último que se supo de este hombre de ojos oscuros es que fue levantado, según testigos, por hombres armados después de oficiar una misa en la comunidad indígena mixteca de Santa Cruz, en Chilapa de Álvarez, Guerrero. 

Ante la falta de noticias, fueron los miembros de su propia comunidad religiosa los que salieron a buscarlo hasta encontrar dos fosas con 13 cuerpos el 29 de octubre pasado, seis meses después de su desaparición sin que hubiera dejado ninguna huella en el camino, por aquel rumbo que él conocía bien. 

Una de las víctimas encontradas en esa fosa clandestina era el sacerdote John Ssenyondo, indican peritos forenses. Su desaparición ya no es un enigma. 

SU HISTORIA
Llegó a en 2010. Antes de ser asignado a la iglesia de Nejapa, municipio de Chilapa, fue el encargado de la congregación en el poblado de Los Hoyos, en la Sierra en Tlacotepec. Ya había sido víctima de la delincuencia; el año pasado fue golpeado y maniatado en un cuarto de la iglesia donde vivía, robaron su auto y dinero en efectivo. 

En junio del presente año recibiría la incardinación por parte de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa; es decir, estaría ya vinculado de manera definitiva a la Diócesis en Guerrero, “ya no peregrinaría por este territorio como lo hacía constantemente evangelizando”, comenta a El Universal el padre Víctor Manuel Aguilar, vicario general de la Diócesis. 

Una testigo -que se mantendrá anónima por seguridad-, afirma que “él no quiso bautizar al hijo de una pareja que vivía en unión libre y pertenecía al crimen organizado, por eso lo secuestraron”. Esta versión comenzó a rondar con más fuerza entre otros testigos de la comunidad mixteca, pero nadie se atreve a afirmarlo de manera contundente. La gente teme por sí misma y los suyos. “Ante la prolongada ausencia del sacerdote, la iglesia comenzó a llenarse de fieles que rezaban por su aparición con vida”, relata el vicario. 

DESAPARICIÓN
La tarde del 30 de abril, alguien vio cómo hombres armados interceptaron al padre Ssenyondo en el camino, en el municipio de Chilapa, lo bajaron de su automóvil y se lo llevaron tierra adentro. Nadie pudo hacer nada, hasta que una mujer se identificó como “ahijada” del sacerdote desaparecido y presentó la denuncia en la Procuraduría General de Justicia del Estado. 

“En este mismo lugar, cerca de la iglesia de Nejapa, los feligreses comenzaron a buscarlo día, tarde y noche con linternas hasta encontrar dos fosas, y en ellas 13 cuerpos”, comenta Mario Alberto Aguirre Puente, coordinador del Semefo de , lugar donde escuchamos el comentario de que el misionero tuvo “la suerte” de que su odontóloga guardara su historial clínico y sus moldes dentales de yeso antes de que el sacerdote ugandés fuera levantado. 

Los cuerpos de las 13 personas estaban enterrados en dos fosas en un cerro de la comunidad indígena nahua de Ocotitlán, en la montaña baja de Guerrero. Se sospechó que uno de ellos -por el color oscuro de su piel- pudiera ser el sacerdote desaparecido. Los restos, envueltos en costales, fueron exhumados de la fosa clandestina por peritos del municipio de Chilapa y trasladados al Servicio Médico Forense de Chilpancingo. Sólo podrán dejar este lugar una vez que el Ministerio Público así lo determine y los familiares lo reclamen. 

Fue a través de las muestras dentales que guardó su doctora que peritos mexicanos lograron confirmar su identidad. Hoy, el cuerpo del clérigo permanece en el Semefo de Chilpancingo a la espera de que sus familiares den muestras de ADN para cerrar el caso junto con la embajada de Uganda. 

Un odontólogo clínico y otro forense fueron los que confrontaron los datos de las mandíbulas superior e inferior del religioso, “y ambos están de acuerdo en que los restos hallados en la fosa coinciden 99% con los del sacerdote John Ssenyondo, a quien la dentista clínica atendió en vida”, comenta Emilio Gregorio, odontólogo forense del Semefo de Chilpancingo, Guerrero. 

“Era un hombre tranquilo, amistoso, nada conflictivo. Estuvimos esperando alguna llamada telefónica durante largos días, pero nadie pidió rescate por él”, dice el vicario Aguilar. 

Tenía 126 amigos en Facebook. Su último comentario en el muro de esta red social fue el 6 de marzo. Escribió sobre la importancia de disciplinar el cuerpo y la conducta que debía tenerse durante la Semana Santa. Solía subir fotos de su andar como sacerdote por México. Hay varias en su muro. 

Alejo Zavala Castro, obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, ya había manifestado su preocupación por los casos de desaparición forzada, amenazas y extorsión hacia los sacerdotes de esta diócesis en particular. En una ocasión, durante una homilía dominical pidió: “Ya son 16 días, a quienes tengan al sacerdote John que lo regresen con bien, ya son muchos días y estamos muy preocupados. Él es un hombre de fe, pedimos a quien lo tenga que lo regrese”.